Sin miedo a la democracia

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“Podemos decir que sabemos y conocemos en amplitud lo que pasa, que los políticos se han vendido al capital, y se dedican más a robar al pueblo que a gobernarlo.” Carlos Tortin no se pierde en el camino, y va derecho al objetivo. Otra Crónica de Flandes…

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Sin miedo a la democracia

Crónica de Flandes


Escribe Carlos Tortin


Desde hace bastante tiempo nos enteramos a través de artículos, crónicas, entrevistas e incluso conferencias y foros, de la corrupción a gran escala en la política nacional. Podemos decir que sabemos y conocemos en amplitud lo que pasa, que los políticos se han vendido al capital, y se dedican más a robar al pueblo que a gobernarlo.

En el escenario político y social, se aprecia una conciencia amplia del fenómeno, acompañada de una creciente movilización de descontento y protesta. Observamos que es un imperativo social la manifestación, la protesta y los llamados a fortalecer las organizaciones independientes para hacer frente a los poderes opresores. Ya que desde los actuales órganos de poder no vendrán soluciones, ni para democratizar el país y ni para dar respuesta a las demandas sociales.

En el plano social, el imperativo pone el acento en la lucha contra los bajos salarios y las miserables asignaciones familiares; contra el robo de los fondos de pensiones; contra las leyes laborales esclavizantes; contra los robos en Codelco y por la nacionalización de los recursos naturales; por el derecho a una educación gratuita y de calidad; por el derecho a la vivienda y a la salud; por el derecho al agua y la defensa del medio ambiente; contra los créditos hipotecarios abusivos, que no se terminan nunca de pagar. En suma, por la defensa y promoción de los derechos sociales.

En el plano político, por una Asamblea Constituyente que elabore una Constitución democrática, rechazando el proceso constituyente trucho que las autoridades han puesto en marcha. Por los derechos históricos del pueblo Mapuche. Por poner fin a la corrupción, sabiendo que para eso hay que prohibir por ley el financiamiento privado a los partidos, y de paso nacionalizar a los políticos, para empezar.

La enumeración de todos los problemas que dan forma y contenido a la crisis, nos debiera, al mismo tiempo, abrir un espacio para agudizar la mirada y analizar esta problemática en perspectiva. Para integrarnos en esa dinámica que proponen dirigentes sociales y especialistas, quienes mencionan la necesidad urgente de encontrar una alternativa, una vía de solución, con propuestas y, por qué no, con la búsqueda de respuesta a diferentes interrogantes.

La constatación del problema, requiere de una política para enfrentarlo, hasta ahí estamos claros. Una política no sólo coyuntural, sino con visión de mediano y largo plazo. Y definir claramente el rol que pueden y debieran jugar las fuerzas sociales independientes.

En esta perspectiva, podemos preguntar si hay acogida amplia a los llamados a la unidad de los diferentes actores sociales, con el propósito de aumentar la movilización y la protesta, crear un estado de descontento y desobediencia civil creciente. Preguntar si el diálogo social está produciendo el necesario acercamiento y acuerdos unitarios entre organizaciones sindicales de la minería, del comercio, de la construcción, de la salud, de las forestales, de la pesca artesanal, del profesorado, de los empleados del sector público y bancarios, de las plataformas No + AFP, y otras, y de estas con organizaciones estudiantiles, de pobladores y asambleas ciudadanas.

Entendiendo lo que diferentes dirigentes han expresado, que se trata de unir a las fuerzas sociales independientes.

Podemos preguntar si la unidad y coordinación social que se propone, debiera al mismo tiempo abrir paso a la coordinación y trabajo conjunto con movimientos políticos. Con aquellos movimientos, democráticos y anticapitalistas, que crecen al margen del sistema corrupto y son opuestos a las representaciones políticas que dan sustento a la opresión. Para construir una fuerza amplia y democrática, que permita unir por vez primera en igualdad de condiciones a organizaciones sociales y organizaciones políticas, creando una nueva perspectiva organizativa y cultural.

Tenemos muy incorporado el concepto de representación a través de los partidos políticos. Podemos, sin embargo, preguntarnos si los movimientos sociales tienen derecho a representarse políticamente, o podrían tenerlo, como tales, sin intermediarios, dejando en el baúl de los malos recuerdos la política de subordinación, de cooptación, de ser carro de cola de supuestas vanguardias.

Si respondemos positivamente a esta interrogante, haríamos presente un desafío dentro del campo popular, abriendo un debate sobre una nueva concepción de la representación política, y sobre la construcción de una fuerza democrática independiente, donde los movimientos sociales puedan marchar hermanados con los movimientos políticos y definan juntos los programas y las metas. Sin necesidad de subordinaciones y hegemonías.

Podemos preguntarnos si es esta una tan descabellada propuesta, que llevaría a romper con el esquema tradicional, que muchas veces se ha definido como “la dictadura de los partidos políticos“, que es cosa seria. Es un monstruo grande y pisa fuerte.

Si acordamos que no es tan descabellada, podemos imaginar, a partir de ahí, la creación de un frente político-social, o social y político si se prefiere, donde se abra el diálogo amplio y democrático, sin sectarismos ni afanes hegemónicos, que permita definir programas y escenarios para la lucha social y política en su conjunto. Donde se pueda mirar todo en perspectiva, en el entendido que este frente será un espacio abierto a la incorporación de nuevas organizaciones, en la medida que vayan madurando y adhiriendo a esta alternativa.

Esa política amplia y fraternal, si se asume con firmeza y convicción, permitiría ordenar todas las reivindicaciones sociales y populares que se vienen enunciando desde hace años y ponerlas en movimiento a través de un frente unido, o federación, o como se le llame.

Podemos preguntarnos si ha llegado la hora de poner en práctica las lecciones que venimos sacando desde hace décadas, cuando nos dimos cuenta que los procesos dominados por verticalismos, la cooptación de dirigentes y movimientos sociales completos tuvieron su época. Que hace falta estimular lo que se está construyendo con nueva sabia: dar paso a la democracia directa, en los movimientos sociales y políticos.

Preguntarnos si podemos dejar atrás mañas, muñequeos y el uso de terminologías despectivas, como esa que llama “ las masas “ a los movimientos sociales, sabiendo que allí podemos encontrar gente tanto o más sabia, experimentada y competente que muchos supuestos líderes de partidos políticos.

Podemos dejar de pensar en la vieja política de subordinación, donde los movimientos sociales son clientes de los partidos, pozo inagotable de votos y militantes.

Podemos preguntarnos si nos damos cuenta que hay indicios de un nuevo proceso de emancipación social. Con ideas y protagonistas nuevos. Movimientos sociales y políticos que se enfrentan a este sistema que ya se ha definido antes como la continuación de la dictadura por otros medios, que ha dado forma a esta democracia jurel tipo salmón, en lenguaje chilensis.

De procesos de emancipación, el pueblo chileno tiene memoria. El más grande, tal vez, se vivió durante el gobierno popular. Y fue aplastado por el golpe y la dictadura militar-patronal.

En el siguiente, que ocurrió durante la propia dictadura, las organizaciones sociales y los rebeldes de todo el país logramos crear un gigantesco movimiento de Protesta y Resistencia, soñando con una nueva democracia. En ese proceso heroico, los partidos de izquierda y centro izquierda se incorporaron para dar una dirección política, demostrando más tarde que no estaban a la altura del desafío popular, abandonando sus puestos, la mayoría de sus dirigentes, en el momento decisivo, poniéndose a la cola del proyecto liberal burgués, dando la espalda en forma definitiva a ese pueblo rebelde que puso la vida y los muertos en esa gesta.

Sin embargo, el legado y la experiencia histórica queda, y se transmite. Es lo que estamos comprobando en la práctica concreta: el crecimiento de movimientos sociales independientes, soberanos, amplios es su composición, que exigen respeto y buscan la unidad de los dispuestos a protagonizar su propio proceso de emancipación.

Para resolver y consolidar, puede que haga falta romper antiguos mitos y perder el miedo a la democracia.

Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

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