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PULSO SINDICAL Nº 302 DEL 22 AL 31 DE DICIEMBRE DE 2015

El
miércoles 16 de diciembre de 2015, 14 años desde que me tocara
participar de un procedimiento judicial de los hechos que culminaran con
el fusilamiento de los trabajadores ferroviarios de la maestranza de
San Bernardo, llegué nuevamente a las puertas del cuartel N° 2 de la
Escuela de Infantería, en esta ocasión por mis propios medios y sin la
vista vendada.
Se
trataba ahora de establecer fehacientemente que por allí pasaron los
campesinos del fundo El Escorial detenidos días después del golpe y
sacados del cerro el 2 de octubre de 1973, para ser ejecutados en cuesta
Chada.

2
testigos civiles, un grupo de ex conscriptos y 2 oficiales en retiro
del ejército participamos de la diligencia, bajo la atenta mirada de
quienes están abocados a dar con la verdad de estos y otros hechos.


En
el caso de los 11 ferroviarios y otros 2 asesinados, resultó condenado,
hasta ahora, el brigadier ®  Victor Pinto  Perez, quien por las 13
muertes fue sentenciado a una pena de a 5 años y un día con el beneficio
de libertad vigilada, o sea 140 días por cada vida segada.
¿Que
castigo recibirán aquellos que en definitiva sean encontrados culpables
del asesinato de los campesinos y de otras ejecuciones sumarias en el
mismo período?  

Llegué
al cuartel 2 de la escuela de infantería a las 08:30 a.m., dispuesto
como siempre a aportar con un granito de arena en la reconstrucción de
la verdad y me correspondió ser el primero en dar testimonio. Se trataba
de establecer la forma en que los detenidos llegaban al Chena, los
interrogatorios a los que eran sometidos, así como los cambios del lugar
de detención y finalmente el destino final de los prisioneros.

Desde
siempre he sostenido que inicialmente se nos mantuvo en un sector del
cerro que escuche llamar “la escuelita”, donde se nos separó en las que
originalmente eran salas de clases y desde ahí se nos llevaba a una sala
en frente de las anteriores (a no mas de 20 pasos), donde se
interrogaba y sometía a tortura.

Un
hombre viejo vestido con un overol que decía Ejército de Chile, a una
consulta de la encargada de la diligencia llevó a parte de la comitiva
hacia un lugar que el definió como la escuela. A una pregunta que se me
hace respondo que no es ahí donde estuvimos detenidos.

De
vuelta al sitio donde se inició el procedimiento, se hace comparecer a
uno de los ex conscriptos quien  ratificó la existencia de la escuela,
indicó donde estaba y para allá partimos.

Una
sensación de emoción, dolor y pena me embargan. Aunque ya se había
constatado su existencia en el 2001 procedimiento en el que también
participé, en esta ocasión puedo caminar tranquilamente por el lugar.
Está casi igual.

Las
salas donde nos tuvieron vendados y amarrados con alambre algunos días –
la segunda de oriente a poniente es la más amplia y ahí estuve junto a
otros detenidos, la misma donde fueron dejados los ferroviarios cuando
llegaron aquí el 28 de septiembre en la noche – el plátano oriental de
grueso tronco donde se hicieron simulacros de fusilamiento incluido el
mío. Frente a las salas están los cimientos de la sala en la que se
interrogó y torturó a todos los que llegamos a ese lugar.  Y no era
todo.

En
diagonal a las salas que tuvieron prisioneros, en dirección nororiente,
se encontraba el galpón que hizo las veces de comedor para quienes allí
estábamos privados de libertad.

Pude
incluso identificar el sector por donde pasaba la acequia con cuya
agua, hace ya tantos años, pudimos lavar las heridas y parte de nuestros
doloridos cuerpos.
También
está ese enorme espacio de terreno en donde se reunió, por única vez
sin vendas en los ojos, a todos los detenidos, para declararlos
prisioneros de guerra.
Desde
ahí se llevaron al compañero Nuñez, uno de los campesinos muertos de
Chada, quien fue el único que se atrevió a decir que nos habían
golpeado, y que fue salvajemente torturado por decirlo, en la escuela de
infantería.

Los
responsables de la diligencia deben haber recibido valiosa información
para su trabajo. Estuvieron mucho rato en la zona de la escuelita y
luego de una larga espera llega la hora de avanzar hacía el siguiente
lugar.
Vamos a la casa del techo rojo.

Me
entregan la responsabilidad de guiar la caravana de vehículos. Hay 2
vías posibles, se escoge la segunda que nos interna algunos metros hacía
el cerro, el vehículo pasa por terrenos desnivelados y lentamente
comienza a avanzar hacia la salida.

Una
pequeña subida o “lomita” como le llamamos, al costado derecho está una
torre de alta tensión, avanza el coche en dirección nororiente, se
detiene un poco mas allá y a unos 20 pasos se encuentran los cimientos,
parte del foso, un murito de cierre e incluso rastros del lugar en que
estaba la losa verde, en el surponiente del galpón. Los rastros que van
quedando de la “casa del techo rojo”.

Llegamos
aquí pasada la medianoche del 30 de septiembre de 1973, en 2 o 3
camiones, montados los cuerpos unos sobre otros hasta completar 5, y
fuimos bajados a punta de patadas y culatazos, forzados a subir,
vendados, una plataforma de lata, que nos dejaba en el interior del
galpón, que en tiempo anteriores al golpe fue el lugar donde los jóvenes
celebraban a su manera el 18 chico.

En mi cabeza todo, como si no hubiesen transcurrido 42 años y 3 meses desde entonces.
Puedo
reconstruir el galpón de sur a norte. Las 2 salas donde estaban los
rollos de alambre púas, por la izquierda el espacio donde estaba la
mayor parte de los detenidos.

Sobre
una loza tipo baldosa de color verde, de la que no queda rastros salvo
algo de cemento, hay paja donde se dejan caer los detenidos a quienes se
les arrojan sacos de papas que cual sacos de dormir cubrirán nuestros
cuerpos por las noches, para resguardarlos mínimamente del frío de la
noche.

Por
la derecha otros detenidos en la misma posición que los de la
izquierda, al norte y cruzando el galpón de poniente a oriente una
pasarela a unos 2,5 metros de altura, en donde de ubicaban algunos
centinelas, los otros se paseaban por el centro del salón a veces dando
de puntapiés, otras conversando entre ellos, o bien escuchando radio.

No se porque me tuvieron en esas salas con el alambre de púas.

Que será de Dote y Bracea con quienes compartí ese espacio? .

Quedaron
allí cuando nos sacaron el 3 de octubre en la tarde noche o iban en el
camión y no los escuche haciendo sus planes de fuga?

Preguntas que me hago hasta hoy y que dudo sean respondidas.

Al
final del galpón estaban los espacios ocupados como salas de tortura,
ahí resolvían sobre la vida y la muerte, los que llegaban a trabajar en
doble horario, los oficinistas del  dolor y la muerte.

El
2 de octubre en la tarde sacaron de la casa del techo rojo a los
campesinos cuyos cuerpos fueron encontrados en cuesta Chada. Ojala que
los testimonios hayan permitido acercar aun más la verdad y que
finalmente se  castigue a quienes hicieron tanto daño.

Estos
campesinos y muchos otros compatriotas estuvieron en la escuelita y en
la casa del techo rojo, fueron interrogados y torturados en esos
lugares, lo se porque estuve allí en el mismo tiempo que ellos y me
satisface poder dar testimonio de ello, ya que este testimonio puede
ayudar  a seguir construyendo la historia, esa historia vivida en Chena.
        
Pero hay otro hecho que me ha emocionado profundamente por estos días.
En
el cerro compartí por algunos minutos, el 1 o 2 de octubre de 1973 con
Ricardo Solar Miranda, un hombre joven a quien creí escuchar decir que
tenía 38 años y que resultó tener 23 años al momento de su muerte.

Yo,
un muchacho aún más joven que él me permití darle consejos para
soportar el duro momento. Le escuche llorar con dolor, con rabia e
impotencia. El sabía que encontraría la muerte en ese lugar y lamentaba
no poder ver crecer  a sus hijos – un  niño y una niña. De 2 años y de 2
meses de edad.

La
edad de Ricardo Solar me la confirmó su esposa a quien recibí en mi
oficina junto a su hermana el 17 de diciembre de 2015 en mi oficina.

Esa
mujer valiente compartió conmigo las fotos de sus hijos y me agradeció
por el testimonio que pude darle sobre esos minutos vividos.
Por
esto es que debemos seguir manteniéndonos firmes, ciertos que en
nosotros está la razón y la verdad. Buscamos la justicia y el castigo.

No puede haber impunidad.

Por
estos y tantos valientes a seguir adelante con todo. Que el 2016 que se
inicia sirva para seguir develando la verdad, toda la verdad a quienes
no paran de buscarla.

MANUEL AHUMADA LILLO 
Presidente C.G.T. CHILE
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