La insoportable hipocresía nacional

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Fuente: www.politika.cl

Hablando de identidad nacional, hay un trazo de carácter que parece estar inscrito en el ADN: la hipocresía. Al menos eso piensa Edmundo Moure, que nos da algunos ejemplos relacionados con la ignominia del SENAME…

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La insoportable hipocresía nacional


Escribe Edmundo Moure


Por estos días asistimos a una condolida campaña publicitaria en los medios de información y a la consiguiente “rasgadura de túnica” de los mismos que han sostenido, sostienen y promueven un orden de cosas aberrante en este país donde campean los hipócritas -sin siquiera con un ápice de la elegancia británica para disfrazar la realidad-, ostentando, por el contrario, un aire de falso arrepentimiento y roñosa contrición de confesonario.

La atroz e injustificable muerte de cientos de niños al cuidado de casas de acogida del SENAME, obedece, sin lugar a dudas, a una política socioeconómica que es fruto de la ideología del liberalismo a ultranza que nuestra sociedad ha abrazado, con entusiasmo e impudicia, desde septiembre de 1973, por tirios y troyanos, sin excepción. Veinticinco años de esta tibia y contradictoria democracia de mercado no han servido para llevar a cabo transformaciones profundas ni menos estructurales.

El crimen social que se arrastra por décadas en el SENAME no es el único que debiera conmovernos. En Chile son sujetos y ciudadanos de tercera o cuarta categoría los niños desamparados, los viejos que mueren solitarios en los asilos, los miles de “migrantes internos”, es decir, los individuos que componen ese grupo heterogéneo y numeroso que llamamos “gente de la calle”, especie de exiliados dentro de su propio país; asimismo, los menores de edad víctimas de vil trabajo asalariado, las mujeres que revientan sus pulmones catorce o más horas diarias para mantener a la prole en los campamentos periféricos de nuestras “modernas” ciudades: Santiago, Valparaíso, Concepción, Antofagasta, Iquique…

También los millares de indigentes que carecen de acceso a la salud y a una alimentación apropiada y los millares de trabajadores callejeros sin previsión ni seguridad social…

¿Y qué me dicen de las mujeres golpeadas, asesinadas, víctimas cotidianas de violaciones y despojos?

Pero en las cúpulas donde reptan y se coluden, sin problemas de conciencia, los poderes políticos y económicos, se destacan presuntos resultados estadísticos, exhibidos hasta la saciedad, para “demostrar” que vamos mejorando, que “hemos derrotado a la extrema pobreza”, y otras falsedades de parecido jaez que no propenden ni siquiera a paliar los efectos de un proceder inhumano que es ya parte constitutiva de nuestra cultura enfermiza.

Como hipotética solución a los males endémicos se pregonan los beneficios, a mediano y largo plazo, de iniciativas de “emprendimiento”, panacea que es otro de los espejismos con que se procura “emborrachar la perdiz”, olvidando que esta vieja prédica, en cuanto a resultados masivos y viables, está sofocada, de antemano, por quienes concentran, cada día más, el poder económico y financiero en un puñado de familias y holdings empresariales, desde donde hace mucho no “chorrean” superávits ni manás de ninguna clase hacia la hucha de los más pobres.

Cuando en 1971, bajo el gobierno de Salvador Allende, se implementó la efectiva campaña social del “litro de leche diario” para los niños de Chile, la misma Derecha que hoy clama por justicia y reparación para los infantes fallecidos en el SENAME, vociferó a los cuatro vientos que se trataba de una “medida populista”, cuyo único resultado sería la debacle económica para las empresas lecheras, en virtud de una “competencia desleal” promovida por el Estado.

¿Qué tal? Son los mismos expoliadores de menores de edad en las minas de carbón, en los fundos, en las fábricas y en servicios denigrantes. Ellos han levantado su prosperidad, secularmente, sobre los cadáveres de millares de desamparados, no lo olvidemos, con la complicidad institucional de entidades que debieron privilegiar el bien común por encima de intereses egoístas basados en la codicia. Para ellos, el “valor de la vida” es otro de sus guarismos mercantiles al uso.

Sí, es cierto que todos somos responsables, en alguna medida y compromiso, de lo ocurrido en el SENAME. También los somos de todas las injusticias y aberraciones que a diario se cometen, que se mantienen en ominoso silencio mientras no sean “noticia de primera plana”, como ocurre, por ejemplo, con los atropellos y el avasallamiento militar del pueblo mapuche, cuyos abusos seculares de despojo y tropelías suelen minimizarse a través de la contrapartida de un falso “terrorismo”, empleando imágenes sensacionalistas y burdos montajes de las empresas forestales, manipulados por la prensa audiovisual al servicio de los poderosos, para ocultar las verdaderas causas de un conflicto centenario del que los chilenos, como Estado y Nación, no nos hacemos cargo -nunca lo hemos hecho en dos siglos y pico de República-, omitiendo, en reacción sociológica elusiva y de auto-odio, que el setenta por ciento de nosotros tiene genes mapuches, producto del innegable mestizaje, aunque pretendamos, con patética hipocresía de indianos coloniales, ser “europeos” o hijos con credencial al día de la vieja y gastada Europa.

Hoy por la mañana he visto, con cierto estupor y algo de repulsión, un corto publicitario que exhibe ceñudos rostros de conocidos, tanto del teleteatro, de la política como de la farándula, llamando, desde una especie de lloriqueo farisaico, a sentirnos responsables de la mortandad infantil ocurrida en SENAME. ¿Qué significa esto?, ¿A qué apunta?

Es la nación organizada, a través del Estado, como ente activo de gobierno, quien tiene que abordar y procurar una solución definitiva a este asunto y a otros que menoscaban y perturban, día a día, nuestra convivencia social, fracturada a extremos intolerables por la inequidad y la injusticia. Esto no se soluciona con minutos de silencio teatrales ni con avemarías de falsa contrición, sino con hechos de resuelta voluntad comunitaria. Lo otro es caer en esos periódicos ritos mediáticos de mala conciencia que ya son parte del calendario de nuestra insoportable hipocresía nacional.

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