Uberear

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No busques el verbo Uberear en el diccionario: no está. Así va esta desatada “modernidad”, que nos ofrece la posibilidad de regresar al esclavismo creando la función y el verbo (el verbo ‘esclavear’ no existe…). Los economistas, los ex-pertos y quienes mangan en los pasillos del poder, encontraron la solución mágica para eliminar el desempleo: el “autoempleo”, que no es sino una forma de Uberear. Un texto de Daniel Pizarro, tan decapante como siempre.

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Uberear


Un texto de Daniel Pizarro


Dícese del acto voluntario de alquilarse con vehículo incluido como conductor y medio de transporte público para una empresa cuyos dueños son invisibles o al menos desconocidos para quienes ofrecen sus servicios, lo que en ningún caso viene a ser sinónimo de inmaterialidad.

En algún sitio del planeta, o en más de alguno, deben habitar los dueños de esa empresa que, como sugiere su nombre –Uber–, parece encontrarse en todas partes, por encima de todo y al mismo tiempo en ningún lugar específico. La empresa recibe una cuarta parte del valor de cada viaje, digamos por la virtud de su ubicuidad. Quien uberea puede llevarse el resto, siempre y cuando sea propietario del vehículo y no se alquile a su vez como conductor de un auto ajeno. Ese sería otro trato entre privados.

El que uberea puede avisar una noche cualquiera, como hace X: Salgo a uberear. X se lo dice a sus padres, que hace unos meses le regalaron un auto. En vez de quedarse viendo televisión o navegando por Internet, en vez de leer un libro, en vez de juntarse con amigos o con su polola, o incluso en vez de masturbarse, X sale a uberear para hacerse unas monedas, como dice, aprovechando el tiempo libre.

Cuando X uberea le gusta conversar con los pasajeros. Esas conversaciones duran lo que dura la carrera, naturalmente. X conoce gente interesante en los viajes, que a veces le cuenta cosas interesantes. Personas que no verá nunca más, probablemente. Naturalmente.

A todo esto, cuando X no uberea es porque se encuentra en mil otras cosas. La mayoría tiene que ver con la universidad donde estudia. Y la mayoría dentro de esa mayoría tiene que ver con actividades políticas. X participa (no milita) en una organización o grupo contestatario o alternativo, o de izquierda, dentro de la universidad (es difícil de calificar el grupo, es mucho más fácil decir que X uberea). Ese grupo u organización coexiste, convive o cohabita, o acaso se confronta, con otros grupos de inspiración bastante similar, por no decir idéntica, para quien observa desde el exterior de la universidad. Pero para quien observa desde dentro, digamos “al microscopio”, las diferencias entre esas organizaciones son notables y en la mayoría de los casos insalvables, y esa discrepancia de visiones debe ser muy cierta y justificada si tenemos en cuenta que ni siquiera los resultados de la astrofísica son del todo compatibles con los de la física cuántica, según dicen los expertos.

Por lo pronto X se entrena o es entrenado, no se sabe muy bien para qué. El hecho es que aprende muchas cosas necesarias mientras uberea y dedica parte del día a estudiar las posibilidades como a la carta que ofrecen los postgrados en el extranjero, que en estos tiempos pueden combinarse para formar los currículos más especializados del mundo, como un plato aliñado al gusto personal.

Decimos que mientras tanto X uberea y también pololea y sin duda huevea, con perdón de la expresión. Así, sin duda, es como seguirán pasando los años. Entretanto X le da vueltas a la idea de comprarse a crédito otro vehículo, con la ayuda de sus padres, pues está viendo que no es malo el negocio de uberear para esa empresa ubicua e invisible, pero material a fin de cuentas. La idea es conseguir un conductor y ofrecerle un porcentaje de lo que queda tras la primera tajada de Uber. Y a todo esto X está pensando en su primo Nito, antropólogo, que perdió el empleo de vendedor en una multitienda, y que en realidad sueña con dedicarse a estudiar los vestigios de culturas precolombinas, un poco a lo Indiana Jones, pero que nunca ha conseguido un trabajo parecido, y ya se ve que Nito necesita alimentar a su familia, no es mala la opción de ponerse a uberear, un verbo que a todo esto se conjuga así: yo ubereo, tú ubereas, él uberea, nosotros ubereamos, vosotros ubereáis, ellos uberean; todos uberean.

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