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Pulso Sindical 378

PULSO SINDICAL Nº 378 DEL 16 DE ABRIL AL 02 DE MAYO DE 2019

Hemos conmemorado un nuevo primero de mayo.

Hemos conversado con miles de trabajadores en los días previos y en muchos percibimos  desconocimiento e incluso temor, cuando les hablamos de la clase trabajadora y sus luchas. Como que no se sienten parte de ella. Por eso queremos compartir con todos esta reflexión.

 

El concepto clase obrera, clase trabajadora o proletariado “designa al conjunto de trabajadores que, desde la revolución industrial, aportan básicamente el factor trabajo en la producción y a cambio reciben un salario o contraprestación económica, sin ser propietarios individuales de los medios de producción. Se contrapone así a la clase capitalista o aquel sector social que acapara el capital

https://es.wikipedia.org/wiki/Clase_obrera

 

Podemos decir entonces que la clase trabajadora es aquella que sin ser propietaria de las empresas y de los que estas tienen, trabaja para ellas y recibe una compensación económica que regularmente no guarda relación con todo el esfuerzo que hace el trabajador.

¿Entonces ¿porque el temor e incluso rechazo cuando se llega a los trabajadores con un discurso de “sindicalismo clasista”?.

No se trata del invento de “algunos izquierdistas extremos” como suelen decir quienes temen a toda posición clara y concreta de los abusados en sus derechos.

Tampoco de un discurso trasnochado sobre cosas que ya no existen.

 

Se trata simplemente de la verdad, una  verdad incómoda para muchos, pero absolutamente vigente.

El Sindicato o la organización que reúne a los trabajadores en torno a sus aspiraciones más sentidas, debe ser siempre un instrumento de defensa y de propuestas.

Defender los derechos de los trabajadores es más que un deber, es una obligación que tiene que hacer suya cada dirigente.

Esa y no otra es la obligación de la organización, de sus dirigentes y de sus asociados.

 

Ser clasista, entonces, es asumir con propiedad en qué lugar de la cancha se está jugando. Entender que no todo se solucionará con modificaciones legales o algunos beneficios en los instrumentos colectivos.

Es saberse parte de un sector social que ha sido discriminado históricamente.

Es entender que a nosotros nos corresponde construir una nueva sociedad, en la que nuestras familias puedan vivir dignamente.

Ser clasista es sentirse orgulloso de estar en el lado de la clase de los trabajadores.

Es asumir que nuestro adversario es el capital y que a este no se le derrota solo con palabras, que es fundamental la organización.

 

Palabras simples, elementos concretos.

Somos parte de una clase y tenemos la obligación de estudiar hasta comprender porque hay unos pocos que explotan y unos muchos que son explotados. Entendiendo esto seremos capaces de asumir que tenemos el pleno derecho de exigir respuestas a nuestras demandas más sentidas y desde ahí avanzaremos hasta explicarnos claramente la existencia de las organizaciones que nos cobijan y defienden sin concesiones.

Las concesiones no son más que aquellos discursos blandengues que nos dicen que para tener una cosa debemos renunciar a otra.

Es la defensa irrestricta de los derechos de los trabajadores lo que hace la diferencia entre una organización clasista y la que no lo es.

 

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La CGT y otras organizaciones se definen como clasistas y tras un largo proceso de análisis y trabajo unitario llegaron a la conclusión de que no quedaba otra que construir una organización que los aglutinara.

No se puede seguir esperando que otros (gobiernos, parlamentarios)  hagan las cosas por nosotros, porque los resultados no serán buenos. De allí que resolviéramos ponernos a trabajar para educar a los trabajadores, apoyarlos en la construcción de organizaciones clasistas y luego todos juntos luchar por lo que es de justicia. 

 

Es con esa convicción que nació la Central Clasista de Trabajadoras y Trabajadores.

Un ejercicio de unidad de los que creen en los trabajadores como actor fundamental en el desarrollo de la sociedad, una apuesta para buscar las salidas a la postración y la desesperanza en la que han caído muchos de nuestros hermanos y hermanas trabajadores.

 

El desafío inicial de la recién constituida Central Clasista era articular su estructura de dirección y desarrollar el proceso de elección universal de sus dirigentes, tanto en Santiago como en regiones. Luego de 8 meses de trabajo logramos un trabajo armónico  y constante en la dirección ejecutiva y nacional, además de articular un proceso de elección universal que nos permitirá elegir al directorio nacional, la directiva de la Región metropolitana e iniciar el proceso de organización en la 8va, 9na y 12va regiones.

Si a eso unimos el trabajo permanente de propaganda y comunicaciones, las salidas regulares de agitación y educación sindical que se articulan en los “Puntos Clasistas” y las actividades de conmemoración de luchas obreras, no podemos sino sentirnos satisfechos.

La Asamblea Nacional del 22 de marzo dio el vamos al itinerario para el proceso de elección universal y con posterioridad el 22 de Abril se constituyó la Comisión Electoral, entidad que deberá velar por el correcto desarrollo del proceso electoral, a realizarse entre los meses de Julio y Agosto de este año.

La primera labor de esta comisión fue tomar conocimiento de la información entregada por la Tesorería en cuanto a que organizaciones estarán habilitadas para votar así como la cantidad de asociados de las mismas.

Y es que el pago mensual de las cotizaciones es el único instrumento que valida la participación y la acción de cada una de las afiliadas. Durante este mes de mayo la comisión electoral dictará las pautas y normas para la inscripción de candidaturas y luego se entregará el cronograma con fechas y lugares de votación para que el clasismo organizado proceda a votar y elegir a sus dirigentes. Llegamos con 240 sindicatos y 20.000 y algo más de afiliados, por lo que lograr una participación del 50% o más de los votantes será un gran paso adelante.

 

Se avanza y eso será siempre importante.

 

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Este primero de mayo nos mostró que vamos por el camino correcto, pues en torno a las banderas del clasismo se unieron decenas de organizaciones sociales y políticas.

En la marcha clasista participaron las enseñas de trabajadores de la empresa privada y públicos, pobladores, estudiantes básicos, secundarios de institutos y universitarios, feministas de clase, pueblos originarios, junto a las banderas de muchos partidos y movimientos políticos.

Todos unidos en torno a las demandas de la clase.

Por eso la represión fue más descarada y dura que otros años.

No pudieron minimizarnos con la censura, no pudieron negarnos las calles pese a las campañas del terror. Ni siquiera consiguieron que los trabajadores se fueran a la marcha preferida de las autoridades de gobierno.

Han dicho “allá liderazgos y objetivos claros, acá destrozos y caos” y para ello no escatimaron esfuerzos.

Cientos de carabineros hostigándonos desde la partida, registros y requisas. En cada calle que da a la Alameda entre Brasil y Matucana efectivos policiales como en dictadura, prestos a gasearnos con lacrimógenas, mojarnos y darnos de palos porque si no más.

Como si con ello nos fueran a quitar las ganas de luchar.

 

Este año reaparecieron los provocadores e infiltrados. Bien equipaditos y con su vestuario oscuro, destruyendo con fierros y martillos todo lo que tenían a su paso, a vista y paciencia de los policías.

Cortaron la marcha, se enfrentaron con nuestros compañeros y compañeras que les increparon, estuvieron siempre recibiendo ordenes de 1 0 2 tipos que tenían claramente definido su plan y lo cumplieron a la perfección.

De dónde vienen? Serán, como describió Edgardo Marin en El Mercurio de mayo de 2018 “los que van a las marchas no para luchar por algo o contra algo, sino a romper. cualquier cosa: una luminaria, un semáforo, una cabeza, un vehículo. La cosa es romper. Me dicen que muchos de estos encapuchados se  suben después de los destrozos a los buses policiales ordenadamente, pues  serían  policías de civil. Esto tampoco sorprende a la ciudadanía, que los creen capaces  de hacer cosas peores de las que hacen de uniforme”

 

El alcalde de Santiago y la Intendente nos han invitado a dar la cara y es bueno que sepan que nunca la hemos ocultado. Ellos nos culpan de los desmanes y destrozos, pero lo hacen por una orden de gobierno pues tienen muy claro que no tenemos nada que ver.

¿Será posible que junto a las policías revisen todas las cámaras que están instaladas en la Alameda para “protegernos de la delincuencia” e identifiquen de una buena vez a los que provocan el caos?.

Dirigentes sindicales y marchistas nos han dicho que los jefes de “los gurkas” actuaron a rostro descubierto y con tanta tecnología disponible a la autoridad no le costaría nada dar con los responsables.

 

Reprimieron los carabineros como en dictadura, provocaron descaradamente las carabineras de quienes tenemos sus nombres por si la autoridad de verdad quiere iniciar una investigación. Y por último  y para que nadie se confunda, el incendio de la tienda comercial se produjo en el sector más copado de carabineros, donde actuaba en guanaco y se lanzaron decenas de lacrimógenas.     

 

Y pese a todo logramos sacar adelante nuestra conmemoración y también se logró el objetivo en Talcahuano, el sindicalismo clasista vive y se irradia por todos los sectores.

La tarea recién comienza.

 

 

MANUEL AHUMADA LILLO

Secretario C.G.T. CHILE

Presidente Central Clasista de Trabajadores y Trabajadoras

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