Pulso Sindical N°321

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Para nosotros, los que sentimos y actuamos con y por la clase, este 11 de septiembre – 43 años desde el golpe de estado – no fue igual a los que le antecedieron.

Y no lo fue por la sencilla razón de que dimos un paso adelante en lo que se refiere a la memoria, al resolver honrar a aquellos compañeros y compañeras dirigentes y socios de organizaciones obreras, que pagaron con su vida la lealtad a la clase de los trabajadores y que en su mayoría han estado injustamente olvidados.

Son 226, al menos los que constan en una nomina que hemos construido,  trabajadores dirigentes y asociados a sindicatos – 222 hombres y 4 mujeres – los que fueron asesinados en dictadura. 113 ejecutados, 111 desaparecidos y 2 que se suicidaron.

 

El 8 de Septiembre llegaron al Teatro Camilo Henriquez muchos y muchas dirigentes y socios  de las organizaciones que hacen parte del CIUS, aunque no todos los que debieron hacerlo, cuestión que no nos desalienta por que sabemos que es un camino largo, éste que decidimos andar. Trabajamos y trabajaremos para que los trabajadores asuman su dignificación como una tarea que no puede seguir siendo postergada ni asumida por otros, sino que por los mismos explotados.  

Un cuadro de una hermosa obra de teatro escrita por el presidente del Sindicato de la ACHS y dedicada a Rodrigo Cisternas, una banda musical que interpretó cumbia protesta y la presentación de fotografías de 23 héroes obreros caídos entre 1973 y 1990 así como las de los compañeros Rodrigo Cisternas, Juan Pablo Jimenez y Nelson Quichillao, muertos en democracia por los mismos que mataban en dictadura, portadas por jóvenes estudiantes integrantes de la FET y por dirigentes del CIUS, fueron el marco en el que se desarrolló la actividad, que culminó con la interpretación por parte de todos los asistentes del himno obrero La Internacional, que recupera así el lugar que le fue asignado desde que fuera compuesto para ser el himno de los trabajadores del mundo que luchan contra el capital.

 

Eran las 21 horas del 10 de septiembre cuando se dio inicio a la vigilia en memoria de los caídos, en el frontis del Ministerio del Trabajo. Fueron horas de mucha emoción pues pudimos contarle sobre la vida de nuestros hermanos, a quienes se acercaron durante la fría noche a contemplar las fotografías y conocer los nombres de quienes estaban siendo honrados. Acompañados de música y películas que daban cuenta de lo vivido en esos amargos días del golpe, y gratificados por la atención que los más jóvenes prestaban a los relatos de antiguos dirigentes sindicales, se nos fue la noche.

Culminamos nuestra jornada marchando con  una ofrenda floral, desde el Ministerio hasta el lugar donde se encuentra la escultura que recuerda la figura del presidente Allende. Con sentidas palabras 3 dirigentes del CIUS recordaron las obras del gobierno popular, fustigaron a estos gobiernos y parlamentarios que se llaman progresistas y que aprobaron la última y nefasta reforma laboral e hicieron un llamado a desarrollar la organización y la unidad de los trabajadores para oponer una fuerza compacta contra este sistema depredador.

Saludamos a todos y cada uno de los que participaron. Les invitamos a redoblar los esfuerzos para conseguir que las organizaciones enteras vibren y se tensen en torno a sus demandas. Nadie sino el trabajador organizado y conciente, puede confrontar a quien lo abusa y derrotarlo. A los que aun no se deciden a participar, les instamos a unir de una buena vez el discurso y la acción. Los trabajadores no pueden seguir esperando.

 

Esta es la gran enseñanza que nos deja este 11 de septiembre.

Y mientras la memoria mantiene vivos el ejemplo de valor y arrojo de muchos que dieron hasta lo que no tenían en la defensa de los derechos del pueblo, un hecho, que parece salido de los mas oscuros cuentos de ambición e intriga, se escapa de la mano de los operadores y expone ante los trabajadores cuestiones que para nada son nuevas, ya que con ellas ha convivido el movimiento sindical organizado desde su rearticulación durante y después de la dictadura.

Las maquinas para imponer criterios y los acuerdos que convinieran a algunos por sobre el colectivo, fueron algo normal durante decenas de años. Nunca importó lo que pudieran pensar los trabajadores, todo dependía de la correlación de fuerzas partidarias. Y que decir del abultamiento de padrones y la aparición de sindicatos fantasmas con cientos e incluso miles de socios. Todos los que han estado y están en el trabajo interno de la cuestionada organización, saben que cada vez que se quiso instalar la transparencia se produjo la “unidad de los operadores” que apagaban el fuego con acuerdos entre 4 paredes para seguir en lo mismo.

¿O es que alguna vez se pudo llevar de principio a fin un proceso de revisión de cuentas, que dejara expuestas cuestiones tan aberrantes como los cheques sin fondos con los que se pagaron cotizaciones, para participar de aquellos encuentros sindicales que exigían cuotas al día?.

¿Alguien va a negar, a riesgo de ser desmentido, que los gobiernos concertacionistas se pusieron mas de una vez para sostener el “instrumento de los trabajadores”.

 

Son los aparatos sindicales de los partidos  quienes definen los candidatos, el cargo que ocuparan los electos e incluso como se distribuyen  los votos ponderados entre quienes deben quedar “si o si” entre los electos de cada grupo.

No hay nadie  al interior de ese aparato sindical que pueda jactarse de estar al margen de este remedo democrático. Ya sea por acción o por omisión, todos, en algún momento, han permitido y validado lo que ahí sucede, de manera que ninguno puede exigir al otro certificado de buena conducta.

El asunto es claro. Se trata del poder y lo que viene con el y hay que conservarlo a cualquier precio y a cualquier costo. Por eso es difícil cuando no imposible creer que las cosas pueden ser distintas.

Lo que pasó en el último proceso eleccionario es simple. La ambición rompió el saco y se salió de madre algo que hasta ahora tenían controlado los operadores políticos.

 

Por eso no hay que escuchar los cantos de sirenas. Los trabajadores necesitan otra organización y hacía allá deben confluir todos los que tengan a la clase como su principal preocupación.

Hay que asumir que el capital hizo su trabajo y corrompió a parte importante de la dirección sindical por lo que se necesita una cirugía mayor. Ya no solo es necesario el voto universal y la cotización obligatoria, se debe construir una plataforma de lucha y un programa que ponga en el centro las demandas irrenunciables de los trabajadores y comprometerse a luchar por ellas.

Nada de consensos y acuerdos truchos, nada con las mesas de dialogo y los acuerdos a puertas cerradas, nada con los sostenedores del sistema porque ellos apostarán siempre a minimizar las demandas de los explotados.

Una Central de clase es lo que se requiere para el presente y futuro de la lucha sindical. Poco importa cuanto tiempo demore en construirse, lo que es claro es que no podrán ser parte de ella quienes vendieron su alma al diablo. Solo así se avanza

 

MANUEL AHUMADA LILLO

Presidente C.G.T. CHILE

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