Los “cantatú” de la justicia chilena

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FUENTE:WWW.POLITIKA.CL

En Chile, en materia de corrupción institucional ya hemos visto casi todo. Ahora bien, el Fiscal Nacional y el Director del SII parecen cantar en dúo cuando se trata de hacerse los cuchos con el fraude fiscal, la prevaricación, la incurría, la concusión y otros delitos mayores. Arturo A. Muñoz lo cuenta con la sabrosura de costumbre. No te lo pierdas…

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Jorge Abbott y Fernando Barraza, irreconocibles en su uniforme oficial

Fiscalía Nacional y SII, los ‘cantatú’ de la justicia chilena


¿Existe un acuerdo tácito entre el SII y la Fiscalía Nacional para echar paladas de tierra sobre casos escandalosamente emblemáticos, como SQM y PENTA?


Escribe Arturo Alejandro Muñoz


Hace ya décadas, en uno de los múltiples festivales populares que los habitantes de la rural comuna de Coltauco gustan realizar, un grupo de muchachos –no mayores de 15 años– decidió subir al entarimado para interpretar algunos temas del cancionero popular de esa época. Habían tenido largas sesiones de ensayo y creían estar listos para su debut en público.

Pero, aquella noche de verano, no bien observaron la multitud de rostros que les observaban expectantes esperando la presentación musical, comenzaron los titubeos… había que empezar a cantar, alguno de ellos debía dar el tono y la partida. Y se inició entonces el sabroso ‘tenis’ de uno a otro, diciéndose, “ya poh, canta tú”… a lo que el aludido respondía “no, no… canta tú”. Y así fue que se les bautizó como el trío “Cantatú”.

Esta sabrosa anécdota viene al caso en mi tema de hoy. Vamos a él.

“Las instituciones funcionan”, ¿recuerdan que eso dijo con desparpajo Ricardo Lagos Escobar cuando residía en el palacio de La Moneda? Después agregaría lo que él y sus adláteres consideraron una ‘perlita: “dejen que ellas funcionen”.

“No cerremos los ojos; la corrupción ha llegado”, aseguró con certeza absoluta Ramiro Mendoza, Contralor General de la República, en su discurso de despedida al momento de dejar su cargo, contradiciendo las afirmaciones de Lagos Escobar.

Si la corrupción se enquistó en el país, significa que también lo hizo en las instituciones, por lo que entonces ellas, en buen romance, no funcionan como se supone que deben hacerlo según los objetivos, fines y propósitos para los cuales fueron creadas.

Una de las instituciones que ha defraudado la confianza del país es la Fiscalía Nacional. Desde que Jorge Abott asumió en el cargo de Fiscal Nacional, la mentada institución se ha transformado en una vergüenza.

Seamos claros y contundentes; en materias de interés nacional –sobre todo en esas materias– todo ciudadano tiene el soberano derecho a expresar su opinión, ya sea al interior de su grupo de amigos o a nivel público, porque cuando alguien observa que ciertas autoridades toman decisiones inefables –a veces incluso inmorales tendientes a proteger ilícitos– ¿Qué debe hacer? ¿Callar?, ¿Proteger con el silencio el accionar cuestionable de esa autoridad pública, permitiéndole continuar acciones nefastas en desmedro de la justicia y el bienestar general de la sociedad?

Es sabido que las instituciones funcionan, claro que sí, pero mueven sus engranajes preferentemente (y aún, exclusivamente) para proteger delitos cometidos por personeros de la política y/o de las grandes empresas y finanzas, disfrazando corruptelas, dándoles un cariz de “asunto o cosa juzgada”.

Lo que evita que la gente descubra cuanta suciedad, delincuencia, inmoralidad, e incluso clasismo a destajo, transporta aquel río institucional.

Algunos chilenos (me cuento entre ellos) sospechan la existencia de acuerdos tácitos o formales (eso no interesa ya a estas alturas del partido) tomados por el Servicio de Impuestos Internos (SII) –otra institución que hace rato dejó de ‘funcionar’– y el Fiscal Nacional para echar paladas de tierra sobre casos escandalosamente emblemáticos, como SQM y PENTA.

Tanto Jorge Abott, en la Fiscalía Nacional, como Fernando Barraza en la dirección del SII, por una de esas extrañas realidades que revela muy de tarde en tarde la madre natura, coincidieron en detener los procesos que hasta hace pocas semanas las instituciones que ahora dirigen habían estado llevando a cabo. Decidieron jugar al ‘cantatú”, como veremos de inmediato.

¿Cómo? Primero, el señor Abott cambió los fiscales que llevaban ambas causas (PENTA y SQM), en las cuales están severamente involucrados personajes de la alta política nacional, como Laurence Golborne y Pablo Longueira, entre otros nombres que, sospechosamente, se trata de ocultar.

Los nuevos fiscales iniciaron el ‘cantatú’ con el actual director del SII, que explicó que “no era función del SII hacer justicia”. En razón de tan brillante premisa, decidió no continuar presentando querellas, mientras los fiscales a su vez, argüían que ellos tampoco podían hacer justicia si alguien no presentaba querellas.

“Hazlo tú”, “no, tú hazlo”, “ah, si tú no lo haces, yo tampoco lo hago”. El peloteo perfecto del tenis político-económico.

Uno, que a veces peca de ingenuo (hablo por mí), comienza a ver la luz y a entender el por qué las cofradías políticas y mega empresariales apoyan entusiastamente y aplauden las nominaciones de los señores Barraza y Abott en sus respectivos cargos.

Es que el futuro comienza a parecerles esplendoroso, pero para alcanzarlo deben sacudirse esa mochila cargada de colusiones, corruptelas y acuerdos oscuros que nutrieron los casos PENTA y SQM.

Así, hace algunos días, el fiscal nacional declaró que (en el Ministerio Público) “estamos esperando que el SII ejerza el derecho que la ley le concede para querellarse o denunciar los delitos de carácter tributario”. Los nuevos fiscales advirtieron a su vez que si no existían más acciones desde el ente recaudador, deberían coordinar el término de las indagatorias.

“Si no hay más querellas, tendremos que terminar las causas por alguna de las formas de término que la ley establece”, expresó Jorge Abott. ¿Qué tal? Las tribus de corruptos enquistadas en las altas finanzas, en la política y en algunas megaempresas, aplauden a rabiar, gritando a viva voz que la justicia (a la) chilena es la mejor del mundo.

Damas y caballeros, señoras y señores… dejo con ustedes al dúo “Cantatú”, representantes eméritos de las instituciones que funcionan: los señores de la Fiscalía Nacional y los señores del Servicio de Impuestos Internos. Acompañados por la gran orquesta y coro Congreso Nacional bajo la dirección de los maestros Ponce Lerou y Pato Contesse, interpretando, de la clásica operática chilensis “Corruptus maximus”, la apertura “Beati possidentes” (Felices los que poseen) y el andante grazioso “Odi profanum vulgus” (Odio al vulgo ignorante).

¡Gaviota de platino para estos rufianes!

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