El mundo según Tatán…

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Fuente Politika

Publicado: Politika

¿Dónde está la elección? En fin ¿dónde está la alternativa? Derecha e “izquierda” juegan a las cambiaditas, en el peor sentido de la palabra. Ahora es el turno de Tatán… Salimos del fuego para caer en las brasas, y regresar en cuatro años al fuego. A menos que… el pueblo de Chile volviese a existir como actor de su propio destino. La esperanza es lo último que se perdió…

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Guillier-Piñera, una pareja no muy dispareja

El mundo según Tatán

Todo gira en torno al dinero, la oferta y la demanda, la compraventa,
la usura, el consumo, el individualismo y la patudez…


Escribe Arturo Alejandro Muñoz

La abstención registrada en los últimos comicios (65% en las elecciones municipales 2016), da cuenta de cuán compleja es la situación del mundo político criollo. Explicaciones de tipo “la gente no confía en los políticos” o “la juventud es cómoda y opta por aislarse de la política” no resultan del todo convincentes.

El ‘pueblo’, concepto alguna vez facilmente comprensible, devino en una masa de consumidores compulsivos que es parte sustantiva –uno de los pilares– del sistema económico imperante.

En la medida que el ‘pueblo’ accedió al espejismo de las ventajas del sistema, fue perdiendo las características que lo distinguían. ¿Ventajas? En realidad, ‘trampas’… Puertas esenciales para la existencia del neoliberalismo, como el acceso a los créditos abusivos otorgados por bancos y financieras, al dinero plástico, a compras en grandes tiendas con pagos usureros de largo aliento.

Así, todo confluye para que el ‘pueblo’ se endeude hasta la tercera generación, olvide su calidad de Soberano, y abrace una nueva fe pagana: la mercantilista-consumista.

En estos avatares la Economía ha sido el punto neurálgico de la realidad nacional, empapando todo el acontecer político e informativo, con el concurso a título oneroso de los privilegiados representantes del pueblo.

Desde hace décadas los chilenos creen que todo gobierno debe basar su administración en las materias económicas, dejando en segundo o tercer plano la satisfacción de las necesidades de los ciudadanos. Es el gran logro del sistema que nos rige.

Chile –aseguran– tiene niveles de bancarización más altos que sus vecinos. La deuda de los hogares en el país alcanza el 42% del Producto Interno Bruto (PIB), lo que nos ubica como el país con los consumidores más endeudados de América Latina, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Macerado en los discursos de políticos neoliberales y de una prensa al servicio de los poderosos, el chileno se transformó en presa fácil de los fanáticos del libre mercado y la privatización.

El grupo que conforman estos últimos es conocido. Allí están –o estuvieron en su momento– individuos como Büchi, Aninat, Foxley, Bitar, Frei, Lagos, Bachelet, Piñera… Ahora bien, Sebastián Piñera, nos obliga a detenernos un instante.

Sebastián es un hombre de negocios. Esencialmente, un especulador financiero. No creó jamás empresa alguna, pero ha sacado ventajas de su recurrente acceso a información privilegiada. Con una cierta audacia para transitar por la frontera de lo ilegal, pisando fuerte el campo de lo que se considera inmoral, o reñido con la ética.

En el mundo, según Tatán, todo gira en torno al dinero, a la oferta y la demanda, a la compraventa, a la usura, al consumo desatado, al individualismo. Lo triste es que Tatán navega a favor de la corriente: electores dispuestos a sufragar por él aunque ello les signifique aserrar la rama en que están sentados. Ahondando un peligroso endeudamiento, y eliminando toda posibilidad de independencia económica real. En claro, perdiendo su libertad.

Sebastián insiste públicamente en las “cualidades” del sistema que a él y a su sector les conviene. “Las cosas gratis generan menos compromisos”, dijo, refiriéndose a la gratuidad en la educación, pero soslayó que los estudiantes que gozaron de gratuidad desertaron menos los estudios que el resto de los universitarios (86,7% vs 77.9%).

No satisfecho con esa mentirilla, volvió a la carga asegurando –con una liviandad que sólo el desinterés popular puede permitir– que: “Los padres gastarán su dinero en fiestas, whisky, si es que no la gastan en educación”.

¿Apoderados dilapidando su escaso dinero bebiendo whisky y dejando sin educación a sus hijos? Lo absurdo y enfermizo de esta última aseveración constituye un insulto a millones de chilenos que con esfuerzo, a duras penas, mantienen a sus hijos en el sistema escolar.

En el mundo de Tatán eso es parte de la normalidad. Como normal les resulta a sus seguidores más fanáticos la larga lista de “ilícitos” impunes de los que ha sido actor principal: Banco de Talca, Caso Cascadas, Caso Chispas, Colusión Latam, Caso Penta, Milicogate, Boletas truchas, SQM, Chilevisión, Forwards, Plataforma Bloomberg, Bancorp, Coimas LAN, Bancard, Paraísos Fiscales, Exalmar, Empresas Zombies, etc.

Para consolidar la primacía de su mundo, Tatán debe amañar la legalidad a su antojo. Tatán expone publicamente en la TV cómo actuar para evadir el pago de impuestos, o cómo comprar tierras a precio de huevo. En el sillón presidencial estaría en el lugar indicado para hacerse un traje legal a su medida.

Ese es el objetivo que persiguen los grandes empresarios, apoyados por una derecha liberaloide cuya mirada está absorbida en su único interés: el dinero. Todo ello disfrazado con los perendengues del patriotismo.

¿Qué ‘patria’ invoca Tatán, notorio evasor de impuestos, cuya fortuna reside en paraísos fiscales? ¿En razón de qué critica con saña la administración de Bachelet a la que él mismo le devolvió las llaves de La Moneda?

Su derecha es la dueña de todo el país: posee la Banca, las AFP’s, las ISAPRE, el agro en general, las empresas agrofrutícolas, los bosques, el borde costero y el mar chileno, los puertos, las sanitarias, el agua, el transporte, las centrales hidroeléctricas, la luz, la telefonía, la Educación comercializada, los recursos minerales, las Iglesias, las Fuerzas Armadas, los Tribunales, el Poder Legislativo, las policías, la prensa escrita y hablada, los canales de televisión, el Tribunal Constitucional, las cárceles, las carreteras y las vías de comunicación. Por eso Tatán y su derecha hablan no de Chile sino de su Club privado.

El candidato del oficialismo a la Presidencia de la República, Alejandro Guillier, manifestó a viva voz y ante numeroso público en uno de sus actos de campaña: “Prepárense todos, que si la derecha gana será la persecución más brutal, porque el diálogo que han prometido es falso, no van a gobernar con diálogo ni respeto a las minorías ni a las familias; en vez de gobernar van a arrasar y van a seguir profitando del poder y la riqueza”.

Guillier, –cuya trayectoria de combatiente contra las injusticias, las desigualdades, las persecusiones y los privilegios es de todos (des)conocida–, parece olvidar que por la segunda vez consecutiva la mayoría gubernamental que apoya y lo apoya pudiese entregarle el sillón presidencial al Piñera que denuncia. En su limitada reflexión no aparece ni un asomo de crítica a una acción que se caracteriza por cederle el turno a los que “van a arrasar y van a seguir profitando del poder y la riqueza”.

Como quiera que sea, el mundo de Tatán –que no se ha ido– no necesita regresar: está esperándonos a la vuelta de la esquina, unos metros más allá de las urnas de votación.

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