Esto es lo que puede seguir pasando

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Fuente:www.politika.cl

Hubo una época en la que se temía el ridículo… Luego llegó la moerniáh, era en la que se vive del ridículo, del fraude y el cohecho… Arturo A. Muñoz lo cuenta con ejemplos luminosos.

ridiculo

Parada de buses en plan hiper moderno…

El duopolio y sus alcaldes en comunas rurales, ¿ridículo… o ridículos?


¿Por qué se menciona sólo al duopolio? Porque los partidos que lo integran tienen a sus peones alcaldes en la mayoría de las comunas rurales o pequeñas del país, donde se cuecen habas… a calderadas.


Escribe Arturo Alejandro Muñoz

¿Recuerda usted a esos dos personajes que en la televisión chilena representaban a un par de amigos cuyas acciones generalmente terminaban en el más soberano fracaso? Acostumbraban a preguntar, una vez que ya habían cometido la torpeza: “¿ridículo… o ridículos?” ¿Los recuerda?

Lo mismo podríamos preguntar respecto de las tiendas partidistas del duopolio con respecto a varios de sus ediles, especialmente aquellos que fungen como autoridades máximas en comunas pequeñas, alejadas de las grandes urbes, conocidas por los monstruos políticos y mediáticos del centralismo sólo en período de vacaciones o de veraneo, pero olvidadas el resto del año, lo que permite la existencia de cacicazgos y caudillismos rayanos en sistemas totalitarios al interior de esas comunidades.

¿Cuáles son los criterios utilizados por las tiendas partidistas para designar candidatos a ediles en, por ejemplo, comunas rurales o en populares comunas balnearios? Usted, amigo lector, me dirá que basta que el susodicho postulante cuente con enseñanza media completa, carezca de antecedentes penales severos y disponga de cierta ‘popularidad’ local. ¿Basta eso para ser elegido como “primera autoridad comunal”? Autoridad… pronuncie despacio esta palabra y califíquela en todo su valer. Repita la palabrita, por favor… AU-TO-RI-DAD… primera autoridad comunal. Parece importante, ¿verdad?

Sin embargo, para los partidos políticos la mentada palabrita carece de toda relevancia en las comunas rurales y pequeñas. Les interesa principalmente contar allí con algunos de sus peones, y a través de ellos apañar sufragios para cargos de mayor fuste, como son los de senadores y diputados. Les importa poco que en esas localidades la gente viva soportando, en su fuero interno, situaciones que la desmedran y en varios casos la avergüenzan. No se trata sólo de menguarlas económicamente (bien sabemos que no hay crecimiento en el olvido ni en el desprecio), sino de ningunearlas como si se tratase de chilenos de segunda categoría (“guasamacos que no cachan una”, dicen sotto voce ciertos vivarachos que aman el centralismo).

De esa forma se va apuntalando a caciques y caudillejos que, en esencia, prolongan la dictadura patronal que campeaba allí a mediados del siglo veinte. Pero, ahora tiene forma de una dictadura cobijada por esta democracia protegida, por este sistema de enorme brecha general, el cual permite que mediante el apoyo de determinado partido político un individuo –sea este un enriquecido patroncito prepotente, o sea un simple personajillo local que actúa como cipayo del partido- se instale en el sillón municipal creyéndose autorizado para trapear con la comuna y su gente como si fuese una parte de su propiedad personal, lo que incluye realizar estupideces varias. ¿Quiere ejemplos? Bien pues, siga leyendo entonces.

La Ruta H-30 une a Rancagua con las comunas que se ubican hacia el oeste de esa capital regional. La primera comuna con la que el viajero se topa es Doñihue, la comuna del chamanto y de la artesanía. La localidad de Lo Miranda es la que da inicio a ese municipio. En la ruta mencionada el viajero será recibido por una especie de obra de arte, una escultura, que muestra a un huaso sobre brioso corcel junto a su fiel perro. Mirandinos y doñihuanos aplaudieron la escultura (que de verdad es llamativa), pero más pronto que tarde descubrieron que al perrito le faltaba una pata. “Malhechores, vagabundos, bandidos”… con esos calificativos se referían a los supuestos maleantes que habían estropeado la obra de arte.

Sin embargo, sería el propio alcalde de Doñihue, Boris Acuña (PS) quien, muy orondo, publicó en su cuenta de Facebook que la escultura de marras la había solicitado él (pagada por el municipio, obviamente), y que a la pieza artística no le faltaba nada de nada, ni siquiera le faltaba una patita al perro, ya que con esa escultura don Boris quiso simbolizar el inicio de su mandato.

¿Cómo así? Ocurre que cuando llegó al sillón edilicio notó que por el municipio vagabundeaba un pequeño perrito callejero el cual carecía de su pata trasera izquierda, seguramente producto de algún atropello. Entonces, el edil ordenó que el can fuese llevado a la consulta de un veterinario para que se le amputara el colgajo de extremidad. Sin dudarlo, tamaña obra de caridad animalista –que no merece crítica como tal- la transformó finalmente en…. estatua de su propia acción y ego. ¡En estricto rigor, ordenó esculpir una estatua para sí mismo, pues considera que ella simboliza a su persona y a su gestión! ¿Ridículo?

Para qué gastar tinta contando cuánto lo criticaron en su propia comuna. Aún se burlan de esa acción del edil… pero, aunque usted no lo crea, don Boris va a la reelección y, claro que sí, con el ferviente apoyo de su partido político y de la Nueva Mayoría. Es de esperar que esta vez, de salir reelecto, ordene terminar la escultura que se auto prodigó y el artista le esculpa la patita al perro.

Bueno, eso ocurre en Doñihue. En otras comunas también hay asuntos dignos de agarrar a palos, ya que por esos lados igualmente se ningunea la dignidad e inteligencia de los vecinos. Vea usted. El portal “eldesconcierto.cl”, respecto del tema que convoca este artículo, el 16 de junio del presente año publicó en la web lo siguiente:

“Duras críticas ha recibido a través de las redes sociales el alcalde de Placilla, Tulio Contreras, luego de que organizara un evento municipal para el cual se contrató a un grupo de desnudistas, para celebrar el día del Padre. La actividad del municipio de la Región de O’Higgins había sido anunciada por Facebook, donde además el alcalde democratacristiano convidaba a participar de un asado. De inmediato, las Juntas de Vecinos de la comuna criticaron la actividad, señalando que fue financiado con fondos municipales. La actividad hace recordar a otro ediles que han hecho eventos así, como el alcalde de Paredones, Jorge Sammy (PPD), y el alcalde de Cerro Navia, Luis Plaza (RN), los que hace dos años fueron retratados al lado del trasero de una mujer, lo que fue celebrado bajo el concepto de “potoselfies” para un programa mundialero de Canal 13”.

¿Se da cuenta de cuán desvergonzadas son algunas “primeras autoridades” de municipios alejados de las metrópolis? No tiene empacho en publicar sus descriterios en las redes sociales, pues cobijados por una tienda partidista y bajo el cuidado y ‘asesoría’ del senador o del diputado del partido por esa circunscripción, creen ser dueños sin fronteras de todo lo que hay y respira en su comuna. Y así gobiernan.

Ahora bien, abundar en detalles en cuanto a los arreglines y corruptelas habidos en esos municipios (y en muchos otros) es cuestión inútil, algo así como regar el océano con una manguera de jardín, ya que de tales ilícitos todos saben, todos sabemos, todos criticamos, pero la respuesta del Estado y sus poderes es, aún, nula.

“Bueno, entonces que la gente de tales municipios no vote por esos candidatos”. Esa sería la solución más cuerda. No obstante, el problema radica en que las tiendas partidistas no presentan a otros postulantes, sino precisamente bendicen y financian a aquellos que cumplen con las características delineadas en esta nota. Por otra parte, restarse a un proceso eleccionario y no asistir a sufragar, ayuda aún menos, toda vez que de acuerdo a la legislación vigente no hay reparos si a los comicios asiste una notoria minoría de electores, pues sus resultados son igualmente válidos.

En fin, no deseo continuar escribiendo sobre este tema, ya que de hacerlo me vería en la obligación de redactar una especie de libelo acusatorio en el que tendrían cabida muchos alcaldes de comunas pequeñas, quienes se caracterizan por hábitos y actos cuestionables, como el alcoholismo, las acciones libidinosas, los arreglines en las licitaciones de obras, el sectarismo, el abandono de deberes, la corrupción, el mal trato a los funcionarios, etc., cuestiones que supongo cada Contraloría regional debe conocer.

Pero, si esa institución “que funciona” está al tanto de todo ello y nada hace… no pidan las autoridades nacionales y la prensa binominal que un ciudadano cualquiera realice con propios medios lo que le corresponde a quienes constitucionalmente existen para tales fines.

Como puede concluirse luego de leer estas líneas, en materia de candidatos a sillones edilicios en comunas pequeñas y rurales, la pelota, o el balón, está en el campo de los partidos políticos, especialmente de aquellos que conforman el duopolio.

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