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Pulso Sindical 25 de mayo

1.- Diversas escenas nos son entregadas cada cierto tiempo por la televisión – además de medios hablados y escritos – en las que se muestra y se da cuenta como algunos benefactores llevan mercaderías a lugares de acopio, además de ropa y calzado con poco uso, para que sean entregados a aquellos que pasan por situaciones angustiosas producto de alguna tragedia, como los lncendios y aluviones, cuando no los llevan directamente.El grueso de los afectados por estás tragedias son allegados y viven en lugares no aptos para ello. Sin embargo, esos benefactores, unidos  a filántropos,  mecenas y autoridades en general, hacen poco o nada por solucionar de verdad el problema que aqueja a quienes reciben la caridad.
Llegamos a un nuevo derecho del que carecen millares de seres humanos. La vivienda.Toda familia que se forma debiera contar con un espacio digno donde vivir. Espacio con casas de material sólido y que les asegure privacidad aunque sean casas pareadas.Buen alcantarillado, acceso a agua y luz, áreas verdes, locomoción, calles y veredas con pavimento, entre otras cuestiones básicas.La vivienda, así como la educación y la salud, debiera ser una obligación del Estado con sus ciudadanos.Cada uno de los que aspire a casa propia debiera pagar un % pequeño de su sueldo mensualmente , hasta llegar a ser propietario del inmueble que no se puede enajenar, salvo que se herede a los hijos quienes tampoco podrían venderlo a un mayor precio que el que pagaron, si es que ya disponen de sus propias viviendas.Cierto es que todo lo anterior parece una utopía, como se califica también el derecho a salud y educación ¿pero no es acaso el tipo de utopía con la que esperamos dotar la nueva sociedad a la que aspiramos?
Nadie debiera tener como espacio para su vida un terreno baldío o un lugar donde cohabita en deplorables condiciones con otros seres humanos. Eso no es vida y como trabajadores debemos comenzar a mirar más allá de nuestro ombligo.
2.- La pandemia en curso ha dejado a la vista decenas de tomas en muchos lugares de nuestro país. Para quienes vivimos en una toma resulta doloroso pensar el día a día de quienes debieron llegar a estos espacios por carecer de una casa habitación.No basta entregarles una canasta de mercaderías y las cosas donadas por otros.Hay que darles una casa, dotarlos de capacidades para que puedan encontrar un empleo y llegar a sostenerse por si mismos, entregarles acceso a salud y posibilitará la educación de sus hijos en todos los niveles.De poco o nada sirven autoridades condoliéndose ante el drama de los necesitados. Hay que construir una sociedad distinta para terminar con este y otros dramas.
Así de enorme y hermosa es la tarea que debemos asumir.

MANUEL AHUMADA LILLO

Presidente Central Clasista de Trabajadoras y Trabajadores

Secretario CGT CHILE

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