Chile: ¿protestas durables o sarpullido temporal?‏

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Cada semana surgen nuevos movimientos sociales. Algunos duran lo que una flor, otros son acallados con un bono. Arturo A. Muñoz se interroga sobre la consistencia de la protesta social y política en Chile…

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Ante un país que protesta, casta política apuesta al “mal menor”


Las marchas, el bloqueo de rutas, las tomas de caminos y protestas sociales en las regiones sureñas, ¿marca el inicio de nueva etapa de la política chilena, o es sólo un ‘incidente’?


Escribe Arturo Alejandro Muñoz

Puede que legisladores y empresarios pretendan que la Historia, al registrar lo acaecido en el sur del país, lo caratule como un ‘incidente’, una cuestión pasajera y aislada sin mayor repercusión futura. No faltarán historiadores dispuestos a jugar esa baza a cambio de algunos billetes extras; también habrá quienes sin cobrar un peso adornen los hechos de acuerdo a la conveniencia de su propia ideología.

Pero, lo que ni unos ni otros lograrán es ocultar esa especie de ‘despertar’ ciudadano en las regiones del norte y sur del país, asunto que hasta hace poco parecía propio sólo de penquistas, porteños y capitalinos.

Ya nada será igual a lo que era hasta ayer, y las castas políticas –pese a ser conscientes de ello–apuestan a la mala memoria de los chilenos, a nuestra comodidad pusilánime que impone sus términos luego de una protesta masiva y prolongada.

Los partidos saben que la indignación popular, sin conducción unitaria, ni ideología ni programa, tiende a esfumarse con cierta rapidez. Carentes de moral, parlamentarios y dirigentes de esas organizacioners retoman su conducta habitual, regresando con desparpajo a las mismas prácticas que provocaron en su momento el disgusto del electorado.

Lea usted las declaraciones de pelmazos políticos como Pablo Longueira, Andrés Zaldívar, Hernán Larraín, Osvaldo Andrade, y aun otros, pertenecientes al “duopolio”, y constate que lo dicho corresponde al pensamiento y la acción de quienes se echaron Chile y su gente al bolsillo.

La apuesta principal de ese mundillo político, durante los próximos meses, será convencer a los chilenos de elegir el ‘mal menor’. Tanto en lo electoral como en cuestiones que la sociedad civil considera relevantes.

¿Las AFP sson severamente cuestionadas? A crear pues una AFP estatal. ¿La gente pide Asamblea Constituyente? Inventemos un ‘proceso constituyente’ –manejado por los detractores de los cambios– a sabiendas que la participación ciudadana será mínima. ¿Los ‘encapuchados’ y la delincuencia preocupan a los chilenos? Nada mejor que una “agenda corta” para acallar voces. Es el camino del mal menor, que no soluciona el problema de fondo ni ataca sus raíces.

Si hablo de mal menor, no olvido que la sucesión presidencial sigue el mismo sendero ya descrito. ¿Lagos o Piñera? El mal menor. Ambos lo son o venden esa imagen

Parece increíble que en Chile no haya personas capaces, con vocación de servicio y ‘cojones’ para poner de pie lo que está de cabeza: los derechos de las mayorías, la legislación laboral, la renacionalización de nuestros recursos básicos (cobre, litio, mar, etc.), una reforma educacional en serio, el mejoramiento de las pensiones, una regionalización necesaria, y una larga fila de otras materias, demasiado larga para incluirla en las líneas de esta nota.

¿Sólo los impúdicos ‘desconocidos de siempre’ pueden dirigir el país? ¿Los partidos no cuentan con nombres limpios, honestos, calificados? ¿De qué sirven los partidos si no?

Todo sistema democrático requiere de partidos políticos o eso dice la cátedra, aun cuando los inventores de la democracia no los tenían. Si son un mal inevitable, en este momento no son parte de la solución, sino más bien el problema. Por su entreguismo al gran capital, su indomable amor por el dinero sucio y por la corrupción. He ahí el quid del asunto.

Los dos bloques principales no dan el ancho, no tienen voluntad ni interés alguno en satisfacer las exigencias de la nación. Son partidos absorbidos por el electoralismo y el clientelismo que permite succionar la teta fiscal. Esos partidos –dirigidos por politicastros interesados sólo en su bienestar personal– son la servidumbre del gran capital, del mega empresariado. Carecen de vida propia.

¿Cuál es pues la solución factible, dentro del marco democrático? No hay 20 alternativas. O bien te incorporas a los actuales partidos para iniciar desde dentro los cambios requeridos. O bien estructuras nuevas fuerzas políticas, al margen de los viejos estandartes del clientelismo, la corruptela y la traición.

En eso están algunos, ya de derecha, ya de centroderecha, ya de centroizquierda. Me temo que en algunos casos, operadores del duopolio están ya trabajando silenciosamente en calidad de asesores. Para ellos la política se transformó en vicio y en medio de ganarse la vida.

De aquí a los comicios municipales iremos descifrando el puzzle que nos dejó el desastre sureño provocado por la marea roja y las empresas salmoneras. En octubre sabremos a ciencia cierta si lo ocurrido fue más que un simple estallido, si fue el inicio de una nueva etapa de la política chilena, o se trató sólo de un incidente político más, resuelto con una limosnita.

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