Crónica de un cierre. Las amargas lecciones del caso IANSA.

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Un ataúd abierto en plena calle es acompañado por un arreglo floral, mientras dos hombres con casco agitan banderas negras, otros calientan sus manos frente al fuego de una pequeña barricada. Este era el panorama que podían observar quienes transitaban por el ingreso norte a la ciudad de Linares, en las afueras de la histórica planta de IANSA. Atrás, la planta de ladrillo dejaba salir una columna de humo que se elevaba hacía el cielo mostrando que, como en sus mejores días, adentro se seguía produciendo el azúcar que está presente en la mayoría de los hogares chilenos.

Ese jueves 26 de julio era un día clave para la histórica planta, el directorio reunido en algún salón de Rosario Norte, en la parte alta de Santiago, había anunciado que tomaría la decisión definitiva acera del futuro de la planta. La decisión no era menor pues de dicha planta dependen cerca de 100 trabajadores de planta, 400 trabajadores permanentes considerando a subcontratados y un total de 500 trabajadores sumados los trabajadores de temporada, además de 450 agricultores de remolacha vinculados a cerca de 5.700 hectáreas de cultivo. En definitiva, un total de 4.000 trabajadores presentes en las cadenas de valores asociadas a todo el proceso de producción. Una planta que aportaba a la provincia del Maule, según cálculos del sindicato, unos 31 millones de dólares y que era parte central de la vida económica y cultural de la ciudad de Linares.

Conscientes de lo importante del momento, el sindicato de la planta convocó a una vigilia para esperar en ese mismo lugar la decisión de la empresa. Así, en medio del frio y de una densa neblina, los trabajadores de la planta, dirigentes de otras regiones pertenecientes a la Federación, agricultores de la zona y gente de Linares, esperaron expectantes desde las 6 de la mañana, entre música, café y una parrilla que se mantuvo encendida durante toda la jornada.

A pesar de lo difícil de la situación, se esperaba por parte de los trabajadores el anuncio de que la planta pudiera seguir funcionando para el 2020, pese a todas las señales dadas por la empresa en la dirección opuesta. Al final la esperanza es lo último que se pierde, el problema, parafraseando a Nietzsche, es que este pueda ser uno de peores males pues prolonga el tormento de los seres humanos. Y así fue aquel día, donde los trabajadores

estaban, en definitiva, asistiendo al funeral de la empresa que había cobijado a generaciones de linarenses y que el próximo año cumpliría 60 años.

Pero ¿Qué llevó a tan drástica decisión?

Recordemos que la Industria Azucarera Nacional Sociedad Anónima fue fundada por la CORFO en 1953 con el objetivo de levantar el sector agroindustrial de la economía chilena, en el marco del proceso económico de industrialización por sustitución de importaciones. Seis años después de su fundación, se abriría la histórica planta de la ciudad de Linares, con una importante perspectiva económico social, buscando generar desarrollo y bienestar en una zona marcada por la cesantía y la pobreza. Y aquello se logró con creces, siendo la planta de Linares un motor para el desarrollo económico y social de la zona, al punto de constituirse en uno de los pilares de la identidad de la ciudad.

Con el advenimiento de la dictadura militar, la lógica cambia. Entre 1980 y 1981 la planta de Linares es vendida a la Compañía de Refinería de Azúcar de Viña del Mar, la que quebró producto del contexto de crisis financiera internacional que impactó en el precio internacional del azúcar, pasando la planta a manos del Banco del Estado quien había financiado la compraventa. Dicha situación implicó que la planta se mantuviera cerrada durante toda una temporada, generando problemas y malestar social en la zona.

La dictadura culpó al carácter estatal y social de la empresa como supuestos factores de su mal funcionamiento. La solución frente a ello sería la privatización de la empresa, que significó según cálculos de Contraloría, una pérdida de 47 mil millones de dólares para el Estado Chileno. En ese proceso de privatización, se volvieron a comprar las plantas vendidas, entre ellas la de Linares, y se preparó el proceso de privatización a cargo del directorio de ese entonces, comandando por Hernán Büchi y luego por Julio Ponce Lerou. El proceso formal de privatización comenzó en 1986 y culminó en 1988 con un decreto ley que exigió que un 75% de la compañía fuera privada. Así, la empresa Campos Chilenos S.A. pasó a ser la controladora, empresa que luego de unos años sería adquirida por el exsenador Mario Cariola, vinculado al pinochetismo

Pese a las promesas del proceso de privatización, los números de IANSA no venían siendo buenos durante los últimos años. Si en 2014 las utilidades reportadas por la empresa eran de US $12,3 millones de dólares, para finales del 2015 la empresa reportaba utilidades por US $4 millones de dólares, sufriendo una caída de un 67,5%. Ello llevó al anuncio del cierre de la planta de Curicó.

En ese complejo escenario, la firma de capitales ingleses y holandeses ED&F y Man realizó una oferta pública de acciones (OPA) que fue aprobada por la junta de accionistas durante el segundo semestre del 2015 y que le permitió convertirse en la controladora principal de la otrora empresa estatal de azúcar. Cabe mencionar que el holding internacional es uno de los mayores controladores de azúcar a nivel mundial, influyendo fuertemente en la fijación de los precios a partir del desarrollo de estrategias de sobreproducción. En ese sentido, y como es propio de los tiempos neoliberales que vivimos, es una empresa centrada en la especulación mediante el comercio antes que en la producción de azúcar.

Pese al cambio de controladores, la situación financiera no mejoró y el 2016 la empresa registró una nueva disminución en sus ganancias reportando ganancias por US$ 51 mil dólares, que, de acuerdo con la empresa, se explican debido a una leve disminución de la demanda de azúcar a nivel nacional sumado al bajo precio internacional del algunos de sus productos. El problema financiero fue netamente comercial, pues en términos de producción la misma empresa anotaba que el 2016 se logró el mayor rendimiento a nivel mundial en producción de remolacha azucarera y en la historia de IANSA.

Así es como a finales del 2016 la empresa anunció la ejecución de un plan quinquenal con miras al 2022 denominado como el Plan Dulce 2, que, según el presidente de IANSA, estaría arraigado en la eficiencia, el crecimiento y la innovación. 2 La centralidad del plan estuvo en diversificar la compañía, pasando desde la producción de azúcar a la producción de alimentos y negocios en el campo de la agricultura. Ello implico una reestructuración administrativa de la compañía en función de sus diversas unidades comerciales.

Pese a todo, el 2017 no trajo mejores resultados y la empresa pasó a registrar pérdidas por US$7,33 millones de dólares.

El escenario actual

Luego de largas horas de espera, de ser amenazados por carabineros por el corte de ruta realizado, y de ingresar a dependencias de la empresa como forma de presión frente a la falta de respuesta del directorio de la empresa, cerca de las 5 de la tarde y mediante un llamado telefónico, la empresa finalmente comunicó a los dirigentes de Linares y de la Federación Nacional su decisión de proceder al cierre definitivo de la planta. Aquello fue confirmado mediante un comunicado público entregado por la empresa a la opinión publica. La desazón era evidente en la cara de todos los trabajadores, para quienes vendrá ahora el difícil proceso de negociar las condiciones del cierre, el que se anuncia para los primeros días de agosto.

Los agricultores, por su parte, han señalado que el ofrecimiento de la empresa de recibir remolacha en las plantas de Chillan y San Carlos no es rentable por el alto costo de traslado y por la baja de los precios que supondrá el aumento de la oferta concentrada en solo dos plantas, aun cuando se ofrezcan subsidios del 50% para ello. Ante dicho escenario, la única alternativa es la reconversión hacia otro tipo de cultivos, como árboles frutales, lo que significa un proceso de al menos 5 años de espera antes de comenzar a recuperar las inversiones que aquello significa. Esto es grave para los pequeños y medianos agricultores que viven de lo que la tierra les provee. El panorama es negro y por ahora solo les queda apelar al apoyo del gobierno, que no ha señalado hasta el minuto medidas concretas para afrontar esta situación. Es eso o simplemente vender y abandonar el oficio que han desarrollado durante toda una vida.

Punto aparte es la situación de la comuna de Linares, que ya contaba con altas tasas de desempleo. De hecho, su alcalde llegó a señalar que esta medida significaba la muerte de Linares3. El desastre social sin duda tendrá repercusiones políticas que afectaran a un alcalde que comparte partido con el presidente de un gobierno que hasta ahora ha dado pocas respuestas y que en las pasadas elecciones tuvo un apoyo cercano al 60%.

De hecho, el gobierno lejos de ayudar a evitar el cierre de la planta, parece haberlo favorecido. Así es como a menos de diez días de la vital decisión, el gobierno publicó en el diario oficial el decreto exento número 211 del Ministerio de Hacienda, que aplica rebajas arancelarias a la importación de azúcar refinada. Esto es particularmente complejo pues,

como señalan los mismos trabajadores de IANSA, uno de los factores reales para el cierre es el menor costo que tendría importar argentina de azúcar frente a la producción nacional, factor que se agrava a partir del decreto promulgado por el gobierno.

El cierre de esta planta se suma a un complejo escenario con otros cierres de empresas ocurridos el mes pasado como el de la empresa Maersk en San Antonio, o el anuncio de la constructora CIAL en La Araucanía o el cierre de Pastas Suazo en Curicó. Esto sin contar la ofensiva legislativa con proyectos que precarizan el empleo como el Estatuto Juvenil, o los dictámenes que en el plano administrativo han reconocido los instrumentos de grupos negociadores y la extensión unilateral de beneficios históricos que afectan directamente el derecho a negociación colectiva.

El presidente Piñera señaló, respecto del cierre de la planta, que para que nazca un árbol nuevo muchas veces tiene que morir un árbol viejo. Esperemos que tenga razón, y que, frente al actual escenario, muera para siempre la confianza de los trabajadores en un gobierno y un sistema instalado durante los últimos 40 años en Chile, que solo favorece a la especulación, en desmedro de los trabajadores que son quienes producen, en definitiva, la riqueza.

Porque cuando había que producir, trabajar horas extras y dejar de ver a la familia, la empresa apelaba a la idea de la familia IANSINA, pero a la hora de cerrar la planta, no hubo familia ni nada, solo mezquindad y especulación. Al menos algo queda claro: la única familia de los trabajadores son los propios trabajadores, los explotados. Que quede como una amarga lección para recordar.

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