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Por que no se identifica a los responsables

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Durante la dictadura se vivieron hechos deleznables con un patrón común.

La información sesgada – o simplemente la  desinformación y/ o el silenciamiento de los hechos  – y la obsecuencia de la prensa que la mayoría de las veces daba por ciertas cuestiones que no lo eran. El caso de los jóvenes quemados es uno entre cientos.

Así, teníamos una acción de la dictadura y sus instrumentos (en el plano de los trabajadores la Secretaria Nacional de los Gremios y algunos renegados del sindicalismo ubicados en diversos grupos) cuyos actos siempre eran un ejemplo de civilidad y disciplina que hacía innecesaria la presencia y actuación policial, versus los antisociales opositores al “gobierno militar” que apoyados por extremistas buscaban generar el caos y el desorden.

Solo contados medios de comunicación se permitían – a riesgo de la integridad e incluso la vida de sus reporteros – cuestionar la desinformación de la dictadura y se las ingeniaban para que la población se enterara de la verdad.

¿Qué pudo pasar en estos casi 30 años como para que la mayoría de los medios de comunicación dejaran de lado la objetividad y la rigurosidad investigativa y se hayan puesto a entregar información sesgada que confunde a la población y la predisponen contra aquellos que se permiten cuestionar el sistema?

 

Seamos claros. Con ocasión de las actividades del primero de mayo de 2019 se ha informado sesgadamente y en forma maliciosa. Por un lado una organización con liderazgos y objetivos claros y por el otro los promotores del caos y la destrucción.

Unos, “los buenos” no requieren de protección policial ni deben ser molestados. Los otros, “los malos” deben ser vigilados con celo, ya que  son el germen del caos y la destrucción. No solo se informa poco o nada de lo que reivindican los convocantes (o al menos algunos de ellos) sino que se presentan imágenes, fotográficas y filmadas, donde se contrastan la ordenada manifestación de un sector y la brutal presentación del otro.

 

Vayamos a lo que paso este primero de mayo. Aquello que llevó a la intendenta y al alcalde de Santiago a saludar y destacar a una central de Trabajadores, al mismo tiempo que hacer responsable de caos y la destrucción a los organizadores de la marcha clasista, a quienes han llamado a dar la cara.

Todo esto fue recogido casi sin cambios por los medios de comunicación, instalando de esta manera en la población la imagen de los buenos y los malos ciudadanos.

Muchos trabajadores tendrán entonces miedo a futuro de expresar su descontento. Se está instalando peligrosamente la idea de que hay solo una forma de demandar cambios, y esa parece ser la que los detentadores del poder se encargan de difundir.

Los hechos del primero de mayo no son responsabilidad de la Central Clasista de Trabajadores. Responden a un trabajo concertado, acucioso, de quienes no quieren que una opinión fuera de la aceptada por el poder se difunda. Para ello se debe infiltrar, agredir, dañar y dejar que el gobierno cumpla con su parte del trabajo.

 

¿Es que acaso quienes pedimos el permiso para la marcha clasista hemos ocultado nuestro rostro, usamos nombres falsos, y entregamos domicilios que no existen?.

 

Mejor haría la autoridad, intendente y alcalde, en pedir a las policías un análisis exhaustivo de las imágenes que tomaron sus cientos de cámaras diseminadas a lo largo y ancho de la Alameda y por las que han pagado cientos de millones. Podrán encontrar sin mucha dificultad a los jefes de los encapuchados que agredieron a hombres y mujeres trabajadores que marchaban por sus demandas.

Los que generaron desordenes a vista y paciencia de decenas de policías instalados en cada calle y pasajes que daba a la Alameda norte entre Brasil y Matucana, no fueron los marchistas que concurrieron al llamado de la Central Clasista. Fueron los mismos de siempre que nunca son detenidos y que no tienen nada que ver con la manifestación.

Las imágenes dejaran al descubierto y a los ojos de las autoridades la brutal represión de carabineros, quienes no trepidaron en atacar el escenario y golpear a todo aquel que se cruzara en su camino.

 

Esa y no otra es la verdad, revisen cuadro por cuadro las imágenes. Se verán obligados a reconocer que la Central Clasista no es responsable de ninguno de los hechos que le achacan.

Sin embargo apuestan al paso de las horas y los días, a que los medios de comunicación instalen otros temas que oculten esta desvergonzada tergiversación de hechos.

 

Por lo mismo es una obligación llamar a los trabajadores a no creer la versión oficial, a no dejarse ganar por el miedo, a seguir trabajando por desarrollar o fortalecer la organización  en la que participan.

Nos asiste la verdad, esa verdad que ha dejado siempre claro que no destruimos si no que construimos. Verdad que dice que nos rebelamos frente a la injusticia y la discriminación, a pesar de todos los costos que dicha rebeldía puede implicar.

 

La lucha no se acaba hasta conseguiré la victoria.

 

 

MANUEL AHUMADA LILLO

Presidente de la Central Clasista

Secretario de la CGT

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