Previa feliz, funeral ad portas

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Fuente:www.politika.cl

Leo Ferré cantaba eso de “Ils ont voté… et puis après?”, lo que en cristiano quiere decir: “Votaron… ¿Y ahí?”. ¿Qué pasa o qué pasó? Nada. Nos damos vueltas y vueltas en lo que los científicos llaman un ‘vortex’, fenómeno que en el mar -no solo en el mar- tiene la virtud de amontonar la basura, concentrarla. Crónica de un funeral anunciado. Un texto de Edmundo Moure.

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Previa feliz, funeral ad portas


Escribe Edmundo Moure – Julio 2017


La Derecha chilena ha tenido, el domingo pasado, su previa feliz. Tres candidatos: Sebastián Piñera, el sátrapa adinerado; Manuel Ossandón, el díscolo de la alianza “Chile vamos” (¡vamos, que es todo nuestro!), curioso espécimen que equivale, en las familias de prosapia (auténtica o inventada), al individuo conflictivo que rebasa los límites del buen comportamiento tribal y refuta la aquiescencia a los poderes tradicionales, a quien se permitirá la disidencia, en la seguridad de que ella no constituye auténtico riesgo para el estatus imperante y no pasará de ser una chiquillada de niño mimado, que volverá al redil, tarde o temprano; y Felipe Kast, el “niño bonito”, de fotogénica familia “kennediana”, que dice cosas en apariencia atrevidas, pero que sólo cumple el papel de consueta de su hermano mayor, Sebastián, a quien retruca en dialéctica publicitaria, pero que ama hasta el sacrificio de ofrecerle su votos impolutos, como una cortesana que se desprende del vestido.

El oponente de la Derecha en estas primarias, el aún bisoño “Frente Amplio”, fue el rival indicado para el lucimiento de las huestes piñeristas. Los fieles devotos del gran especulador acudieron en masa a las urnas (bueno, en masa no, que esto se refiere más bien al proletariado; digamos, en grupos abigarrados donde siempre debe destacar el individuo), para expresar esa curiosa voluntad ciudadana de quienes jamás han creído en la República ni menos en la democracia, salvo servirse de ésta para sus propios intereses subalternos. Los jóvenes del Frente Amplio, por su parte, cumplieron las modestas expectativas de superar los trescientos mil votos, consolidando una promesa que se proyecta ahora al año 2022 o al 2026; antes de eso, ni al más iluso se le ocurriría mirarlo como alternativa real de recambio de las gastadas estructuras partidistas y de los contubernios al uso.

El panorama no puede ser más promisorio para la Derecha. Con un millón y pico de votos adicionales obtenidos en la elección presidencial de diciembre próximo, Sebastián Piñera Echeñique, el Detestable, será ungido, por segunda vez, Presidente de la República de Chile. Por fin –aseguran sus partidarios– la economía recuperará su rumbo de productividad ascendente, se incrementarán los puestos de trabajo y se pondrá freno a la delincuencia (esto se prometió en la administración anterior del plutócrata, sin que se cumpliera un ápice de lo ofrecido, pero las promesas políticas –ya se sabe– son para eso).

De entre los otros candidatos que disputarán la primera vuelta, la única opción opositora considerable para Piñera es la de Alejandro Guillier, el tribuno periodista que, al decir de un candidato al reinado huachaca, “no calienta a nadie”. Ideológicamente anodino, sin otro programa que unas cuantas medidas de parche, tan vacuas como imprecisas, Guillier tiene ya la impronta inconfundible del segundón que no cortará la huincha en la meta…

No obstante, a falta de otras alternativas, con el apoyo decidido de socialistas, comunistas, pepedeístas y radicales estacionados, ideológicamente, en los años 40’, el postulante Guillier asegura tenerlas todas consigo para alcanzar un triunfo en las urnas, aunque sea en segunda vuelta, luego que desaparezcan del primer giro eleccionario Beatriz Sánchez, Marco Enríquez Ominami, Carolina Goic y algún otro u otra de los porfiados postulantes que van a la pelea sobre la base de la consigna: “postular es ganar”, afirmación que, según analistas, es certera, porque el sistema electoral paga y retribuye a los candidatos, sea cual fuere el resultado obtenido. Suma y resta, te puedes embolsar unos cuantos millones a fuer de salir “coleado”. (Aún me arrepiento de no haberme postulado a tiempo al sillón de O’Higgins).

-¿Qué hemos aprendido, entonces, luego de cinco lustros de democracia recuperada?
-¿Y quién le dijo a usted que se aprende algo con el oficio ciudadano?
-Ah, luego, usted se declara pesimista…
-Sí, y agnóstico del supuesto “progreso político”… Un país que padeció diecisiete años de brutal dictadura derechista-militar, más cuatro años de gobierno plutócrata y veintiuno de seudosocialistas, proclives a las transnacionales y servidores del continuismo neoliberal, dispuesto ahora a entregarse de nuevo al especulador y a su cohorte de explotadores profesionales, me parece de una indignidad a todas luces repudiable.

-¿Y cuál sería la solución?
-Lograr una conciencia ciudadana, despertar al gigante dormido, quizá invocando la canción de León Gieco:

Es un monstruo grande y pisa fuerte
Toda la pobre inocencia de la gente
Solo le pido a Dios
Que el engaño no me sea indiferente
Si un traidor puede más que unos cuantos
Que esos cuantos no lo olviden fácilmente…

-Pero los pueblos parecen no aprender las supuestas lecciones de la Historia. Todo se repite, como una especie de ciclo fatídico. Cuántos sueños frustrados, para desembocar en lo mismo: un caudillo inescrupuloso y venal que compra conciencias y voluntades, empezando por los llamados “medios de comunicación”, cuyos periodistas parecen simples voceros del sistema imperante, sin capacidad de análisis, poniendo en jaque, a punta de lugares comunes y frases hechas, a quienes expresan ideas divergentes en esos falsos foros que exhiben la televisión y la radio, mascarada de una democracia constreñida por los poderes fácticos…

-Todos cortados por la misma tijera, al servicio del poder que les paga la soldada, vulgares mercenarios de una profesión que parece haber extraviado su propósito esencial: mantener informada y alerta a la opinión pública.

-Estaríamos, pues, en el umbral de una nueva derrota en las urnas.

-Así lo creo; una simple asociación semántica confirma que las urnas nos auguran otro funeral cívico.

-QEPD.

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