“Este A. Zaldivar si que es cara de raja”

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ay sectores sociales cuya cercanía resulta improbable sólo para quienes miran sin ver. Arturo A. Muñoz describe la codicia que hermana a políticos, mega-empresarios y delincuentes. Sabroso.

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Políticos, megaempresarios y delincuentes sufren del mismo mal


A los 81 años de edad Andrés Zaldívar Larraín no se ha saciado. Sus propiedades agrícolas, sus bienes inmobiliarios, sus acciones en mega empresas y sus ingresos –que suman muchos millones de pesos mensuales– no le bastan. Quiere más.


Escribe Arturo A. Muñoz


Que la ambición rompe el saco no se discute, pero en el caso de algunos personajes dedicados de por vida a los afanes políticos, el refrán topa con serios problemas y pierde validez ante las miradas del respetable público.

Resulta sorprendente constatar que en algunos empresarios, políticos y delincuentes de calaña mediana y superior, la ambición jamás cede terreno ni se bate en retirada. Por mucho que los mencionados malandras hayan obtenido una engorda pantagruélica que les permite –a ellos y a su descendencia – vivir a lo pachá durante 300 años.

Créalo, amigo lector, contrariamente a lo que ocurre con la sed y el agua, en estos asuntos de dinero y ambición la cosa funciona de manera diferente. Vea usted el caso de Andrés Zaldívar Larraín, el mismo, el ‘chico’ Zaldívar, también conocido como el “Pimpinela” del mega empresariado. A los 81 años de vida no pierde la codicia. Comenzó su actividad política durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970) como Subsecretario de Hacienda. Luego, en 1973, fue electo senador por la 2ª Agrupación Provincial Atacama y Coquimbo. No juro que no haya llamado a las puertas de los cuarteles.

Una vez terminado la dictadura, volvió al Senado en 1989, representando a la Región Metropolitana, 7ª Circunscripción, Santiago Poniente. El año 1998 obtuvo su reelección por la misma circunscripción, y finalmente –en el año 2010– fue electo senador por la región del Maule Norte, 10ª circunscripción, período que debería terminar el año 2018.

Raya para la suma… Andrés lleva más de medio siglo ‘sirviendo’ al Estado. Cincuenta y cuatro años recibiendo una ‘dieta’ que está entre las más altas del planeta. Sin contar, por supuesto, la maquila que producen ciertas legislaciones dañinas para la sociedad civil, pero inmensamente fructíferas para algunas mega empresas. La ley de pesca por ejemplo, así como las leyes mineras, forestales e hidroeléctricas.

En el marco de la elección presidencial del año 2013, algún candidato señaló lo siguiente: “el señor Angelini hizo su riqueza gracias a los vínculos políticos que tenía con la Concertación (…) y gracias a la relación entre su grupo económico y el senador Zaldívar. Andrés Zaldívar sigue siendo un político corrupto” (sic). Nadie desmintió.

Sin embargo, a los 81 años de edad Andrés Zaldívar Larraín todavía tiene hambre. Sus propiedades agrícolas, sus bienes inmobiliarios, sus acciones en mega empresas y sus ingresos –que suman decenas de millones de pesos mensuales– no bastan. Quiere más.

“Tengo 81 años, pero no me jubilaré; voy a postular a la reelección senatorial”, declaró a la prensa hace sólo algunos días. Eso significa que de salir electo estaría en la cámara alta hasta cumplir 90 años de edad. ¿Exceso, disparate o enfermedad? No, ambición… eso es. Una frescura sin límites que abofetea la dignidad e inteligencia del electorado: se trata de un personaje severamente cuestionado por sus actividades políticas de ayer y de hoy, así como por su curriculum de verdadero predador favorable al mega empresariado.

Tal perseverancia en la misma actividad uno la había observado en los delincuentes comunes, esos que asaltan bancos, camiones blindados y cajas pagadoras. Esos malhechores nunca se satisfacen con lo robado y regresan una y otra vez a los afanes ilícitos. Hasta que finalmente caen y deben pasar el resto de su existencia tras las rejas. La ambición pasa factura cuando se transformar en vicio, en enfermedad, en sicopatía.

Lo comentado no se agota en Zaldívar Larraín, y se hace extensivo a otros nombres muy conocidos y frescamente actuales. Sebastián Piñera, para no ir más lejos, cuya ambición resulta ser tan grande que arriesga la dignidad y soberanía del país en beneficio de sus negocios personales. ¿Ambición o traición a la patria?

Opiniones vertidas por el personal de la CIA de la Embajada de EEUU en Chile, cuyos cables enviados a Washington publicó urbi et orbi Wikileaks, acusan a Tatán y lo dejan en descampado.

Uno de esos informes asegura: “Piñera ha estado vinculado en el pasado a un número de cuestionables acciones sobre sus negocios, pero los votantes parecen relativamente desinteresados por estas acusaciones, pese a que maneja tanto sus negocios como su política hasta los límites de la ley y la ética”.

Razón tenía Taylor Caldwell al afirmar que “la codicia es el más feo y detestable de los pecados, porque se alimenta de su propio apetito y nunca se sacia, y su rapacidad aumenta consigo misma”.

De ahí que no debiesen caer en el vacío las sabias palabras del ex presidente de la República Oriental del Uruguay, José ‘Pepe’ Mujica: “A los que les gusta mucho la plata, hay que correrlos de la política”. A Mújica sólo le faltó ponerle el nombre…

La gente tendrá que convencerse algún día de que la gran mayoría de quienes se convirtieron en mega millonarios, delinquieron. La mayoría de esos ultra millonarios amasó su fortuna robando, estafando al fisco y a los particulares, mintiendo, evadiendo impuestos y en algunos casos, como ciertos terratenientes de la Araucanía en los siglos precedentes, asesinando indígenas con el apoyo de un Estado que ellos mismos controlaban a placer, para agenciarse legal y gratuitamente las tierras ancestrales de esas etnias.

Cuán peligroso sería para nuestra sociedad actual que las mayorías ciudadanas fueran debidamente informadas de estos y otros asuntos por una prensa objetiva y profesional.

“Si los pobres empiezan a razonar, todo está perdido”… la frase es de Voltaire y fue pronunciada a mediados del siglo XVIII en los prolegómenos de la revolución francesa, la de Danton, Marat y Robespierre. Pero, la ‘aristocracia’ chilena sigue creyendo que al pueblo se le debe adiestrar sólo en el uso del martillo, la sierra, la pala, el alicate y la escoba. E informarle sólo de la farándula, del fútbol y la crónica roja, para impedirle subir algún peldaño en la pirámide de la reflexión y el entendimiento.

La clase dominante lo ha conseguido. Por eso Andrés Zaldívar, a sus 81 años de edad, amenaza continuar mamando de la teta del Estado, afirmado en la certeza de que hay suficientes chilenos desinformados y embrutecidos para proporcionarle los votos necesarios.

¿Se da cuenta, amigo lector? En materias políticas, mega empresariales y delictivas, la ambición dispone de un saco irrompible.

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