De tanto “crecimiento”, de tanta riqueza producida por todos… ¿qué nos queda? La propina. La parte de león se la llevan los poderosos. Por eso no hay ni Salud ni Educación dignas de ese nombre. El Dr. Claudio Schuftan -desde la lejana ciudad Ho Chi Minh, donde vive- nos hace llegar una reflexión que podría devolvernos la salud…

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El derecho a la Salud


Escribe Dr. Claudio Schuftan


El debate sobre la nueva Constitución pone urgencia a la necesaria definición del “derecho a la Salud”. Soy de aquellos que plantean que los servicios y prestaciones médicas deben ser un derecho constitucional, un derecho social garantizado.

En este contexto hay que preguntarse: ¿Cómo se define el derecho a la salud que sería necesario garantizar? Veamos lo que esta en juego en nuestro país si se adopta el marco de los Derechos Humanos (DDHH) en Salud como es debido.

1. El marco de los DDHH –un nuevo enfoque hacia la salud– está basado en Convenciones de DDHH de las Naciones Unidas, Convenciones ratificadas y vinculantes para Chile y para más de 150 países.

2. En estas Convenciones, el derecho a la Salud (DaS) esta bien definido, con lineamientos concretos que ahora son parte de la ley internacional de Derechos Humanos.

3. El DaS parte por identificar los llamados Titulares de Obligaciones y los Titulares de Derechos en diferentes niveles. Una forma de establecer responsabilidades por un lado, y el universo de personas susceptibles de recibir prestaciones de Salud pública por el otro. Además, el DaS busca movilizar a estas últimas para que exijan el cumplimiento de sus derechos. No se trata de pedir por favor; se debe exigir que el Estado cumpla lo que solemnemente ratificó en las mencionadas Convenciones. Finalmente, el DaS requiere hacer un diagnostico de las violaciones a este derecho que sufren sectores postergados de la población.

4. Lo que precede da un vuelco cualitativo a cómo debemos percibir la Salud, identificando claramente los derechos, los titulares de esos derechos, y los titulares de las obligaciones (el Estado).

5. El DaS establece que la prestación de servicios debe ser accesible, adecuada, alcanzable económicamente y de calidad (AAAQ por sus siglas en inglés) para todo ser humano desde su nacimiento.

6. Esto significa que no puede haber discriminación de ningún tipo y sobre todo que deben ser abolidas las barreras económicas al acceso a la salud.

7. Ahora bien, si intentamos inscribir el DaS en la nueva Constitución chilena, debemos entender que:

a) No podemos olvidar que la obligación del Estado también rige en ‘la construcción social de la salud’, o sea, su obligación de actuar sobre las determinantes sociales y políticas de la Salud.

b) Los indicadores de salud en Chile son comparativamente buenos. El riesgo Nº 1 identificado en la actualidad lo constituyen los 200.000 obesos, cifra que crece continuamente. Me pregunto: ¿Vamos a tratar la obesidad y/o la diabetes o vamos a actuar sobre el consumo de dietas chatarra con alimentos y bebidas ultra-procesadas?

c) Lo mismo puede decirse del tabaquismo: ¿solo vamos a tratar los canceres de pulmón? ¿o vamos también a disuadir consumo de tabaco aumentando tasas e impuestos como hacen otros países?

d) En materia de salud mental: ¿vamos a continuar hiper-medicando a decenas de miles de deprimidos o abordaremos las causas de los desequilibrios emocionales?

8. Debemos entender que estamos en presencia de poderosos intereses creados a los que debemos oponernos sin miramientos: Big food, Big soda, Big pharma. Cadenas de comida chatarra, fabricantes de gaseosas azucaradas, grandes laboratorios farmacéuticos.

9. Debo agregar un elemento inevitable: La dicotomía publico/privada en el sector de la Salud es crítica en la aplicación del DaS: ¿Son mis estimados colegas médicos neutros en esta dicotomía? Para no hablar de los intereses del complejo medico-industrial al que también debemos oponernos.

10. Como se ve, la montaña a escalar es empinada. Al reflexionar sobre lo que aquí presento cada cual verá que agregar un ítem constitucional sobre el DaS en Chile no es sino un primer minúsculo paso hacia el respeto del Derecho a la Salud.

Cabe pues preguntarse: ¿estamos preparados y dispuestos en Chile para tomar la sartén por el mango en este tema tan crítico para todo el país?

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