Pulso Sindical

Pulso Sindical N° 391

Muchos trabajadores han demandado una opinión de su organización sindical, respecto de lo vivido en el país desde el 18 de octubre de 2019 y los hechos posteriores.

Es lo que intentaremos explicar desde nuestra visión como organización de trabajadores.

Como es sabido, días antes del 18 de octubre comenzaron las acciones de evasión en el Metro producto de una nueva alza en el valor del pasaje de la locomoción colectiva, jornadas impulsadas por los estudiantes y  las que se fueron sumando trabajadores y personas de la tercera edad.

Lo que vino después es conocido por todos, se le llama “estallido social” y refleja la protesta de la población contra la desigualdad y la discriminación, estallido que se hizo presente con las más diversas formas e instrumentos y que llevó incluso al gobierno a sacar los militares a la calle, intentando recuperar “su orden social” lo que aún están lejos de conseguir. La masividad de las protestas y el posterior toque de queda en casi todas las regiones del país, llevó a la población en general a cambiar sus hábitos en cuanto a llegada y duración de la jornada de trabajo, transporte, compra de alimentos y vida social.

Los trabajadores organizados (no más del 15% real de la fuerza de trabajo) desarrollaron diversas iniciativas para responder a la situación. Asambleas informativas, atrasos colectivos, exigencias de transporte y pagos adicionales por cambios de turno, e incluso en los primeros días muchos no asistieron a sus lugares de trabajo por no contar con condiciones mínimas. La organización permitió que no hubiera descuentos.

Los llamados a protestas y paros tuvieron gran participación, más que todas las anteriormente realizadas en años anteriores, aunque pese al esfuerzo no hubo una paralización real y total en el país, siendo particularmente notoria por un lado la resistencia a paralizar en grandes empresas productivas privadas y públicas, así como una adhesión mayoritaria pero pasiva de los trabajadores públicos, que además estaban desarrollando su negociación anual con el gobierno.

Particularmente importantes fueron las masivas marchas en casi todas las ciudades del país así como el nivel de autodefensa y resistencia a la represión policial, que devino en millares de heridos incluso a balas, perdidas parciales y totales de la visión en cientos de manifestantes y miles de detenidos, en su gran mayoría jóvenes. Muchos son los que hasta hoy se encuentran encarcelados muchos de ellos por desórdenes públicos más la consiguiente carga de delitos que es común en la policía, para evitar su pronta libertad.

Paradojalmente, la mayoría de los policías y uniformados acusados de graves violaciones a los derechos humanos está en libertad con medidas cautelares mínimas, lo que deja a la vista el criterio dispar, aunque no por ello anormal, con el que actúa la justicia.      

Nada ha terminado, dicen las declaraciones de las diversas organizaciones sociales y políticas que se confrontaron a la dictadura civil que nos gobierna y aunque las movilizaciones han bajado en masividad, en caso alguno están extintas.

Chile despertó y ya nada será lo mismo, lo que se refleja en la valentía con que llevaron adelante su huelga los trabajadores de Banidotti en Puerto Montt, los paros en Santiago y Punta Arenas, así como las decenas de constituciones de sindicatos y la presentación de proyectos de contrato colectivo.

Como algo pendiente queda la construcción del instrumento unitario, amplio, abierto y por sobretodo moralmente validado, para conducir el descontento. Todos los actores deberemos hacer los análisis que expliquen porque, pese a todo lo que nos une y tenemos en común, no pudimos construir una organización que hubiese dado dirección a las marchas, protestas, cortes de calle, paralización de empresas privadas y servicios públicos.

Fue esa carencia la que posibilitó la toma de aire a un régimen debilitado y la construcción de una salida pactada por las élites.

EL SISTEMA ACTUA PARA MANTENERSE

Los saqueos y otras acciones, que aún no son del todo aclaradas pero que fueron sobre difundidas por los medios de comunicación, con el único objetivo de demonizar la protesta social, no pudieron romper la decisión del pueblo alzado que demandaba cambios lo que llevó a las diferentes fuerzas políticas a buscar alguna salida que descomprimiera la situación.

Es así que el 12 de noviembre TODOS los partidos de oposición concluyeron, en una declaración pública, que “la ciudadanía movilizada ha corrido el cerco de lo posible”, rechazaron la pretensión del gobierno de instalar un “Congreso Constituyente” y consideraron que “el camino  para construir el futuro es Plebiscito, Asamblea Constituyente y Nueva Constitución”.

14 partidos políticos de oposición suscribieron esta declaración que, aunque no respondía a las profundas demandas de la población alzada, recogía la exigencia popular levantada desde el mismo momento en que se impuso la Constitución Pinochetista, Nueva Constitución.

Después de decenas de años, toda la oposición a la derecha liberal y pinochetista se unía en torno a una demanda nacional. Nueva Constitución elaborada por una Asamblea Constituyente.

Peligraba toda la construcción neoliberal y este intento de desestabilización, que ponía en riesgo los intereses del gran capital, debía ser detenido a como diera lugar.

Será tarea para los observadores determinar cómo se fraguó el plan del gobierno que culminó con la suscripción del “acuerdo por la paz social y la nueva constitución”, porque es claro que esto se preparó en las más altas esferas.

¿Se habrá llamado a los partidos de la oposición para decirles que su exigencia era desmesurada, que si persistían en esa actitud se podrían venir de nuevo los milicos?

Se habrá consensuado una nueva constitución entre los traidores de siempre y la derecha, o simplemente algunos de los firmantes del 12 de noviembre tiraron para atrás los caballos, asustados de lo que podría venir y que en ningún caso ellos podían controlar?

Algo pasó que explica que 3 días después de exigir plebiscito, asamblea constituyente y nueva constitución, 7 de los partidos de oposición (PDC, PS, PR, PPD, REV.DEM., LIBERAL Y COMUNES)  más un tipo que corrió con colores propios, decidan cambiar lo del 12 de noviembre – que no era todo lo que el pueblo demandaba en las calles pero se veía como un buen inicio – y de acuerdo con la derecha acuerdan un plebiscito para consultar si se quiere o no Nueva Constitución y un mecanismo que llaman Convención Constitucional, ya sea Mixta o Constituyente,  para que prepare dicha constitución.

Y todo no terminó ahí.

Luego se enfrascaron en una discusión sobre paridad de género, cupos para pueblos originarios y espacios para los independientes, cuestiones que pasaron por alto ante la premura con la que suscribieron el acuerdo.

El tiro de gracia a los suscriptores del acuerdo lo han dado el 7 de enero de 2020 la abrumadora mayoría de senadores de la UDI y Renovación Nacional (con la sola excepción del “futuro candidato” Ossandon), quienes han expresado su decisión  de marcar RECHAZO a una nueva Constitución en el plebiscito que se realizará el próximo 26 de abril, mismo paso que luego han dado la mayoría de los diputados de ambos partidos y que seguro seguirán senadores y diputados de EVOPOLI ya que, según la mayoría de los derechistas, no están dadas las condiciones de paz social como para que se pueda avanzar hacia una nueva Constitución.

Resumiendo, el 12 de noviembre la oposición acordó expresar públicamente su demanda de Plebiscito, Asamblea Constituyente y Nueva Constitución. El 15 de noviembre parte de la oposición resuelve acordar con la derecha un itinerario para una nueva Constitución pero renuncia a la Asamblea constituyente y finalmente el 7 de enero la derecha manda a la punta del cerro el acuerdo y mayoritariamente decide votar RECHAZO El 26 de abril.

¿QUE CAMINO DEBEMOS SEGUIR LOS TRABAJADORES?

Lo primero que debemos tener claro es que los estallidos sociales no comenzaron el 18 de octubre de 2019. Decenas han sido los casos de explosión social, gatillados por el abuso del capital y las deplorables condiciones en que vive y se desenvuelve el grueso de la población el grueso durante mucho más de un siglo.

Invariablemente la respuesta a esos estallidos fue el acuerdo político de las elites y las balas disparadas por el ejército, la marina y los carabineros. Lo sucedido en esta última rebelión popular es la respuesta del capital, a las demandas desesperadas de mayor equidad y justicia de grandes capas desprovistas de lo mínimo para llevar una vida digna.

Ninguna Constitución dará respuesta a las aspiraciones de la mayoría de los ciudadanos, mientras no sea elaborada por una asamblea Constituyente y plebiscitada para que el pueblo soberanamente se pronuncie.

La que se pretende construir a contar del 27 de abril de 2020 no será la excepción a la regla, simplemente porque fue acordada a espaldas del pueblo, el que tendrá poco o ningún espacio para exponer que tipo de Constitución es la que quiere.

Seguidamente debemos hacernos cargo de nuestras carencias y déficit que son los que han posibilitado que el capital nos ponga el pie encima.

Lo que nos está imponiendo el sistema es fruto de nuestras limitaciones y/o incapacidades para construir organización social en todos los espacios en los que se pueda hacer.

Para ganar la pelea contra el sistema capitalista que nos asfixia requerimos de organizaciones vivas, con direcciones revocables si se apartan del objetivo trazado, capaces de interactuar en todos los terrenos.

Los barrios, colegios y universidades, las empresas e instituciones privadas y públicas deben construir instrumentos de organización capaces de educar a la población, con el fin de llevarla hacia el objetivo de construcción de la nueva sociedad, que por ahora podemos llamar digna y justa. Solo la organización de millones puede desbancar a este modelo impuesto por los milicos y validado por la derecha y la social democracia.

Este es el cuadro en que nos sorprende el llamado a Plebiscito y debemos responder a la pregunta que deben estar haciéndose millones:

¿Debemos o no participar del proceso que se avecina? Si tomamos en consideración la principal demanda levantada en la década de los 80 del siglo pasado, la respuesta es SI.

Nadie puede olvidar que una de las exigencias, además del término de la dictadura, era Nueva Constitución. Podrá argüirse, y con justa razón, que las condiciones han cambiado, pero hasta ahora nunca hemos renunciado a esta demanda.

Es cierto que la exigencia de Asamblea Constituyente fue negociada por los 7 partidos de la vergüenza, pero no podemos olvidar que la mayoría de esos partidos desde hace ya mucho tiempo se entregaron a las decisiones del capital.

La población, los trabajadores, deben pronunciarse el próximo 26 de abril y tienen a lo menos 3 alternativas para cuando llegue ese día.

* ABSTENERSE y no participar del proceso o ANULAR el voto. Todo indica que a esa fecha la participación será voluntaria, por lo que queda entregada a la conciencia de cada uno el cómo responder a lo que se está preguntando.

* Votar APRUEBO a la consulta sobre una nueva constitución y en el otro voto que se les presentará marcar AC (por asamblea constituyente).

*Votar RECHAZO es una opción válida que nadie tiene derecho a cuestionar, pero irá en línea con la derecha y puede llevar a un resultado que implique la mantención de la Constitución pinochetista, maquillada por los gobiernos de la Concertación.

Conminado a expresar adhesión a una opción mi opción en participar del proceso y votar APRUEBO, sin que esto implique abandonar las banderas que levantamos.

LO VERDADERAMENTE IMPORTANTE

Nosotros debemos poner el acento en lo verdaderamente importante y eso no estará en juego el próximo 26 de abril.

Cualquiera sea la nueva Constitución que en definitiva se apruebe, no va a responder a las demandas mayoritarias de la población y esas demandas seguirán marcando nuestro accionar. Reitero: la forma, el mecanismo, el instrumento para instalarla en las conciencias de los ciudadanos se llama organización y debemos redoblar los esfuerzos en esa dirección.                                                                  

En cada espacio que existe o que se construya a futuro, deberemos construir y/o reactivar y validar las plataformas de lucha toda vez que las mismas son reflejo del sentir mayoritario de la población, además de trabajar por la unidad de las diferentes fuerzas contrarias al capital y al neoliberalismo.

Hay muchas demandas que interpretan al conjunto de la población, como son la propiedad del Estado sobre las riquezas del suelo y del subsuelo, el derecho garantizado a la salud, establecer a la previsión y la seguridad social como obligaciones ineludibles del Estado en las que no debe existir presencia de capitales privados, solo por nombrar algunas.

Queremos una Constitución con estas características y eso no será posible en las actuales condiciones, por eso el desafío principal es prepararnos para lo que viene, porque en caso alguno la lucha culmina el 26 de abril de 2020.

MANUEL AHUMADA LILLO

Presidente Central Clasista de Trabajadores

Secretario C.G.T. CHILE

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