“Una gran verdad que debemos asumir y cambiar”

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Parece que los jóvenes están perdiendo la ingenuidad y vuelven a leer. Eso asegura Arturo A. Muñoz. Si es así… “aún tenemos patria ciudadanos”. Si no es el caso… crudo lo tendremos…

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Mis alumnos exigen lo que los políticos niegan


Lagos, Piñera, Guillier, Ossandón, Tarud y el resto de los protegidos del duopolio, son ‘más de lo mismo’. Heces con perfumes distintos… pero heces a fin de cuentas


Escribe Arturo Alejandro Muñoz


Un grupo de alumnos (mujeres mayoritariamente) me desafió a entregar como mínimo cinco diferencias de fondo entre lo propuesto, política y económicamente, por los candidatos Sebastián Piñera y Ricardo Lagos. Mi primera defensa fue argüir que ellos aún no eran candidatos. La respuesta de mis educandos consistió en una pregunta: “¿Usted es ingenuo o nos cree imbéciles?”.

Por un momento pensé que estaban construyéndome un camino-trampa para empujarme hacia el apoyo a Alejandro Guillier, proyecto de candidato que creí de pleno gusto de la muchachada. Nuevo error. Y grave.

Luego de una larga torera por la historia de ambos pre candidatos, incluyendo en ese discurso pedagógico a la dictadura, el plebiscito del NO, los acuerdos de la novel Concertación con los vástagos de Pinochet y varios etcétera, llegué a la conclusión que lo único que en realidad interesaba a mis alumnos era dilucidar un asunto relativo a la votación, específicamente a los sufragios ‘nulos’.

Mis discípulos tienen claro que entre Lagos, Piñera, e incluso Guillier, las diferencias son casi inexistentes. Me sorprendió enterarme que para un significativo sector de la juventud, Alejandro Guillier no es confiable… en absoluto. El caso Spiniak, específicamente en lo referente al juez Calvo, lo mató. Asunto que se vio agravado posteriormente con votaciones de Guillier (en el Parlamento) favorables a cuestiones muy resistidas por la mayoría de la sociedad chilena. El propio senador radical empeoró la cosa al decir que “lo habían sorprendido y había firmado (votado) sin saber lo que de verdad firmaba”.

¡Y después dicen que la juventud no lee!

Respecto del voto ‘nulo’, le aclaré a mis alumnos que de acuerdo al artículo 71 de la Ley N° 18.700, serán nulos y no se escrutarán los votos en que aparezca marcada más de una preferencia, contengan o no en forma adicional leyendas, otras marcas o señas gráficas. Sin embargo, y luego de muchos dimes y diretes, mis estudiantes soltaron la pepa que los atragantaba. Lo que deseaban saber era si en caso de que los votos nulos superaran el 50% de los sufragios escrutados válidamente, la elección quedaba invalidada y debía repetirse.

La verdad sea dicha, no lo sé. Si entre nuestros lectores hay un abogado constitucionalista, nos encantaría conocer la respuesta.

¡Hacia allá apuntaba la intención de los jóvenes! Desgraciadamente (para ellos) la Constitución de 1980 no dice nada relativo a porcentajes altos o bajos de votos nulos. Leyes como la 20.640 y 20.678 (complementos de la ley 18.700) tampoco dicen nada con relación a los votos nulos y blancos.

Pero lo anterior no es lo esencial. La cuestión de fondo reside en que miles de jóvenes están dispuestos a castrar el actual sistema. A cada instante se incrementa la conciencia de que los partidos proponen candidatos que representan los intereses del grupo político empresarial, nunca los del país de a pie. Lo que anula la posibilidad del cambio y la participación ciudadana en la toma de decisiones. El poder permanece encapsulado en las mismas familias que se adueñaron del poder económico y político desde 1973 hasta hoy.

Como resultado, pasadas las opiniones por el colador de la razón, queda el producto principal: muchos jóvenes quieren dar la pelea para sacar de escena a los politicastros corruptos y mentirosos que actualmente copan la tarima. ¿Bastará su voluntad? Creo que no. El sistema es más fuerte. La televisión –principal elemento usado por el poder– atonta al 70% de la población sufragante.

Millones de chilenos opinan que si tal asunto nunca fue mencionado por la televisión, es una mentira: si no estuvo en la TV, no existe. Dado que la juventud vuelve a leer, podrían lograr que otros sectores de la sociedad se interesen en la lectura, en el saber, en la información y en la verdad. Elementos que no están necesariamente en la prensa oficial, y menos aun en la televisión.

Con una frescura insigne, politicastros como Ignacio Walker y Rafael Tarud salen a escena para disputarle el cetro de malandras a personajes como Jovino Novoa y Cristián Labbé, y compiten con Mariana Aylwin en la pillería: hacer creer que las familias desean pagar millones por una educación mediocre en establecimientos de copago (algunos de los cuales le pertenecen a doña Mariana).

Para finalizar estas líneas, debo coincidir con mis alumnos en que Lagos, Piñera, Guillier, Ossandón, Tarud y el resto de los protegidos del duopolio son ‘más de lo mismo’. Algo similar a los Luksic, Paulmann, Ibáñez, Angellini, Claro y Cueto en los negocios: heces con perfumes distintos… pero heces a fin de cuentas.

Estos bichos se oponen a todo lo que exige la gente. Nada de renacionalizar el cobre ni las riquezas básicas. Nada de Asamblea Constituyente, ni de nueva Constitución emanada del pueblo. Nada del derecho a la sindicalización y al tripartismo laboral. Nada de previsión social solidaria, ni de educación pública, laica y gratuita. Nada.

¿Estas líneas se inscriben en los artículos ‘de trinchera’? Sí, claro. Lo reconozco… ¿Y ahí? Mis alumnos me convencieron de que ha llegado el momento de decirle vino al vino, culo al culo, vivaracho al fresco y ladrón al ladrón.

Así se enfaden los Piñera, Lagos, Ossandón, Guillier, Tarud, Walker y demases.

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