Más de un siglo y medio de soledad…

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Autor: Politika

Publicado en Politika

Desde los inicios de la “Guerra de Pacificación de La Araucanía” (1861) hasta ahora, han transcurrido 156 años de despojo, pillaje, agresión, matanzas, humillaciones y bajezas cometidas contra el pueblo mapuche. Pero según las almas bienpensantes los “violentistas” son los mapuche. Una sana reflexión de Hernán Coloma.

mapuche

Más de un siglo y medio de soledad


Escribe Hernán Coloma


Le encontré razón al Fiscal Abbot. Es algo inexplicable que gente que en sus hogares tiene perros guardianes, enrejados eléctricos, dobles cerraduras, cámaras de video conectadas al celular, botones de pánico, etc., deje 35 camiones en territorio de la Araucanía, protegidos solo por el seguro financiero, un par de semanas después de que les quemaran (?) una cachá.

Todos rasgan vestiduras y le exigen al Estado que tenga un ojo divino, armado además de peto y cimitarra. Y, por si las moscas, de una ametralladora punto cincuenta. La mayoría consume, con la misma alegría que si se tragara una sopa de mariscos, estas monsergas irracionales propias de esa sopa ideológica que mezcla integrismo con consumo y mercado.

En Chile no se puede seguir gastando en cuerpos represivos que consumen la plata en los casinos; en meter la creciente delincuencia en la cárcel, porque hay que reestructurar todo el sistema carcelario para que los castigados por delitos contra la sociedad o el individuo no salgan de allí armados de más odio y más conocimiento para perpetrar delitos.

La represión como remedio demuestra día a día que es peor que la enfermedad y que solo consigue multiplicarla y hacerla más difícil de combatir. Aquí puedo decir, desde mi minúscula importancia, algo que nadie se atreverá a decir públicamente: la causa principal de la delincuencia es la desigualdad y la venta permanente, –a través de la publicidad–, del dinero y el consumo como fuentes del amor y la felicidad familiar e individual, inocente y sensual.

La frustración permanente de los que no tienen como alcanzar eso que se les ofrece como el pan diario, y el conocimiento divulgado de la corrupción de los que tienen acceso de sobra a ello, genera una atmósfera de disolución donde todo vale. La publicidad permanente del pequeño delito que impacta por la brutalidad de su violencia y por la horizontalidad de sus alcances, unida a la impunidad y a la impersonalidad del gran delito, pone el foco en la solución fácil: “enciérrenlos a todos”. Al que le toca hacerlo, por imposibilidad institucional, mantiene el discurso, prometiendo lo imposible.

El problema de la causa mapuche es político. A los mapuches les esquilmaron millones de hectáreas de tierra con métodos ilegítimos, y La Araucanía es el único lugar de Chile donde se dan condiciones reales para que florezca la violencia, porque todos ellos han vivido en carne propia la discriminación, el maltrato y la injusticia.

Lo que nunca hubiera podido concretar una guerrilla nutrida de dogmas ideológicos, en el caso mapuche puede obtener para su causa fogón y albergue por las condiciones de clima, geografía y pueblo. Aunque una gran mayoría no opte por la violencia, es difícil que discuta la justicia de su origen y más difícil aún que estén dispuestos a denunciarlo.

 

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