SEMANARIO POLÍTICO AURORA ROJA, Edición N° 30, 04 de octubre de 2016

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INTERNACIONAL. Chantal Mouffe y el populismo de izquierda como alternativa en Europa1 En el marco de la Universidad de Podemos realizada entre los días 22 al 25 de octubre del presente año en la Universidad Complutense de Madrid, la reconocida profesora Chantal Mouffe expuso su visión sobre el populismo como alternativa en Europa. Estas notas se redactaron a partir de dicha exposición. Para Chantal Mouffe el populismo es una forma de construcción de una frontera política a partir de un “ellos” y “nosotros”: los de arriba y los de abajo. No es una ideología y sería compatible con distintas fórmulas institucionales. ¿Qué significa una hipótesis populista hoy en Europa? Maquiavelo dice que para un análisis político hay que partir de la verita effettuale della cosa: hay que partir del estado de verdad de la cosa. Para Althusser, esta frase significaría que debe pensarse desde la coyuntura y para Maquiavelo la coyuntura era la constitución de una Italia como Estado-Nación. En este sentido, Chantal Mouffe considera que se debe analizar la coyuntura actual en Europa, la cual podría denominarse como un estado de postdemocracia. Ante dicha coyuntura, las preguntas serían cómo restablecer la democracia y cómo recuperar la soberanía popular. En tanto que su análisis de coyuntura es sobre Europa, reconoce que su hipótesis no aplicaría de igual forma a América Latina. Para entender el concepto de postdemocracia, primero debe entenderse el concepto de democracia. Más allá de su significado etimológico del gobierno del demos o pueblo, la democracia siempre existe en circunstancias específicas. En Europa cuando se dice democracia se está hablando de la democracia occidental, que es un modelo originado a 1 Notas tomadas por Javier Pineda, asistente de la Universidad de Podemos. Las notas transcritas no representan la opinión del redactor. Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 partir de la articulación de la tradición del liberalismo político (separación de poderes, libertades individuales, derechos del hombre y el ciudadano y pluralismo) y de la tradición democrática (igualdad ante la ley y soberanía popular). En el libro titulado “La Democracia Liberal y su época”, el profesor canadiense de Ciencias Políticas C.B. Macpherson, relata la construcción de la democracia occidental a lo largo de la historia. Su origen sería contingente y se enmarca dentro de las luchas de liberales y demócratas en contra del absolutismo. La alianza entre liberalismo y democracia no sería “natural”. Por ejemplo, Carl Schmitt sostiene que la democracia liberal (representativa, constitucional, moderna, pluralista, etc.) es un régimen inviable por que la democracia niega al liberalismo y el liberalismo niega la democracia. Inevitablemente esta situación termina en crisis. Por el contrario, Jürgen Habermas dice que hay cooriginalidad entre democracia y liberalismo, por lo cual no serían contradictorios. Para Chantal Mouffe, en cambio, no existiría una perfecta igualdad entre liberalismo (asociado al principio de libertad) y democracia (asociado al principio de igualdad). Siempre habría una tensión entre estos dos principios, lo cual permitiría el pluralismo. Esta tensión sería agonista: no hay posibilidad de reconciliación, pero sí habría una negociación hegemónica (en la cual uno de los principios predominaría), lo cual hace posible que ninguno de los principios aniquile al otro. Bajo estos supuestos, la democracia sería la apertura o posibilidad de tener una lucha entre estos dos principios: igualdad y libertad. La situación postdemocrática significa que esa tensión entre igualdad y libertad ha desaparecido. Con el neoliberalismo la parte democrática ha desaparecido o está muy subordinada. En general, cuando se piensa en democracia se asocia a la idea de derechos humanos y no se asocia a soberanía popular, lo cual es un error académico. El neoliberalismo ha producido una dominación prácticamente total de la lógica liberal, tanto a nivel político como económico. A nivel político estaríamos ante la postpolítica, denominada también “tercera vía” cuya manifestación teórica la encontramos en Anthony Giddens (destacando su libro Más allá de Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 la izquierda y la derecha) y su manifestación política en los gobiernos de Tony Blair en Reino Unido y Bill Clinton en Estados Unidos. Para la tercera vía no habría izquierda ni derecha en conflicto. Los partidos otrora de izquierda pasarían a denominarse de “centroizquierda” (vaya invento) y no tendrían ninguna diferencia con los partidos tradicionales de derecha. No existiría una alternativa a la hegemonía liberal y ya no se trataría de cambiar al neoliberalismo sino simplemente se reduciría la política a una cuestión de administración (management). Todo lo relacionado con soberanía popular se ha difuminado y los electores no tendrían capacidad de decisión. Esta situación se plasma muy bien en un lema de los indignados: “tenemos voto pero no tenemos voz”. A nivel económico estaríamos ante la posteconomía, que ha significado un desarrollo exponencial de la desigualdad (lo cual comprobó Tomás Pikkety). A diferencia del contexto económico cuando gobernaba la socialdemocracia, actualmente existe una enorme separación entre los súper-ricos y las clases populares, entre las cuales se incluiría a las capas medias precarizadas. Esto ha significado una oligarquización de la economía. El principio de igualdad sería abandonado, dando paso al mero consumo y una supuesta capacidad de escoger. Ante este escenario de postdemocracia, de postpolítica y de posteconomía, se necesitaría en Europa un movimiento político populista para restablecer la tensión entre igualdad y libertad. Las ideas de soberanía popular e igualdad deberían estar al centro del discurso. Hay que construir un demos, un pueblo: esto sería denominado el momento populista. El pueblo concebido como categoría política no existe, sólo existiría población (que corresponde a una categoría sociológica). Hay varias maneras de construir el pueblo: lo que está en juego es la construcción de un nosotros, para lo cual es necesario construir un ellos. En el libro Hegemonía y Estrategia Socialista escrito por Chantal Mouffe y Ernesto Laclau, hablan de establecer una cadena de equivalencia. Esto significa que el pueblo debe constituirse a partir de una serie de luchas democráticas, que no necesariamente convergen (incluso puedan estar en tensión), pero que se debe encontrar el mecanismo para federarlas y construir pueblo. Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 Pero esa no es la única manera de construir un nosotros. En Europa existen varios países que están adelantados al momento populista y han logrado construir un pueblo (o están en vías de hacerlo). Un ejemplo de esto es el Frente Nacional encabezado por Marine Le Penn en Francia cuyo lema es “en nombre del pueblo”. Están construyendo pueblo, es una construcción populista, pero de derecha. Es un pueblo que no incluye inmigrantes y estos han pasado a ser el ellos. Es un populismo que restringe la democracia. Estos movimientos no pueden ser reducidos al mero racismo y detrás esconden demandas legítimas, según Mouffe. Si todo el pueblo fuera fascista no se puede abandonarlo, como lo está haciendo actualmente la socialdemocracia europea, que ha restringido su discurso a inmigrantes y clases medias, abandonando a las clases populares. Lo que se necesita es una ofensiva populista de izquierda que trate de ocupar ese terreno. La gente no vota por los populistas de derecha porque sean fascistas y/o racistas, sino porque se sienten abandonados: son los perdedores de la globalización y los responsables son los partidos socialdemócratas. Pero la izquierda tampoco ha estado a la altura por diversas causas. Una de ellas corresponde a problemas teóricos: no entienden que en la política existen fronteras, no hay consensos, sino negociación. Para la constitución del pueblo (delimitación de fronteras políticas) los afectos tienen una importancia gravitante. La política necesita construir afectos comunes que compongan un nosotros. Se necesitan identificaciones que los constituyen como sujetos, que dan una imagen de sí mismos. El pueblo tendría una dimensión libidinal (en términos de freudianos) que es negado por la izquierda racionalista. Según Chantal Mouffe, la izquierda racionalista le objetaría que en su aproximación teórica al populismo no puede diferenciar entre derecha e izquierda porque no contaría con un criterio teórico para realizar la distinción. Pero Chantal considera que su perspectiva es antiesencialista, es decir, no tiene criterios teóricos, sino que toma partido. Hablar de populismo de izquierda significa que la política debe ser partisana, se debe tomar posición. No se trata de populismo bueno ni malo, ni de populismo reaccionario ni progresista. Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 La distinción sería entre un populismo cuyo objetivo es restringir la democracia (populismo autoritario o de derecha) y otro cuyo objetivo es ampliar la democracia (populismo de izquierda). El concepto de izquierda, al igual que el de populismo, deben ser resignificados y no abandonados. Esta resignificación no pretende ser universal: sería sólo aplicable al contexto europeo, cuyo concepto se construye a partir de la Revolución Francesa y no sería aplicable a América Latina, por ejemplo. En el populismo, la construcción del nosotros y del ellos dependerá de a quién pertenece a cada categoría. Existe un antagonismo entre el nosotros y el ellos: es un conflicto que no tiene resolución racional, por eso es política. Este antagonismo puede ser puesto de distintas formas: (i) la relación entre el nosotros y el ellos sería una relación entre amigo/enemigo lo cual se denomina como populismo antagonista, cuyo mayor ejemplo es la Revolución Francesa. En algunas situaciones es justificado, como en aquellos casos que se debe destruir un régimen dictatorial; (ii) en cambio, existiría un populismo agonista, en el cual el ellos no es un enemigo sino un adversario, lo cual correspondería a las necesidades actuales de Europa: no se busca destruir la democracia representativa ni el republicanismo democrático, por el contrario, se busca resignificar estas instituciones, radicalizándolas y poniéndolas al servicio del pueblo. Se trataría de la construcción de un republicanismo plebeyo, como lo denominaba Maquiavelo. En definitiva, para Chantal Mouffe, en el actual contexto político que enfrenta Europa, una apuesta democrática debe ser populista de izquierda, pues sería la única manera de impedir un populismo de derecha. Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 NACIONAL: Entrevista a Manuel Ahumada Lillo, Presidente de la CGT y del Comité de Iniciativa por la Unidad Sindical (CIUS)2 En el marco de la deslegitimación de la clase dominante y de la institucionalidad política, de elecciones fraudulentas en la CUT y de unas próximas elecciones municipales donde Manuel Ahumada Lillo se presenta como candidato a Alcalde de la comuna de San Bernardo por el pacto Pueblo Unido, Daniel Morales, militante del Frente de Acción Socialista, entrevista al dirigente del CIUS. DM: Las próximas elecciones presidenciales estarán marcadas por un contexto de deslegitimación del sistema político con sendos casos de corrupción que se han conocido en los últimos dos años, y sin embargo, ya se han levantado candidaturas en la Nueva Mayoría y en la derecha con caras ya conocidas. ¿En este contexto, cree usted posible que se levante una candidatura alternativa al duopolio? MA: La primera cuestión a tener en cuenta, es que hay un escenario deslegitimado y con corruptela, pero que, sin embargo, es el que va determinado a quien se le entrega el poder, lo que hasta ahora, ha resultado nefasto. Por lo tanto, pareciera errada la orientación que hizo en algún momento, de llamar al pueblo a abstenerse de participar de un proceso que no le iba a servir. No comparto la tesis de que la abstención podría deslegitimar todavía más este proceso. Los candidatos que tenemos hoy en la Nueva Mayoría y la derecha, son los representantes del capital, con la potencialidad de que algunos quieren dirigir marcadamente con el poder del mercado y otros quieren humanizarlo, pero responden a la misma lógica. En este escenario, se viene un problema para el pueblo, porque si bien se han creado instrumentos, son de poco valor cuantitativo y cualitativo. Entonces, el mayor problema es que hoy existe una carencia de dirección, sin embargo, hay que ser claros, hay que terminar con la suerte de mesianismo. Por una parte, se ha llamado un Frente Amplio, que quieren hacer cambios y ajustes al sistema, pero que en su gestión hoy, es absolutamente afín al 2 Entrevista realizada por Daniel Morales, Espacio de Inserción Sindical del Frente de Acción Socialista. Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 modelo, ya que por ejemplo en el proceso de reforma laboral se negaron a escuchar al sindicalismo de clase. Incluso, respecto del resultado de la reforma, tampoco tuvieron influencia en su manejo y producto. Por tanto, el modelo nos quiere instalar un sector marginado del duopolio como alternativa, sin embargo, es el pueblo quien debe tratar de crear y generar un instrumento que avale sus propias demandas, instalando su propio programa. Por ello, es una obligación de que los sectores que nos reconocemos como anticapitalistas, que nos unamos y busquemos presentar una candidatura de clase, con todos los títulos y complicaciones que ello implique. Solo así se podrá lograr que el pueblo avance realmente en la instalación de un programa propio. DM: ¿Cómo articular todas las demandas temáticas que los movimientos sociales han instalado durante el último tiempo en torno a un rechazo general al sistema? ¿Se puede comenzar a superar al neoliberalismo desde el sentido común? MA: Me llama profundamente la atención una falla de la que adolecemos quienes estamos en el mundo popular y clasista, y es que nos entusiasmamos de manera fácil con cualquier escenario que aparente o que intente reflejar el rechazo del pueblo al modelo y apostamos todas nuestras fichas a este tipo de movimientos. Por ejemplo, creo que en el movimiento NO+AFP es necesario insuflarle más elementos de clase, que la gente hoy no los percibe. Hay un manejo de los medios, porque este tipo de demandas, sean puras y prístinas, fuera de todo partido o tendencia política, pero se nos olvida que el sistema de AFP fue impuesto por una dictadura a sangre y fuego. El problema es que como pueblo nos falta una propuesta de cara a estas temáticas. Nos falta un programa que sea capaz de explicar estas demandas. Si nosotros no aprovechamos la efervescencia que las movilizaciones contra las AFP han levantado y no somos capaces de convencer al mundo popular que esto se cambia solo si la fuerza se transforma en organización, podríamos generar un gran fracaso, porque el modelo no va a ceder tan fácil a uno de sus pilares. Entonces la pregunta es, ¿cuál es la demanda por la cual vamos a ir guiando la lucha popular? El retroceso o el estancamiento de demandas y movimientos populares anteriores, se debe a la incapacidad de explicarle al pueblo que es lo que se quiere y cuál es la propuesta que se debe generar desde el propio mundo popular. Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 DM: Pueblo Unido es una plataforma que agrupa a diversos sectores políticos, con militancia partidaria y otros independientes. ¿Cree usted posible que la plataforma se mantenga luego de las elecciones municipales y presidenciales de 2017? MA: Mi participación en la plataforma es como independiente, y creo que nuestra principal tarea es no caer en el peligro de sostener que la vía electoral es un fin en sí mismo, sino que es un medio para organizar y educar. La plataforma podría llegar a jugar un interesante rol si logra recepcionar de manera correcta la percepción que sus candidatos están obteniendo en su contacto con el pueblo. Por ejemplo, en San Bernardo vemos un pueblo asqueado y aburrido, pero también desprovisto de ganas e intenciones de luchar. Nosotros hemos sostenido esta candidatura con un discurso de articulación, de conciencia y de clase. Si Pueblo Unido se hace parte de ese clamor, puede llegar en buenas condiciones a presentar candidato parlamentario e incluso presidencial. Si se lograra amalgamar estas demandas populares en un programa, podría fomentar la participación en la vía electoral, pero solo como instrumento, ya que por ejemplo nosotros en nuestra candidatura, hemos ido ayudando a formar sindicatos. Vamos a crear un equipo de apoyo sindical y social permanente en la comuna demostrando que las campañas electorales no se agotan en la elección misma. Nosotros vamos a continuar después del 23 de octubre. Por ello, las elecciones solo sirven como instrumento para devolver la fe y la esperanza en que sí se puede cambiar la realidad. El espacio electoral hay que ocuparlo, pero para concientizar. Nosotros, los de la verdadera izquierda, la que no transa, tenemos que volver al pueblo, como dijo Víctor Jara, no digamos que hay que bajar al pueblo, hay que subir al pueblo y es esa la lección que debemos tomar de este proceso y transformarlo en el programa. DM: ¿Cuáles son los principales ejes de su candidatura como alcalde en San Bernardo? MA: En San Bernardo tenemos algunos puntos principales. Primero, transparencia municipal y devolver a los ciudadanos la confianza en ellos. Por ejemplo, proponemos una oficina de asesoría directa de apoyo en cuestiones que el sistema no lo hace. De igual manera, hay que Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 implementar un concepto de seguridad comunitaria, adverso al modelo de seguridad ciudadana que impulsan los medios de comunicación y los partidos políticos del capital, sosteniendo que son necesarios más carabineros, más cárceles. No, hay que volver al principio de la solidaridad entre los habitantes y pobladores de un mismo lugar. La sociedad comunitaria podría renacer el concepto de trabajo comunitaria. DM: Cambiando de tema, recientemente se han conocido los problemas que existieron en las elecciones de la CUT, con una serie de acusaciones cruzadas entre candidatos y que devela un problema de legitimidad en el sistema de voto y el proceso eleccionario en general. ¿En este contexto, cree usted necesario y viable la construcción de una nueva Central de Trabajadores? MA: Hay que hacer algo de historia y es que por mucho tiempo fueron los partidos quienes dieron la pauta para la política sindical. Partidos que se declaran obreros hasta el día de hoy. El problema es que el partido cambió y la visión que tenían respecto de su relación con el movimiento obrero también, ya que, en lugar de servir, comenzó a “servirse de” el pueblo trabajador, y en este aspecto, creo que nos faltó mayor independencia y autonomía. Esta pertenencia partidaria es la que le salvó la vida al sindicalismo durante la dictadura, pero hay allí una costra de mugre que no ha sido destruida. Una costra que tiene que ver con corrupción, con vida de lujos, con disipaciones que no se venían con la vida dura que se vivía. La CUT nace en este contexto. La crisis que hay hoy al interior de la CUT, es una crisis de posicionamiento político respecto de las elecciones del otro año. Es una crisis de partidos. Por ello no es extraño que la alianza sea entre comunistas y democratacristianos. Lo que se está viviendo es una repetición de una forma errada de hacer sindicalismo. Hoy por hoy, Bárbara Figueroa llega en una posición completamente deslegitimada a enfrentar el próximo periodo frente a la Central. Por eso, aunque se respondiera a demandas históricas del clasismo desde la CUT, esta última elección deja claro que hay que pensar seriamente en la construcción de una central de clase que asuma un planteamiento anticapitalista. Por eso, no podemos hacernos parte de una central que tiene varias camadas de direcciones podridas, corrompidas por una mala escuela de gestión sindical. Por una idea de que el fin justifica los Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 medios. Por lo tanto, así como el ámbito parlamentario la clase tiene que tener la capacidad de crear una alternativa distinta que la lleve al poder, en lo sindical. La clase tiene que asumir que debe crear su instrumento que no negocia sin los trabajadores. Es una consigna vieja, pero que tiene que una vigencia universal, nada sin la opinión ni participación de los trabajadores. El nuevo instrumento debe construirse sobre esta base irrenunciable, o estará condenado al fracaso. DM: ¿Cuál es la tarea y rol que tiene que cumplir el CIUS en el actual periodo y contexto de la clase trabajadora? MA: El CIUS tiene que cuidarse de no caer en pensar que tal o cual coyuntura [por muy válida que sea] es el centro de todo su quehacer. El CIUS es un instrumento que apunta a la unidad sindical, y por lo tanto tiene que tener objetivos que vayan a esa unidad, y debe ser capaz de mostrarse como una alternativa a los trabajadores sobre la base de una propuesta coherente. En este sentido, el pliego de los trabajadores es su gran herramienta. El CIUS debe educar y articular, dando curso al principio de la independencia y la autonomía, que es válida, necesaria e irrenunciable para la participación política de los trabajadores. Tienen que entender que su compromiso primero es con el instrumento de clase. El CIUS debe hacer realidad los sueños de Recabarren y de Blest. Los trabajadores deben sentir en el sindicato su segunda casa, manteniendo la unidad y expandiéndola por capas, por ejemplo, en regiones. DM: ¿Cómo debe ejercerse el sindicalismo en nuestros tiempos? MA: Yo renuncié con plena convicción al partido en el que milité por 28 años cuando me di cuenta de que el partido se estaba “sirviendo de” y no sirviendo a la clase. Quiero ser enfático en esto para explicar lo siguiente. El sindicalismo es uno solo, y es la acción conjunta de muchos que busca por la vía de la unidad, quitarle espacios al capital y por ese camino obtener mejoras y beneficios que dignifiquen al trabajador y trabajadora. Hasta fin de los años 80 cuando se fundó la CUT, los sectores clasistas asistimos al proceso por la vía de la omisión, ya que dejamos instalar un sindicalismo que no tenía base en los trabajadores, que no los tenía como gestor. Es cosa de leer la plataforma de lucha de la CUT del año 88. Ese modo de Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 hacer acción sindical, fracasó, ya que el modelo económico lo tiene cautivo. Por ello, hay que superar esta forma de hacer sindicalismo, e instalar la idea de que el trabajador tiene que asumir que es él el actor más importante en un sindicato, sin miedo y sin corrupción. Creo que estamos en condiciones de comenzar a implementar esta forma de hacer sindicalismo, ya que la clase ha aprendido lo suficiente desde los años 80, pero para ello primero hay que barrer con los elementos negativos. INTERNACIONAL: Crónica en Palestina I. Se reserva el derecho de admisión3 Primera de una serie de crónicas que Javier Pineda, sobre su experiencia durante los meses de julio y agosto en un curso de Derecho Internacional en Territorio Palestino Ocupado que incluyó visitas en terreno a campos de refugiados, ciudades palestinas, sociedad civil organizada, asentamientos ilegales y comunidades desplazadas por el sistema de Apartheid instaurado por el Estado de Israel a la población palestina. La serie de crónicas está siendo publicada en el periódico El Desconcierto. Luego de atravesar el Atlántico y el Mediterráneo comienzo a ver desde la ventanilla del avión la ciudad de Tel Aviv. El aeropuerto situado a 15 kilómetros de la ciudad será el punto de llegada para participar durante las próximas semanas en la Escuela de Derecho Internacional organizada por Al-Haq Center, escuela que mezcla teoría con visitas en terreno a diferentes ciudades del Territorio Palestino Ocupado. Palestina no controla sus fronteras. Desde el Plan de Partición del Mandato británico de Palestina por las Naciones Unidas y la posterior Guerra Árabe-Israelí de 1948 Palestina perdió más del 75 por ciento de su territorio original y quedó dividida en dos regiones: Cisjordania (West Bank) y Gaza. Cisjordania limita con Israel y por el este con Jordania. La Franja de Gaza limita con el mar Mediterráneo por el oeste, Israel por el este y norte y con Egipto por el sur. 3 Javier Pineda. Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 Para acceder a Palestina, cuyo territorio se encuentra ocupado en un cien por ciento, debe contarse con la autorización del Estado de Israel (Palestina del ’48, como le llaman algunos). Israel controla todas las fronteras de Palestina, tanto de la región de Cisjordania como de la Franja de Gaza. Para ingresar a Cisjordania por vía terrestre hay que cruzar alguno de las decenas de checkpoints que conectan a Israel con Cisjordania o cruzar desde Jordania por el Puente Allenby, todos controlados por el Ejército Israelí. En tanto, para ingresar a Gaza, hoy en día solo puede realizarse desde Israel a través del paso de Erez y desde Egipto a través del paso de Rafah, que es un paso que el año 2015 pasó cerrado 333 días. Todos los otros pasos a Gaza fueron cerrados entre el 2010 y 2011, transformando este territorio en una cárcel gigante de 360 km². Palestina no tiene aeropuertos internacionales operativos. En Cisjordania el Aeropuerto Internacional de Jerusalén, primer aeropuerto construido en el Mandato Británico de Palestina, desde la Guerra de 1967 se encuentra en manos de Israel y desde el 2001 ya no operan vuelos civiles. En cuanto a Gaza, durante la Segunda Intifada, Israel bombardearía el Aeropuerto Internacional Yasser Arafat, el cual alcanzó a operar menos de 3 años, quedando destruido el año 2001. Por lo tanto, para acceder a cualquier punto de Palestina debe contarse con el permiso de Israel. El primer contacto con el “Régimen del Permiso” (Permit Regime), como le han denominado algunas organizaciones de la sociedad civil palestina se da al momento de querer ingresar a Territorio Palestino Ocupado por cualquier de sus puntos de acceso. Para lograr dicha autorización hay que someterse a un interrogatorio por parte de la Policía Israelita. Dependiendo de la nacionalidad de la persona que solicita el ingreso, su apariencia física, religión, profesión, motivos del viaje, como también el ánimo del interrogador o interrogadora dependerá la autorización. Sólo basta invocar “razones de seguridad” para denegar el ingreso a Israel y, por ende, a Palestina. Este será el mantra que utiliza Israel para justificar sus atrocidades: un sistema de apartheid, detenciones administrativas, prisión política de menores de edad, privación de derechos humanos, destrucción de viviendas, tortura, expropiaciones, desplazamientos forzados, y asesinato de cientos de niños en Gaza. Siempre será por “razones de seguridad”. Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 Mi ingreso, al igual que el de otros participantes sería a través del Aeropuerto Internacional de Ben Gurion. A mí me tocaría fácil. La policía me pregunta los motivos de mi viaje. Escuela de Derecho Internacional, le respondo. ¿Qué organización?, me pregunta. Al-Haq Center for Applied International Law, le respondería en un inglés apresurado. ¿En qué ciudad estará?, vuelve a preguntar. Ramala, replico. Siento como su cara se desfigura un poco, ante lo cual agrego rápidamente que también incluirá visitas a Jerusalén, Haifa y Nazareth. Su cara vuelve a componerse un poco. Piensa unos segundos y me pregunta si venía con unos chilenos que aparentemente habían pasado minutos antes. Le contesto que no y finalmente me deja pasar. Al parecer no conocería a Al Haq, por lo cual no tendría más preguntas que realizar. La misma suerte no correrían los demás participantes de la Escuela de Derecho Internacional organizada por la organización de Derechos Humanos Al-Haq. Amina, compañera norteamericana de padres palestinos sería sometida a un interrogatorio de 3 horas. Una y otra vez le hacían las mismas preguntas. Qué hacían sus padres, qué contactos tenía en Palestina, qué actividades realizaría, etc. Nadine, joven egipcia que vive en Londres hace varios años, tendría que pasar la noche en el aeropuerto y luego de más de nueve horas de interrogatorio la autorizaron a entrar. Peor suerte correría Moara. La periodista brasileña y estudiante de PhD, sería deportada luego de horas de interrogatorio, de revisión de todo su equipaje y vestimentas, de negarse a dar la contraseña de su celular y de pasar horas en una sala que más bien parecía una prisión, como relata ella en su testimonio de deportación4 . Sin explicación alguna sería declarada una amenaza para la seguridad de Israel y tendrá prohibido el ingreso durante los próximos diez años. Pero siempre puede ser peor: una australiana que estaba con ella en la sala de interrogatorios llevaba cuatro días ahí y sólo sería deportada al quinto día. Es común que a diversos activistas de derechos humanos y a quienes participan en actividades de solidaridad con Palestina se les prohíba el ingreso y se les deporte, pues se realizan exhaustivas revisiones de sus perfiles en las redes sociales y en Internet. Como siempre, razones de seguridad. 4 http://www.alhaq.org/advocacy/topics/human-rights-defenders/1062-deporting-solidarity-one-activistsexperience-being-detained-in-ben-gurion-airport Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 Imagínense cuál es el trato del Ejército Israelí con los Palestinos si a los extranjeros los controlan de esa forma para ingresar, incluyendo a norteamericanos y europeos que suelen ser tratados de mejor forma en todos los países. El “Welcome to Israel” que hay en el Aeropuerto Ben Gurion sería restrictivo a turistas, youtubers y periodistas invitados por ellos. Para los demás, incluyendo activistas de derechos humanos, se reservan el derecho de admisión. INTERNACIONAL. Colombia: El NO se impuso, ¿qué viene?5 Con una participación de apenas el 37% del electorado, el NO se impuso, con un 50% de los votos, por un breve margen de menos de un 1%. En circunstancias normales, este resultado se vería como un empate técnico. Sin embargo, la derrota política sufrida por los sectores políticos que han respaldado el acuerdo de paz entre el gobierno de Santos y las FARCEP no puede ser minimizada. La campaña del NO, en estricto rigor, no tenía que ganar para ganar: le hubiera bastado tener un margen de votos lo suficiente amplio como para poner un signo de interrogación y quitar piso de legitimidad a lo acordado en La Habana. En cambio, lograron mucho más que eso, imponiéndose en el conteo final en una jornada electoral cuyos altos niveles de abstención tampoco pueden atribuirse exclusivamente a la lluvia. La falta de entusiasmo en torno a este acuerdo de paz ha sido más que evidente, pese a que todos los medios de comunicación, la llamada “comunidad internacional” y las principales personalidades de la política y la cultura se posicionaron a favor del SI. No es de sorprenderse que el SI haya tendido a imponerse en las zonas de presencia guerrillera o de fuerte intensidad del conflicto, mientras que el NO se tendió a imponer en las zonas alejadas del conflicto. Pero estas son tendencias, no realidades absolutas: en zonas del Caribe, claramente ajenas al conflicto, se impuso el SI y el NO se impuso en municipios fundacionales de las FARC-EP, como ser Chaparral, Rioblanco y Planadas en Tolima. Ya habíamos dicho, a contravía del triunfalismo reinante entre los partidarios del SI, que 5 José Antonio Gutiérrez. Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 resultaba insensato despreciar la fuerza que el NO podía tener entre los votantes6 . Pese a que en un principio el espectro del NO era feudo exclusivo de los uribistas, sería un error asumir que pertenecen al expresidente todos los votos en contra al acuerdo, o que todos estos votos representen al “guerrerismo”: aunque esos sean los sectores más visibles, hubo sectores que con argumentos jurídicos también se posicionaron en el campo del NO. No creo que muchos de los votantes contra el acuerdo quieran, genuinamente, volver a la guerra o quieran más derramamiento de sangre. Esto es algo que no debe ser obviado. Acá no se debatió la paz y la guerra, aunque así lo quiera ver obstinadamente un determinado sector –se sabía que, fuera cual fuera el resultado del plebiscito, la decisión de las FARC-EP de abandonar la lucha armada no tiene reversa y en ese sentido se habían ya expresado algunos comandantes de esa guerrilla. Quienes rechazaron el acuerdo tal cual fue negociado en La Habana esperan una renegociación. Desde luego, no ayudó la pobre pedagogía de paz durante el proceso de negociación, en el cual hubo más interés en aislar y desacreditar a la insurgencia que en dar capital político a lo que se venía negociando. Ni tampoco ayudó la campaña de Santos, que invitó al pueblo a tragarse sapos. Al pueblo no le gusta tragarse sapos, aunque a veces tenga que hacerlo contra su voluntad. Pero si se le da la opción, dirá que no. Así de sencillo. Podrá decirse que el mensaje de Santos fue tibio o confuso, pero no podía ser de otra manera: en realidad, tanto él como Uribe son representantes de la oligarquía y sus contradicciones, magnificadas por la prensa, son más de forma que de fondo. En la narrativa post-conflicto que están construyendo –antes de que estemos en el post-conflicto-, el Estado aparece como un padre benevolente que perdona a su hijo rebelde sus desafueros pasados. La cuestión es cuanto están dispuestos a ceder o a perdonar. Un acuerdo que no tocaba el modelo y que no tenía, de manera evidente, capacidad transformadora para la mayoría, no tuvo mayor eco y el debate terminó limitándose a la supuesta impunidad para las FARC-EP. Pero más allá de las limitaciones obvias de la campaña oficialista, el triunfo del NO refleja 6 José Antonio Gutiérrez, ¿Habemus pacem? Los desafíos en el tránsito de La Habana a Colombia. Disponible en: [http://anarkismo.net/article/29580] Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 la debilidad de las partes negociadoras de cara a la población. Santos es uno de los presidentes más impopulares de la historia colombiana, y dudo mucho que la colección de politiqueros, vividores y oportunistas encabezando el SI –entre ellos personajes como Samper o Gaviria- hayan contribuido a generar confianza en torno al proceso. Esto, sin considerar la profunda crisis institucional que vive el país. Por otra parte, aunque las FARCEP cuentan con un respaldo profundo y arraigado en ciertas zonas rurales donde han tenido presencia, el rechazo a ellas por parte de las mayorías urbanas es indiscutible. El repudio a las FARC-EP tiende a aumentar mientras más lejos se esté de ellas –resulta curioso, por decir lo menos, que algunas de las personas más viscerales en contra de la guerrilla sea gente que jamás en su vida han conocido a un guerrillero, lo cual demuestra la fuerza de la construcción que mediante la propaganda oficial se ha hecho. Pero sea cual sea el origen de esta percepción, ella es una realidad que no puede ser ignorada. Resultaba clave, para ganar apoyos al proceso de paz, conectar con la población que vive fuera de las zonas rurales de influencia tradicional y llegar una población mayoritariamente urbana o incluso no urbana pero que está inmersa en otras problemáticas y otros procesos, que son afectados indirectamente por la guerra de maneras diferenciadas. ¿Qué significaba el proceso de paz para ellos, en concreto? La izquierda que rodeó al proceso, dividida como está, débil, marginal, desconectada del sentir y pensar de las mayorías populares, más hábil para alienar y señalar a los que piensan diferente que para generar procesos incluyentes, sin suficiente imaginación, con prácticas añejas, acostumbrada a consignas que han tapado su falta de proyecto para ofrecer al conjunto del pueblo, fue incapaz de hacer esta tarea. El triunfo del NO vuelve a demostrar que el proceso fue visto como un asunto distante para la mayoría de la población, como algo ajeno. De hecho, el proceso de paz fue “vendido” mucho mejor a la comunidad internacional que al propio pueblo colombiano. Santos parecía más interesado en una agenda externa (buscar fondos internacionales para “Paz Colombia”, su anhelado premio Nobel de la paz) que en los resultados de la misma negociación. La alta abstención indica esa falta de conexión con el acuerdo de La Habana, pero es difícil creer que una mayor participación hubiera revertido la tendencia. Tal vez, en este sentido, no resulta tan descabellado, como se ha querido hacer creer, la posición del ELN Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 de convocar un amplio diálogo nacional para superar el conflicto social y armado – recordemos que las negociaciones con esta otra insurgencia están empantanadas, entre otras cosas, por los mecanismos de participación popular, que demandan sean mucho más fuertes que los que existieron en el proceso de La Habana. Si bien el triunfo del SI no significaba el triunfo del “castro-chavismo”, tampoco el triunfo del NO significa el retorno a la guerra total. Quedan dos caminos por delante frente a este impase: una renegociación de los acuerdos, que implicaría a las dos partes tragarse sus palabras previas de que nada era re-negociable e incluir una participación más amplia incluyendo, entre muchos otros, a sectores del uribismo, o la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, propuesta inicial tanto de las FARC-EP como del uribismo, propuesta que en el actual contexto político podría resultar desastrosa para las fuerzas progresistas . Nada asegura que la nueva Constitución sea más progresista que la del ’91, y todo pareciera indicar que se impondrían fuerzas reaccionarias que dejarían su impronta en la Carta Magna por décadas. Así las cosas, lo más probable es que termine renegociándose condiciones más draconianas para los insurgentes, mientras el ELN toma nota de los acontecimientos. Después de esta dura derrota, volvemos entonces a la pregunta del millón ¿qué hacer? Responder esta pregunta requiere de un ejercicio de autocrítica profunda por parte de la izquierda: no es suficiente criticar a terceros, sea la lluvia, sea la oligarquía, sean los medios, sea el imperio. Como para variar, los principales medios, sectores oligárquicos y las principales potencias del mundo (incluido EEUU) estuvieron de acuerdo con el SI al plebiscito. Hay también que abandonar la arrogancia de esa izquierda que presupone que cuando los sectores populares no están de acuerdo con ella, es porque son brutos, tienen la cabeza lavada, son irracionales, son guerreristas, pasionales, etc. En vez de vociferar “caverna” o “guerrerismo” hay que aceptar con humildad estos resultados y tratar de entender el mensaje de fondo que se entrega a quienes creen en la posibilidad de construir una sociedad más libre, más justa y más igualitaria. Semanario Político Aurora Roja Edición N° 30 Martes 4 de octubre de 2016 Hay que dar un paso atrás y tratar de pensar nuevamente el proyecto de sociedad que se ofrece al conjunto del pueblo, pero también hay que entender que ese proyecto no puede ser sencillamente ofrecido a las masas con la benevolencia paternalista del despotismo ilustrado: todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Se requiere que el pueblo, sus mil luchas, organizaciones, expresiones, deseos, ocupen el centro del quehacer político. No se trata solamente de ofrecer una alternativa al pueblo o “venderle” un acuerdo, se trata de construir esa alternativa junto a él. La paz, por sí sola, ya no es el máximo convocante para la sociedad colombiana, así haya quienes la hayan utilizado para re-elegirse o para candidatearse en las próximas elecciones. Toca enfatizar ese componente de “justicia social” que siempre se insistió que era un aspecto crucial de la paz, el cual estuvo apenas tímidamente representado en la paz ofrecida por los acuerdos de La Habana. Es necesario conectar la paz con las condiciones de vida de la mayoría de la población, mayorías que tienen interés en una Colombia mejor, en una Colombia más humana, más participativa, más igualitaria, pero que no se ve reflejada en lo acordado en La Habana o que lo desconocen porque es un proceso distante. Para lograr ser relevantes, toca abandonar la arrogancia y los vicios autoritarios de cierta izquierda, y encontrar la manera de contribuir a que las masas se conviertan en protagonistas de su propia historia y no verlas solamente como un rebaño que se acarrea para implementar decisiones tomadas por las “mentes superiores”. Una tarea formidable pero que requiere un cambio de mentalidad en quienes apuestan por una nueva sociedad. Más allá del plebiscito, el sol volverá a salir, el mundo seguirá girando y los problemas sociales de las mayorías seguirán ahí –mientras esto sea así, hay esperanza para un proyecto transformador que realmente convoque al conjunto del pueblo.

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