Marco A. Velásquez: “La visita del Papa a Chile va a ser un buen momento para tratar de unir al pueblo”

0
59

“La Iglesia acompaña más a los empresarios, y no a los trabajadores”

(Jesús Bastante).- “La visita del Papa a Chile va a ser un buen momento para tratar de unir a un pueblo, que hoy día parece muy dividido en lo político y en lo social”. Marco Antonio Velásquez, experto en la Iglesia chilena, opina así del viaje que Francisco emprenderá en enero de 2018, en el que el pontífice tendrá que lidiar, según Velásquez, con una Iglesia nacional que se ha vuelto “irrelevante”. No solo por el caso Osorno, por ejemplo, sino también porque “no tiene cómo articular un discurso coherente con el Evangelio y con los temas de los cuales quisiera opinar”.

Hoy nos acompaña un buen amigo de esta casa. Colaborador nuestro y con quien colaboramos nosotros también. Marco Antonio Velásquez, bienvenido a la madre patria.

Sí, se siente esto. Un placer venir a España. Ayer recorrimos el Palacio del Alcázar. Aquí están las raíces de nuestro pueblo. Fuimos colonia y hoy somos independientes. Pero allí está su cultura.

Nos llevamos mutuamente en el corazón.

El lenguaje, las costumbres y tradiciones que están presentes en Chile, son las que uno ve acá.

Doy fe, porque estuve un tiempo en Chile y lo recuerdo como uno de los momentos más maravillosos de mi vida.

Qué bueno.

Sí, en el desierto de Atacama. En un pueblecito que se llama Chiu-Chiu. Donde está la primera iglesia donde estuvieron los conquistadores cuando estaban bajando de Perú.

Hubo que reconstruirlo después de un terremoto, que allí son frecuentes.

Una zona preciosa, pero muy dura para vivir.

Tú vienes para acá y dentro de muy poquito el Papa de Roma va para Chile. Te ha pillado en España la noticia. ¿Qué te parece?

Me sorprendió en Alsacia y fue una sorpresa, aunque algo se esperaba. Había algunas señales.

Sí, se hablaba de Perú y de Chile. Y como siempre, de Argentina.

Llama la atención la fecha, que no es muy buena porque es verano. Pero creo que tiene una ubicación muy adecuada; vamos a estar saliendo de un periodo de elecciones presidenciales, muy complejo. A esas alturas va a estar resuelto, pero con el ánimo social muy frágil y muy tenso, porque estas elecciones son complicadas. Se juegan cosas muy importantes y hay mucha división y mucho griterío público.

En ese contexto la visita del Papa va a ser un buen momento para tratar de unir a un pueblo, que hoy día parece muy dividido en lo político y en lo social. No muy distinto a lo que le pasa a España, son los mismos fenómenos: los políticos y la política que es una noble función, ha quedado como desprovista de contenido y de discurso. Y vienen nuevos discursos juveniles.

Más efectistas y menos centrados en el medio.

Y menos conocidos, pero también con algunas propuestas interesantes. Así, que ese el contexto en el que va a llegar el Papa a Chile.

Y eso, en el contexto político-social, pero el religioso también tiene tela.

Es complejo, yo creo, con todo lo que representa Francisco en la Iglesia universal y no solo en la Iglesia. Es un hombre, ya del mundo. Y en ese sentido, Chile ha estado, ya desde hace algunos años, en una vertiginosa situación. Desde el nombramiento de Barros, que creo fue el hecho culmen. Esto tensiona a la Iglesia y provoca resistencias que no están resueltas.

¿No? Porque ha dejado de escucharse mucho. O al menos no tanto como se escuchaba hasta la fecha, y parece que Barros se ha consolidado.

Hay que tener presente que hay un estilo allí, una escuela. Hay seis obispos, hoy día, y el Papa ha sorprendido de nuevo con el último nombramiento episcopal, Cristián Roncagliolo, que es de la escuela de Karadima. Es del Bosque, entonces, imposible creerlo. Cuando la noticia llegó a Chile, fue un bombazo. El clero estaba desolado. Muchos curas llamaban porque no entendían.

Es cierto que era el secretario del cardenal Errázuriz, que ha sido una de las razones. Pero, ¡por favor!, lo que hizo Karadima, más allá de las maldades graves que cometió en materia de abusos, fue crear una escuela teológica y una pastoral pre-conciliar, al servicio de la gente acomodada. Y, por lo tanto, es un dios a la medida que no incomoda a nadie. Por lo tanto es una pastoral, una liturgia, una forma de hacer Iglesia, infantilizante. Es como un catecismo. Ir a una homilía de esta cultura que creó Karadima, en el fondo es ir a un catecismo de primera comunión. Muy elemental.

Eso marca un poco a quienes están detrás. Barros, por ejemplo, mientras más dificultades se le presentan, él lo asume como un acto de mortificación. Como si esto fuera su oportunidad de santificarse. Bajo esa lógica, el problema no encuentra solución. No la tiene, hoy día.

Y la Iglesia de Osorno, ¿cómo está? Recuerdo las palabras del Papa, en aquel famoso vídeo que se hizo viral hablando de los zurdos, que no se dejen dominar. Supongo que el desánimo entre la gente debe ser grande.

Yo creo que, a estas alturas, la Iglesia de Osorno está muy dividida. Está desolada. Conozco gente que dejó de participar. Ahora acaba de irse un sacerdote muy querido, de la diócesis. Ha habido una fuga creciente de sacerdotes a otras diócesis del país, porque no comulgan en un mismo espíritu.

Para mí, Osorno es una tristeza grande. Y consecuentemente, Osorno es Chile, y marca también a la Iglesia chilena. No ha sido indiferente. Esto, sumado a otras cosas más que tienen que ver con los estilos pastorales y los nombramientos episcopales que quedaron amarrados desde Juan Pablo II y después también de Benedicto XVI, provocó que dejaran una Iglesia desprovista de líderes, de gente que tuviera visión.

Hoy, la Iglesia chilena es irrelevante. Cualquier cosa que pueda pasar, a nadie le importa. Duelen muchas cosas, y eso es triste.

¿La Iglesia ha dejado de ser relevante en los grandes debates sociales y políticos?

No está presente. Toda esta historia le ha hecho perder credibilidad. No tiene cómo articular un discurso coherente con el Evangelio y con los temas de los cuales quisiera opinar.

Hoy día, no solo en Chile sino en el mundo, se da una situación única: pocas veces en la historia ha habido tanto motivo para que las religiones hicieran una gran contribución a los temas que desafían a la humanidad entera. Y son comunes, como las migraciones, que allá también son masivas. Me gustó mucho ver el letrero de bienvenida a los refugiados en el ayuntamiento de Madrid. Lo fotografié y lo mandé a Chile; esto es un signo positivo que habla bien de España.

En Chile tenemos una enorme migración de países vecinos, principalmente de Bolivia, de Haití, de países centroamericanos. Hay algunos problemas como en todas partes, pero en general, con acogida. Y yo creo que esto es un muy buen ejemplo que Chile está dando a un continente, y también al mundo. En ese sentido, creo que somos avanzados.

Sin duda, la Iglesia también está presente. Los jesuitas, a través de ciertas agrupaciones de emigrantes, de congregaciones especiales, los scalabrinianos… Hay un trabajo de la Iglesia con los inmigrantes que, sin duda, hoy día es necesario y es positivo.

Hay signos positivos. Pero no en los grandes temas como la pobreza y el medio ambiente. Porque el calentamiento global es un hecho.

Precisamente, el Papa ha publicado la primera encíclica verde de la historia de la Iglesia.

Es impresionante. Laudato si’ es un referente, con un silencio sepulcral tremendo e interesado.

¿Y no hay brotes verdes en el episcopado chileno? Tipo Fernando Chomali, por ejemplo.

No. Porque los seminarios fueron conformados por gente que tiene esta impronta marcada. Tendrán que pasar cincuenta años.

Sí, una generación, para que en los seminarios cambien.

Porque el clericalismo está muy metido. Todo gira en torno al clero. El fenómeno de la privatización de la fe en Chile es un hecho cierto. Sin duda que hay un contingente de cristianos que participa de la liturgia regularmente. Yo mismo participo, me nutro de mi misa dominical, no lo puedo dejar. Pero en el fondo hay esta orfandad de acompañamiento. Hoy día, los problemas sociales en Chile son tremendos. Son importantes, hay que estar mirándolos con perspectiva y la Iglesia no está. La Iglesia acompaña más a los empresarios, y no a los trabajadores.

Se va a encontrar una papeleta interesante, el Papa Francisco, allí.

Pero yo creo que esto no se puede cambiar porque no hay curas formados para acompañar a los trabajadores. Es una secuencia larga. En Chile, la Iglesia perdió a los trabajadores, a los pobres, a las mujeres. En definitiva, hay un discurso todavía moralista.

No te veo muy optimista.

No. Yo creo que mi optimismo va por otro lado.

¿Por dónde va?

Pienso que hay una conciencia laical. Esta suerte de que todo lo tiene que hacer el clero y de que todo lo tenemos que esperar de los obispos, ya no da más. Aquí, lo que hay es gente formada que tiene una mirada distinta de la vida, donde la catequesis más importante se hace en la casa. Donde tu ejemplo y tu testimonio diario, en el trabajo o donde tú vayas, es lo que importa.

Esto es lo que va calando y ya no es este cristianismo de andar con colgajos ni visibles. En definitiva, lo demuestras con tus actos. En eso yo sí estoy optimista. Creo que en Chile sí se ha formado un enorme contingente. De jóvenes, especialmente.

Y hay otro tema: teológicamente nos quedamos atrás. Nuestros hijos -nosotros tenemos tres,- tienen una dificultad con la Iglesia, y lo que a ellos les pasa es lo que le pasa a su comunidad. Estoy hablando de jóvenes universitarios y profesionales jóvenes.

Nuestra generación daba por supuestos determinados conocimientos y determinadas cuestiones, desde bendecir la mesa hasta cuestiones de urbanidad como dejar el asiento a un anciano antes que tú. Y eso, ya no se da por supuesto.

Aquí, en España, hay adolescentes que van al Museo del Prado y te hacen preguntas verdaderamente fascinantes sobre quién es ese señor que está ahí colgado en el cuadro de Velázquez, por ejemplo. O qué significados tienen cuadros que muestran relatos de la historia de la salvación, que no tienen por qué conocer, porque esa educación sentimental en lo religioso parece que se ha perdido. Y supongo que en Chile pasa algo parecido.

Sí, es de lo más parecido. Ahora, escuchar a los profesionales jóvenes en su crítica es muy interesante. Pienso que su crítica es honesta y tocan cuestiones de fondo. Ellos no tienen problema con Dios, lo tienen con la Iglesia. Y a Dios lo descubren de una manera maravillosa; desde la bondad, desde la solidaridad -que hay muchos en Chile- y desde la justicia. Esto, me parece que está muy arraigado. Por eso yo soy muy optimista por ese lado.

O sea, que el trabajo no es llevar a los jóvenes a la Iglesia, sino llevar a Dios otra vez a la Iglesia.

Creo que es mucho más importante -y lo digo sinceramente, nos pasa a nosotros desde hace diez años- tener comunidades de laicos; matrimoniales, de parejas o de amigos. Ayuda mucho más que tener estos “molde-servicios pastorales”, como yo llamo a los servicios litúrgicos y religiosos que, al final, está ahí en la estantería pero, en definitiva, no transforman a nadie.

Sí transforma una comunidad, y sí transforma una buena discusión. En una de las últimas reflexiones que tuvimos en comunidad de matrimonios, llegamos a una cosa bien interesante: hoy día la crisis está en la educación. Internet entrega más contenidos que lo que pueden entregar las instituciones. Está en crisis, en consecuencia, también la educación en la familia. Cómo llegar a educar a los hijos es un tremendo tema. No te digo que todos lo tengan resuelto, y probablemente, uno tenga soluciones parciales.

Y en la educación de la fe tenemos otro tremendo problema; no somos capaces de educarlos en la fe. La Iglesia se quedó atrás y los padres estamos mucho más avanzados en esto. Porque, en definitiva, hemos sido capaces de acompañar a nuestros hijos en sus cuestionamientos, en su rebeldía y en su búsqueda.

Por estas cuestiones, en nuestra reunión llegamos a la conclusión de que había que crear un nuevo modelo de educación pastoral. Ya no podemos a volver a hablar con nuestros hijos del Antiguo Testamento porque toca puntos muy duros, como el Dios castigador o toda esta visión de la mortificación. Eso es lo que está en crisis. Ellos no son de esa cultura. La cultura de hoy es la del carpe diem. Y esto nos plantea que hoy día, el Evangelio tiene que ser el núcleo. Nos tiene que guiar el Nuevo Testamento. Aquí está mi optimismo.

Tiendo a pensar que a nuestros hijos tenemos que protegerlos muy bien de a qué misa los llevamos.

No dejarlos aparcados en misa.

Sí, pueden terminar perdiendo la fe.

Bastante más común de lo que parece.

Muy simple, pero así de complejo y trivial.

El Papa va a ir a Santiago, a Iquique y a Temuco, donde está el epicentro del conflicto con los mapuches. ¿Qué piensas que puede ocurrir en cada uno de los sitios?

Hacer un magno evento en Santiago tendrá éxito porque, primero, la Iglesia tiene una gran capacidad de movilización, muchos colegios católicos. Cristián Roncagliolo tiene una pastoral con 500 jóvenes que son incondicionales, obedientes y muy milicianos. Entonces van a estar y va a haber capacidad.

Y las parroquias, que tienen esta necesidad de visibilidad, van a tener una gran respuesta en crear una escenografía de acogida, porque el Papa es querido aunque le hagan críticas. En Santiago, no esperaría mucho más que eso.

Sería interesante el encuentro del Papa con estos laicos de a pie, que tienen una mirada crítica de la forma como se conduce la Iglesia. No creo que se produzca, porque los que organizan no lo van a permitir.

Lo de Temuco, me sorprende. Creo que hay que tener coraje para ir allá. A Temuco nos une en nuestras raíces. Para los colonizadores españoles fue precisamente el área más compleja de trabajo y de conquista. Pero también hay una cosa interesante: en el proceso colonizador, que tiene su historia, los colonizadores les concedieron mejores derechos -los Derechos de Indias- a los pueblos originarios que los que hoy en día les concede nuestro Estado actual.

Hoy los presidentes, los parlamentarios, los políticos en general rehuyen ir a esa localidad.

El Papa, en casi todos sus viajes, se preocupa y habla de los problemas de los pueblos originarios. Es uno de los ejes también de Laudato si’.

Y el Papa va a Temuco porque busca dónde están los problemas. En Temuco hay una realidad eclesial compleja. Hay que distinguir que hay grupos dentro de la cultura y del pueblo mapuche. Están en una dificultad porque hay un obispo que ha creado mayores problemas con la comunidad a propósito de la tierra. Y el pueblo mapuche está muy vinculado a la tierra. Se generaron conflictos con el obispado de Villarrica, e incluso se han quemado templos en respuesta a esta situación. Este es un aspecto.

Otro aspecto es el social y político. Afortunadamente, ciertas congregaciones de la Iglesia entraron en la Araucanía históricamente, pero en un momento también se van. Y los jesuitas volvieron. Y volvieron a Tirúa. El hecho de que los jesuitas tengan una comunidad que está trabajando con el pueblo mapuche donde están los conflictos, motiva que el Papa vaya. Porque sabe que ahí está la información más relevante.

Será el momento más emotivo de la parte chilena del viaje.

Y lo bonito de esto, es que los jesuitas están en la mayor zona de conflicto. Y, por lo tanto, hay un diálogo y son creíbles. Son acogidos por esta situación de convulsión étnica compleja.

Y lo de Iquique, uno piensa que es la salida natural hacia Perú, pero tal vez hubiera sido mejor la zona de San Pedro de Atacama.

La zona de Atacama hubiera sido una muy buena zona. Cuando estuvo Juan Pablo II, su despedida la hizo desde Antofagasta. Antofagasta tiene hoy unos de los mejores obispos, de los pocos buenos que tenemos. Pero es darle visibilidad a un hombre que ha sido complejo, Felipe Berríos. Y no creo que los organizadores de estas visitas quieran ese escenario. Por eso han buscado un par de kilómetros hacia el sur, Iquique, que también tiene su historia. Hay un obispo destituido hace unos ocho años, Marco Órdenes, con un proceso relámpago que, ojalá la misma celeridad se hubiera aplicado para el obispo Barros. Fue una sorpresa, y además por faltas bastante menores.

Es un espacio que no tiene más que eso, ser el punto más al norte de Chile, que de alguna manera lo conecta con su salida del país. Obviamente esto crea expectativas, crea alegría. Pero habrá que recomponer lo que pasa en Chile después de estas elecciones presidenciales, que yo creo que van a ser un buen tema.

Pues lo veremos, y esperemos que nos ayudes a contarlo.

Con mucho gusto se lo iré relatando con detalle. Es parte del compromiso que tengo, moral y de cariño, con Religión Digital.

Es un placer. Y sabes que tus escritos son muy valorados por los lectores y por nosotros.

He dejado de escribir; he estado con otro trabajo y tengo otras funciones. Pero en este viaje también he meditado y he orado mucho. Estuve en la Cova de Manresa en Loyola, que es muy significativo para mí. Ha significado encontrar un nuevo punto de partida. Y paralelamente con eso, he estado en el santuario de Nuestra Señora de Montserrat, que también es muy significativo. Así, que ha sido mucho de retiro, de encontrarse con aquellas cosas que uno no tiene tiempo de revisar en el día a día. Estoy agradecido de estar acá y de conocerlos. Y de conocerte.

De ponernos caras, y manos.

Eso.

Un placer. Buen viaje.

Agradecido y contento. Hacía 18 años que no venía a España y lo veo hermoso y floreciente. Que los signos de Cristo existen en todas partes y que han superado aquella crisis dolorosa que tuvieron.

Yo espero volver a Chile también. Gracias Marco, esta es tu casa.


Otros titulares:

La visita del Papa va a ser un buen momento para tratar de unir a un pueblo, que hoy día parece muy dividido en lo político y en lo social

Lo que hizo Karadima (más allá de los abusos)… fue crear una escuela teológica y una pastoral pre-conciliar, al servicio de la gente acomodada

Barros, mientras más dificultades se le presentan, él lo asume como un acto de mortificación… Bajo esa lógica, el problema no encuentra solución

La Iglesia de Osorno está muy dividida. Está desolada. Conozco gente que dejó de participar… Ha habido una fuga creciente de sacerdotes a otras diócesis

Osorno es una tristeza grande. Y consecuentemente, Osorno es Chile, y marca también a la Iglesia chilena

Hoy, la Iglesia chilena es irrelevante. Cualquier cosa que pueda pasar, a nadie le importa. Duelen muchas cosas, y eso es triste

(La Iglesia chilena) no está presente (en los grandes debates sociales y políticos)…. No tiene cómo articular un discurso coherente con el Evangelio y con los temas de los cuales quisiera opinar

Hay signos positivos (en la Iglesia chilena). Pero no en los grandes temas como la pobreza y el medio ambiente

El fenómeno de la privatización de la fe en Chile es un hecho cierto

En el fondo hay esta orfandad de acompañamiento (en la Iglesia chilena). Hoy día, los problemas sociales en Chile son tremendos… (pero) la Iglesia no está

La Iglesia acompaña más a los empresarios, y no a los trabajadores

En Chile, la Iglesia perdió a los trabajadores, a los pobres, a las mujeres. En definitiva, hay un discurso todavía moralista

Pienso que hay una conciencia laical. Esta suerte de que todo lo tiene que hacer el clero y de que todo lo tenemos que esperar de los obispos, ya no da más

Hoy día la crisis está en la educación…. Cómo llegar a educar a los hijos es un tremendo tema

(En Chile) el Papa es querido aunque le hagan críticas

(A los mapuches de Temuco) los colonizadores les concedieron mejores derechos… a los pueblos originarios que los que hoy en día les concede nuestro Estado actual

No hay comentarios