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PULSO SINDICAL Nº 352 DEL 01 AL 28 DE FEBRERO DE 2018

ÚLTIMA PARTE

TRABAJADORES Y PATRONES EN LOS TIEMPOS ACTUALES



Mientras
las organizaciones de trabajadores  son incapaces de solucionar sus
problemas y fijar un camino común, la patronal y los Estados desarrollan
un trabajo más armónico ya que, salvo excepciones, son partes de un
todo.

Claro
que hay mejores condiciones de vida, mas avances científicos, mas salud
y acceso a la educación, pero las limitaciones siguen permaneciendo.
Solo una parte de la población vive en buenas condiciones, los demás se
acostumbraron a sobrevivir.

La modernidad y los adelantos científico técnicos no ha significado un bienestar para todos los seres humanos.

Unos, los menos, siguen teniéndolo todo. Otros, la inmensa mayoría, sigue viviendo con lo que sobra.

Los
capitales se apropian de las materias primas de los países productores.
Aumenta la explotación de los recursos naturales, el endeudamiento de
los países obliga a quitar beneficios sociales (indemnizaciones,
pensiones, vacaciones pagadas, etc.) 


El
trabajo de tiempo parcial y la disminución de los empleos, provocan un
alto endeudamiento. Los trabajadores van renunciado a sus derechos para
conservar su fuente de trabajo y el poco bienestar de sus hogares.



Para
mantener este estado de cosas el sistema controla las comunicaciones y
reprime violentamente a quienes se atreven a desafiarlo. El sistema se
sabe en crisis, pero hasta ahora mantiene controlado el desencanto y la
desazón.

Trabajó pacientemente para penetrar las organizaciones y desalentar en estas las ansias de cambio.

Hizo
creer a los organizados que las soluciones vendrían de acuerdos
bipartitos y tripartitos, que la confrontación pone en riesgo lo
conseguido y muchos de estos lo creyeron.

Ganó para su lado a algunos dirigentes, sembró la desconfianza en los dirigidos.

Instaló
la individualidad como el principal elemento para conseguir el
bienestar, promovió el consumo y el endeudamiento como “elementos
vitales” para el desarrollo de las familias.



Así y luego de cientos de años, estamos como al principio.

Abusados a veces hasta en nuestros derechos más básicos.

Quizás
si lo diferente sea que en este tiempo hay plena conciencia de que el
abuso existe, sin embargo aún se ven pocos intentos de reaccionar para
intentar cambiar el orden de las cosas, ya que los costos que se pagan
por hacerlo son demasiado altos.

Nadie
podría negar que hay experiencias positivas que terminan en triunfos
para los trabajadores, pero son las menos, y luego de la sorpresa
inicial de los poderosos y los gobiernos que los amparan, se van
dictando leyes que regulan la relación entre partes, apagándose así,
lentamente, la llamita de la lucha reivindicativa, económica y social.


Ayuda
a que esto suceda, la posición de un sector del sindicalismo
organizado, que ve más posibilidades en un dialogo de partes, que en la
rebelión de los abusados.

Parecen
no entender que cuando una de las partes, los patrones, pesa 99 y la
otra parte, los trabajadores, pesa 1, no existe posibilidad de dialogo,
solo la imposición de las condiciones de los que tienen el poder en sus
manos.

El objetivo final de los poderosos es matar las ganas de luchar y contra eso debemos rebelarnos.

CONCLUSION



Todos
los elementos expuestos (que son solo un rápido resumen de nuestra
historia como clase trabajadora) dejan a la vista que, o se produce un
cambio en la gestión sindical que pueda re-encantar a los trabajadores y
motivarlos a organizarse (democracia interna, autofinanciamiento y
autonomía son vitales para que esto se logre) o se continuará por el
despeñadero, para alegría de los empresarios que ven en el sindicato el
enemigo mayor.

Es
urgente y necesaria una profunda crítica y autocrítica – que debiera
involucrar a todos los niveles de la organización – y desde ahí tiene
que emerger una propuesta nueva, motivadora, que se encarne en los
trabajadores más allá del sector específico al que se encuentren
adscritos.

Solo
eso permitirá ir generando las condiciones para poder avanzar todos a
una y generar preocupación en nuestro adversario histórico, el capital.


Los
trabajadores en los inicios del movimiento tenían muy claro su camino y
lucharon por obtener de los distintos Estados, respuestas a sus
aspiraciones más sentidas.

Su fuerza, su decisión, llegó a poner en jaque a muchos sistemas de gobierno y generó cambios profundos en otros.

En
la medida en que fueron apareciendo las distintas visiones ideológicas,
los dirigentes fueron tomando partido por la que los interpretaba más
plenamente, dividiéndose así el movimiento en un sinnúmero de
organizaciones según la orientación ideológica.

Sin
duda que cuando se toma un camino por convicción no puede menos que
saludarse tal decisión, pero ¿qué pasa cuando esas distintas
convicciones provocan una división en un estamento – los trabajadores-
cuya principal debilidad ante sus adversarios es, justamente, la falta
de unidad?



Nuestra
obligación como sindicalistas de clase es prepararnos para desarrollar
una organización que no tenga entre sus principios básicos la sumisión,
la aceptación a fardo cerrado de las condiciones que imponen los dueños
del capital.

Nos asiste el derecho de exigir condiciones dignas de trabajo y sueldos justos, pues somos los generadores de la riqueza.

Tenemos el derecho de aspirar a cambiar esta sociedad que nos castiga por todos lados

Por muchos adelantos científicos y el avance de la robótica, sigue siendo importante, vital, la fuerza humana.

Sin trabajadores las empresas no funcionan.

UNA ORGANIZACIÓN CLASISTA DE TRABAJADORES


Hemos
recorrido juntos un largo camino, es momento de asumir entonces que no
da lo mismo quienes dirijan las organizaciones, ni da lo mismo cualquier
Estatuto, Declaración de Principios y Plataforma de Lucha.



Todo
aquel que tenga la convicción de que los trabajadores son lo más
importante de la sociedad, tendrá que entender que para cambiar esta
sociedad, injusta y discriminadora, se requiere construir un instrumento
que crea de verdad en la fuerza de los trabajadores y que no deje
fisura alguna para que la penetre la desesperanza ni las ganas de
renunciar o conciliar.


Una
organización de la clase trabajadora, no fijara su objetivo en lograr
un  lugar en la mesa que los sostenedores del sistema instalan, para
hacer como que las cosas cambien para que todo siga igual.

Una
organización de la clase tomará el compromiso der salir a conversar con
los trabajadores, educarlos en sus deberes y derechos, fomentar hasta
instalar a fuego la conciencia clasista.


Caminará
por el país entero destruyendo el armado del capital, promoverá la
organización y la lucha en todas las formas que el caso requiera y
estará siempre pendiente de no enredarse en conversaciones palaciegas ni
prestará oídos a los malos sindicalistas.


Podrá
tardar el empeño, pero tarde o temprano los trabajadores tendrán el
instrumento que los lleve a ganar en la lucha económica y social para
avanzar luego, convencidos, hacia la construcción de una sociedad justa y
digna.

MANUEL AHUMADA LILLO

Presidente C.G.T. CHILE
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