cultura

La Lira Popular Virtual de Jorge Lillo Valenzuela.

DONDE SE CUENTAN LAS CAVILACIONES DEL DEMONIO,
QUE SE VIO EXIGIDO POR LAS LEYES DEL MERCADO Y LAS
TORCEDURAS SOCIOLÓGICAS DE UN CIERTO PAÍS INCIERTO.
¿LOGRARÁ SALIR CON LA SUYA?

Cansado de competencias
por los vicios clericales
y soportar Urdemales,
el Diablo perdió la paciencia.
Recurriendo a su sapiencia
se puso a considerar
si debería cambiar
y dejar, sin más ni más,
su oficio de Satanás,
y se dijo: “hay que innovar”.

“Es momento de innovar”, 
retrucan sus asesores;
“ya vendrán tiempos mejores”
como proclama Satán.
Poniendo manos al plan
va analizando sus FODAs,
que es el recurso de moda
que nos ofrece el mercado;
y así, este diablo enterado,
prepara una nueva joda.

“Escaso el mercado de almas,
es bueno cambiar de rumbo
para no andar dando tumbos
que me hacen perder la calma.
Con los dedos de la palma
cuento almas que me faltan:
¿qué hago si dios se adelanta
quedándome yo sin pega?”
Y como buen estratega,
en nuevo plan ya se chanta.

“No hay caso de regresar
al seno del Paraíso
para arreglar el panizo
con la Eva y el Adán,
pues como dice el refrán,
no hay mal que por bien no venga:
ya no me quedan arengas
que no usen los publicistas.
Con esta grey consumista 
no hay diablo que se sostenga”.

“Tampoco me queda espacio
en el mundo partidista,
que tiene tantas aristas
que no hay canon sin prefacio.
Con maniobras y pancracios,
defienden sus privilegios
como si fuera un Colegio
creado por Lucifer.
Ahí no me iré a meter
por temor al sortilegio”.

“Quizás si pongo una Isapre
captaría yo más incautos,
obteniendo un pasar fausto
invirtiendo en unos acres,
y sin moverme del catre
le dé tormento a un montón;
asolo a la población
mandándola al mismo infierno;
de paso, ayudo al gobierno
a empeorar su gestión”.

“Debo ser emprendedor
para potenciar el mal; 
¿abriré una sucursal
de nuestro averno, mejor?
Me parece superior
tener un negocio estanco
pues, para serle franco,
de ahí no se salva ni uno”.
Y así, sin remilgo alguno,
Belcebú inventó los Bancos. 

“Desde entonces acreemos
en seiscientas sucursales
y a las almas nacionales
sin presión las sometemos.
Al fresco lo corrompemos,
al incauto lo esquilmamos;
las platitas que prestamos
se multiplican por cien
y no hay en la Tierra quien
escape de nuestras manos”.

Ilustración de Jorge Lillo.

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