AURORA ROJA – Edición N° 24‏

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N°24, Miércoles 17 de febrero de 2016

EDITORIAL

El panorama internacional de las últimas semanas ha estado marcado por la rebelión popular vivida en Haití, donde tras varias jornadas de movilizaciones populares el gobierno de Michell Martelly se vio obligado a suspender las fraudulentas elecciones que preparaba para perpetuarse por 5 años más en el poder.

El pueblo haitiano ha vuelto a ser un ejemplo para los pueblos de Nuestra América, tal como en 1804, levantándose esta vez contra el neocolonialismo que perpetúan los organismos internacionales comandados por Estados Unidos. Las elecciones se han pospuesto una y otra vez debido al descarado arreglo a favor del oficialismo, lo que provocó la salida a las calles.

Si bien terminó el mandato de Martelly, la elección del pasado domingo de Jocelerme Privert como presidente interino hasta que se convoquen a nuevos comicios no garantiza nada. Se trata de un ex mandatario que estuvo preso por su participación en la masacre de Scierie de Saint-Marc en 2004 y que ahora vuelve para arreglar el embrollo político del país caribeño. Aunque tiene hasta mayo para convocar a nuevas elecciones, la intervención haitiana comandada por tropas de la ONU, Estados Unidos y varios países latinoamericanos sigue en pie.

En España, Podemos ha sabido aprovechar la votación del 20D para marcar su entrada de lleno al trajín político. Juegan al ganar o ganar, aunque eso signifique contradecirse con lo que decían semanas o recibir críticas desde la izquierda. La coyuntura se ha dado en sus términos y ahora la presión recae en el neoliberal PSOE sobre si decide consolidar la clase política tradicional o abrirse a una alianza amplia con la izquierda. Más allá de lo cuestionable de promover una alianza con una fuerza política que ha consolidado el ajuste y el neoliberalismo, Podemos tiene más cuentas alegres que sacar que el PSOE y su apuesta es sin duda consolidarse a futuro como alternativa mayoritaria.

Mientras se ganan el odio del establishment español, esperan terminar de desplazar al PSOE. Aunque queda todavía en entredicho los costos que les traerá a sus alianzas con las fuerzas independentistas.

En Estados Unidos, la aparición de dos candidatos por fuera de la casta política tradicional como Bernie Sanders y Donald Trump ha descolocado los sondeos previos. Estas son elecciones particulares porque se debate en términos impensados para la clásica coyuntura estadounidense.

Sanders, quien se reconoce abiertamente como socialista, gana apoyo con un programa de educación y salud gratuitas y ataques contra las grandes multinacionales. Mientras que la caricatura del racista multimillonario Trump polariza aún más las elecciones. Más allá de los cuestionamientos a Sanders, su estrategia de competir internamente dentro de los partidos tradicionales –similar a lo que está haciendo Jeremy Corbyn en el Partido Laborista

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inglés- merece una mirada atenta. Eso es lo que el análisis publicado en esta edición nos permite observar.

Por último, los resultados del referéndum constitucional en Bolivia del próximo domingo serán determinantes para la ofensiva ya desatada de las derechas latinoamericanas sobre proceso de lucha abierto desde las movilizaciones populares de los años 90. En Argentina vemos cómo en solo dos meses el gobierno de Macri aplica una política desatada de ajuste y represión. Si bien el progresismo kirchnerista intenta capitalizar para sí y presentarse como la salida al macrismo, es un error para la izquierda confundir al enemigo, especialmente cuando el principal afectado de las políticas del gobierno es el campo popular. Así lo prueba el militante del Movimiento Popular La Dignidad, recientemente baleado por un puntero del PRO. A su vez, en Venezuela vemos como la derecha ya en control de la Asamblea Nacional está decidida a que Maduro no termine este año como presidente de Venezuela y discute sin asco sus distintas estrategias golpistas.

Una nueva derrota electoral de los progresismos llamará la atención sobre la conducción “desde arriba” que han tenido estos procesos, pero seguirán marcando la cancha para que la derecha retome posiciones. Esto sin desconocer que tal como venimos publicando en AR y como dice Franck Gaudichaud en la entrevista de esta edición, la tensión creativa que promulga García Linera solo se dará con el protagonismo de las clases populares.

En Chile, vemos cómo la aprobación del TPP pasa sin ningún escrúpulo por la coalición gobernante. La ratificación de la privatización de las semillas y extensión de derechos de las grandes farmacéuticas sobre medicamentos, por mencionar solo dos aspectos del tratado, coinciden con la línea neoliberal sostenida en el país en los últimos 40 años.

Mientras aparecen más antecedentes de los casos SQM –que involucran a figuras transversales del bloque en el poder como Frei, Bachelet y Piñera- se confirma también que la práctica de la boletas falsas estaba más que extendida entre el empresariado chileno. Sin ningún escrúpulo se daba la compra de políticos para sus intereses.

Sin embargo, la intervención sobre el SII y la pasiva actitud de la Fiscalía sobre tocar o no los poderes políticos opacan los efectos inmediatos que pondría tener estos casos. El descaro llega a tal punto de que el lobby del ex ministro de economía de Piñera, Pablo Longueira es defendido incluso por uno de los presidenciables de la Nueva Mayoría.

En tanto, la llegada de marzo y el nuevo período legislativo traen consigo significativas amenazas para la organización popular pues tanto la reforma laboral como la agenda corta antidelincuencia (otra más) impulsadas por la Nueva Mayoría contienen medidas de expreso propósito desmovilizador y represivo.

En esta edición N° 24 de Aurora Roja:

1. INTERNACIONAL. Bernie Sanders y la oportunidad para el cambio político en EEUU, por Dan La Botz

2. INTERNACIONAL. Entrevista a Franck Gaudichaud: “No se puede transformar la realidad radicalmente solo desde una lógica institucional”.

3. CULTURA. Maïdan. Cuando la épica realidad supera la ficción. Por Sebastían Ramírez

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INTERNACIONAL. Bernie Sanders y la oportunidad para el cambio político en EEUU 1

En EE UU estamos asistiendo a un movimiento importante y muy significativo.

Por primera vez desde los años 1930, asistimos a debates sobre el socialismo y el fascismo en los medios de comunicación de masas. Bernie Sanders se define, de forma franca, como un socialista democrático, al mismo tiempo que la candidatura de Donald Trump alimenta el debate sobre el fascismo.

Por primera vez desde los años 1980, es decir, de la campaña de Jesse Jackson, tenemos un candidato progresista en las filas del Partido Demócrata y empezamos a oír una nueva (o quizás deberíamos decir muy vieja) retórica que habla de la “clase de los multimillonarios” y de la necesidad de una “revolución política“.

También está presente el debate sobre la inmigración mejicana y musulmana, a quienes Trump acusa de amenazar a la sociedad americana. Trump propone construir un enorme muro entre México y EE UU, así como la expulsión de la población musulmana.

Por último, asistimos a un intenso y rico debate entre Sanders y el movimiento Black Lives Matter (“Las vidas de los negros importan”).

Podemos decir que en EE UU asistimos a un nuevo discurso político, si bien creo que, en realidad, estamos asistiendo a una nueva política. Los discursos actuales representan una polarización política diferente y más profunda de la que hemos visto en el pasado. Y la nueva retórica, este vocabulario nuevo, simboliza profundas tensiones en el seno de la sociedad americana.

Crisis económica y crisis demográfica

De 1938 a 1968 EE UU gozó de estabilidad económica, crecimiento e incremento de beneficios y salarios. Fueron “los 30 gloriosos”. Desde 1968 EE UU ha sufrido un serie de altibajos económicos, en 1975 y 1981, en 1990-91, en 2001 y, el más importante para entender la situación actual, la crisis de 2008. Durante las crisis de 1975 y 1981, muchas compañías cerraron las viejas fábricas que ya no podían competir con las de Japón y Alemania. La clase trabajadora perdió decenas de miles de puestos de trabajo industriales y sindicalizados.

La crisis de 2008 resultó aún más devastadora. En 2008 el fraudulento mercado de las hipotecas llevó al colapso o casi a grandes instituciones financieras: AIG, Bear Stearns, Citigroup, Fannie Mae and Freddie Mac, IndyMac, Lehman Brothers, Merrill Lynch, Wachovia y Washington Mutual. La economía se estancó; 8 millones de personas perdieron su empleo y 3 millones perdieron sus hogares. El desempleo, según cifras oficiales, creció hasta cerca del 10%, pero en la realidad alcanzó probablemente el 16%; siendo un 30% para la población negra y el 50 % para la juventud negra.

Mucha gente perdió sus casas al no poder pagar su hipoteca. Y no se dieron más créditos. Durante un año la economía estuvo casi paralizada.

Esta crisis también representó un paso decisivo en el cambio de la estructura y de la dinámica del empleo. Creció la subcontratación, la externalización y el empleo temporal o a tiempo

1 Por Dan Le Botz. Disponible en http://www.democraciasocialista.org/?p=5555

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parcial, sin días festivos, sin bajas por enfermedad, primas… Hoy en día hablamos del precarización, es decir de gente que no tiene un empleo estable y con condiciones dignas como en el pasado. La situación económica tuvo graves repercusiones para el conjunto de la clase trabajadora: afectó a su empleo, a su jornada laboral y a sus salarios y primas. Ahora bien, el impacto fue mas devastador entre la gente negra, a la que le fueron arrebatados casi todos sus bienes y propiedades.

La crisis de 2008 afectó a los negocios de tamaño medio y pequeño que, por falta de crédito y clientes, perdieron mucho dinero. La pequeña burguesía, a la que pertenecían esos negocios, reaccionó contra los gobiernos de los republicanos y de los demócratas. A partir de ahí, y con el apoyo económico de sectores de la gran burguesía, como los hermanos Koch, y tomando como punto de partida el descontento de la clase media, se creó el nuevo movimiento político de la derecha dentro del partido republicano: el Tea Party. Éste tuvo éxito en las elecciones al Congreso y formó un grupo parlamentario con capacidad para paralizarlo e impedir la aprobación de leyes. Ese fue el primero paso hacia la creación de la nueva derecha del Partido Republicano dominada por Donald Trump y Ted Cruz.

Pero esa crisis también alumbró nuevos movimiento sociales: Occupy Wall Street en 2010 y Black Lives Matter en 2014. Estos movimientos, aunque distintos y diferenciados, representan reacciones en contra de la desigualdad económica, de la desigualdad racial, contra el papel de los bancos y empresas en la política, contra la política gubernamental y las políticas de austeridad, y contra la represión y el racismo que les acompañan. Aunque los activistas de Occupy Wall Street rechazaron los partidos políticos y programas de demandas, sin embargo su movimiento dio a luz la nueva política que vemos hoy. El movimiento Occupy Wall Street fue la cuna de la campaña de Bernie Sanders. Éste ha abanderado las reivindicaciones y los eslóganes de Occupy y les ha dado la forma política y programática que carecían. Por eso, cientos de miles de jóvenes en todo el país se han sumado a la campaña de Sanders. La gente joven, que no puede encontrar trabajos fijos con sueldos dignos, apoya a Bernie Sanders.

Además, aunque la mayoría de los líderes sindicales apoyan a Hillary Clinton, tres sindicatos: Trabajadores de la Comunicación de América (CWA), Enfermeras Unidas Nacionales (NUN) y el Sindicato de Trabajadores del Correo (APWU) junto a 10 000 sindicalistas, descontentos con sus líderes que apoyan mayoritariamente a Hillary Cinton, se han identificado con Labor por Bernie.

La otra crisis que, en este momento político afecta de forma fundamental a EE UU es la crisis demográfica. La población blanca, especialmente los hombres de más de 40 años, se siente amenazada por el crecimiento numérico de la población negra, latina y asiática. Siente una perdida de status. Es esta población blanca de la clase media y de la clase trabajadora la que se ha convertido en la base social del Partido Republicano y de la campaña de Trump y del resto de los candidatos de la derecha.

Es importante entender que EE UU se fundó como país con gente proveniente de Europa del noroeste, gente blanca, protestante, con una concepción de su supremacía racial sobre todos lo demás y con la idea de que la forma de gobierno representativo y el sistema capitalista debían expandirse a todo el mundo. Pero desde los años 50 la puesta en cuestión del racismo blanco ha cambiado profundamente la situación.

Entre 1956 y 1965, el movimiento negro a favor de los derechos civiles en el Sur de EE UU fue exitoso y puso el fin al sistema ilegal y extralegal de Jim Crow; es decir, a la segregación racial y la privación de derechos civiles y políticos a la población negra así como a la violencia de lynching (ejecuciones extra-judiciales). El movimiento obtuvo dos leyes importantes: la Ley de Derechos Civiles de 1964 y la Ley del derecho al votode 1965 que cambiaron el panorama social y político del Sur.

Al movimiento a favor los derechos civiles le siguió el movimiento Black Power (Poder Negro). El movimientoBlack Power, que reivindicaba poder político tanto en el Sur como en el Norte, así como el acceso al trabajo, la vivienda y a la educación sufrió un terrible represión (asesinato de Malcom X y de los líderes de los Panteras Negras…).

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En los años 60 y 70 hubo tumultos y rebeliones urbanas en las comunidades negras de las grandes ciudades norteamericanas que se tradujeron en enormes incendios que destruyeron bloques de viviendas enteros, barrios y amplias áreas urbanas, con cientos de personas muertas y heridas en los conflictos.

Como resultado de estas luchas y rebeliones se produjeron dos reacciones por parte de la población blanca: huida de las ciudades, trasladándose a los suburbios y reacción contra las reivindicaciones de la población negra.

Otra cosa que hay que recordar es que, en esa época, se aprobó una tercera ley: la Ley de Inmigración de 1965. Esta ley cambió completamente la política migratoria de EE UU que desde los años 20, por razones raciales y religiosas, había excluido no solo a africanos, asiáticos y latinos sino, también, a la gente procedente de Europa del sur y del este: griegos, italianos, polacos y rusos. Fueron excluidos no solo por no ser anglosajones y blancos, sino también por ser católicos, ortodoxos, judíos o musulmanes. La Ley de Inmigración de 1965 abrió la puerta a todo el mundo (a través de un método de cuotas nacionales) y dio como resultado en una amplia inmigración europea, africana, asiática y latina.

Pero en los años 80, como resultado de las políticas económicas, políticas y militares en Latinoamérica, se desarrolló una enorme inmigración no-documentada de mexicanos, centroamericanos y sudamericanos que se prolongó hasta 2008.

El resultado de todo eso ha sido un tremendo cambio en el equilibrio de la población, aumentando la población no-blanca y disminuyendo la población blanca.

La población masculina blanca actual, o su predecesora, que perdió sus trabajos industriales y sindicalizados en la gran desindustrialización, se encuentra ahora compitiendo por un puesto de trabajo con negros, latinos, asiáticos, inmigrantes y mujeres en el creciente sector de servicios.

Toda ello ha alimentado el resentimiento entre los hombres de clase media y clase trabajadora, resentimiento que les ha hecho bascular hacia la derecha del Partido Republicano, hacia Trump y el resto.

Por el contrario, la gente joven, mucha de la cual no comparte las ideas racistas de sus padres, va hacia Sanders.

La campaña Sanders y el desafío para la izquierda independiente

Desde la crisis de 2008 el ala progresista del Partido Demócrata ha crecido, como lo muestra la elección de candidatas y candidatos como Elizabeth Warren, Senadora de Massachusetts desde 2012, y de Bill de Blasio, alcalde de Nueva York desde 2015. En el Partido Demócrata mucha gente había puesto su esperanza en la candidatura de Warren, muy popular entre los progresistas, para las primarias, pero ella decidió no competir.

También es notable y significativa la elección de la socialista Kshama Sawant al consejo municipal de la cuidad de Seattle en 2013 y su reelección en 2015. Encuestas recientes indican que muchos jóvenes piensan que el socialismo puede ser un sistema mejor que el capitalismo.

Esas elecciones son muestra de que una parte importante del Partido Demócrata rechaza la política neoliberal, la austeridad y las estrategias represivas que le acompañan. La victoria de Sawant también mostraba que una parte del pueblo puede pensar en candidatos y partidos independientes y a la izquierda del Partido Demócrata.

Es este conjunto de situaciones las que crearon las condiciones para un candidato como Sanders en 2016. ¿Quién es Bernie Sanders?

Antes de hablar de Sanders, vamos a hablar sobre su contrincante: Hillary Clinton. Es importante señalar que si fuera elegida, Hillary Clinton seria la primera presidenta, la primera mujer a ocupar la silla presidencial. Así pues, ella tiene una base de apoyo entre mujeres de

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más de 30 años, especialmente mujeres profesionales y de clase media y alta. Además, los Clinton, Bill e Hillary, también tienen una vieja relación con líderes políticos, religiosos y comunitarios de la comunidad negra; eso a pesar de sus políticas tan destructivas para la comunidad negra, como la reforma del sistema de “bienestar social” que echó a decenas de miles de mujeres y niños a la calle.

Pero mucha gente rechaza a Hillary no solo por sus políticas del pasado, como las reformas bancarias que permitieron el crecimiento del sector financiero a base de prácticas dudosas y fraudulentas, sino también por su prepotencia. A muchos no les gusta la política dinástica pero además, tampoco confían en Hillary como persona. Por tanto, la desconfianza popular en Hillary forma parte del contexto que ha dado la oportunidad y el éxito actual a Sanders en su campaña.

Nacido y crecido en Brooklyn, hijo de judíos inmigrantes de Europa del este, participó en el movimiento a favor de los derechos civiles de los negros en los años 60 como joven estudiante. Después se mudó al pequeño estado de Vermont donde llegó a ser alcalde de Burlington y más tarde representante y senador en el Congreso de EEUU. Siempre como independiente; es decir, nunca fue miembro del Partido Demócrata, si bien trabajaba en su grupo parlamentario en el Congreso. Solo entró en el Partido Demócrata para participar en estas primarias, aunque ha anunciado que apoyará a quien las gane. Es muy probable que, si no gana él, lo haría Hillary Clinton.

En el Congreso, Sanders siempre promovió leyes progresistas en política interior, aunque generalmente apoyó la tradicional política exterior. En estas elecciones habla de poner en pie un programa de obras públicas para la reconstrucción de la infraestructura del país; de aumentar los salarios a $15 la hora; de educación superior, educación universitaria, gratis. Y de cambiar profundamente el sistema judicial y la cultura y la practica de la policía.

Lamentablemente ha apoyado al Estado de Israel, pero también cuenta a su favor que votó contra la guerra en Iraq. En la campaña, su enfoque está centrado en la política interior; y respecto a la política exterior dice que está contra la política intervencionista estadounidense en otros países. En la lucha contra el Estado Islamicoy otras organizaciones terroristas prefiere organizar amplias coaliciones y que el papel central lo tomen los aliados árabes y musulmanes.

Por tanto, Sanders no es el candidato ideal. Fundamentalmente hay dos problemas: su política exterior y su nuevo compromiso con el Partido Demócrata que incluye su promesa de apoyar a quien gane en las primarias del partido.

Pero, para mí, lo fundamental de la campaña de Sanders ha sido el impacto de su programa progresista en el pueblo americano, especialmente en la juventud, entre los sindicalistas progresistas y, en general, en la clase trabajadora. Sanders habla en términos de una lucha entre la clase de los multimillonarios y el pueblo trabajador. Además, la campaña de Sanders ha legitimado y ha hecho aceptable el término socialista, promoviendo el debate sobre el socialismo en el conjunto de la sociedad.

Mucha gente de la izquierda socialista, que tienen amplia representación, no participan en la campaña de Sanders argumentando que es Demócrata y no independiente y que ha prometido apoyar a quien gane en las primarias, que probablemente será Clinton; por lo tanto, consideran que no merece el apoyo de los socialistas, especialmente debido a su política exterior. Es cierto lo que dicen, pero creo que es imprescindible encontrar una forma tanto para acercarse a la juventud y a los y a las sindicalistas que apoyan a Sanders como, también, de trabajar con esos sectores, al menos, hasta las elecciones generales. Aunque continúo con el carnet del Partido Verde, he trabajado en la campaña de Sanders en mi comunidad y he participado en sus mítines y marchas junto con compañeros de Socialistas Democráticas de América. Si Sanders apoya a Hillary Clinton, yo y muchos otros hemos dejado claro que no vamos a seguirlo, pero por el momento yo me asumo a su campaña.

Alternativa Socialista, el grupo de Kshama Sawant, está trabajando en la compaña de Sanders y promete continuar hasta las elecciones generales. Anima a quienes le secundan a implicarse en la campaña de la Doctora Jill Stein, candidata del Partido Verde, si Sanders pierde. Creo que es poco probable que la mayoría de los seguidores de Sanders, vayan a votar por ella.

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Es importante luchar para ganar estos jóvenes y sindicalistas a una política clasista e independiente, pero creo que es una lucha principalmente ideológica y a largo plazo. Lo más seguro es que los jóvenes y sindicalistas que están apoyando a Sanders van a aprender de su experiencia y van a sacar sus propias conclusiones. Ellos van a formar la base de futuros movimientos sociales y políticos independientes y nosotros queremos estar con ellos cuando saquen sus conclusiones y desarrollen sus propias políticas.

INTERNACIONAL. F. Gaudichaud: “No se puede transformar la realidad radicalmente solo desde una lógica institucional”

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A fines del 2015, el investigador Franck Gaudichaud publicó el libro “América Latina. Emancipaciones en construcción”, el cual consiste en una compilación de textos de distintos autores, respecto al devenir de diversas iniciativas políticas desarrolladas en nuestro continente.

Venezuela, Colombia, Chile, Argentina, Ecuador, Uruguay, México, Brasil y Bolivia están presentes a partir de estos relatos, introducidos por un breve estudio del compilador. A partir de la lectura de esta obra, Resumen conversó con él y aquí está el registro.

– En el prólogo, el prefacio y la introducción del libro hay una insistencia en la necesidad de buscar formas de lucha y de vida que se identifiquen plenamente con los pueblos que optan por ellas. De acuerdo a tu experiencia, qué condiciones propician el encuentro de esta autenticidad.

Efectivamente varios textos de este libro vuelven sobre eso. Sobre una “vía” que busque un proceso de emancipación, es decir deshacerse de los lazos que nos amarran y nos oprimen. En uno de los artículos [del libro] sobre Colombia aparece la idea de “lazos que liberan”. En este relato se habla de una experiencia comunitaria indígena en el Bajo Sinú (Colombia) donde, en contexto de guerra, y frente a un desastre ambiental y problema hídricos, una comunidad logra recrear espacios de vida colectivos en torno a la producción agroecológica. A través de ésta y otras experiencias, se ve que para lograr estas nuevas formas de creación de vida social, hay que tener previamente una experiencia de organización colectiva o comunitaria, tener espacios donde se pueda deliberar, tomar decisiones de conjunto y enfrentar todo tipo de agresión o dificultades. También es importante construir ideas fuerza comunes, o sea, un eje organizacional y subjetivo que permita cimentar ese espacio de vida y lograr que ese espacio sea lo más democrático y participativo posible. A menudo, una experiencia de conflicto permite gatillar estos procesos, pues el antagonismo crea un “nosotros” y un “ellos”, y este nosotros permite crear un espacio de vida más comunitario.

– Dentro de esta búsqueda, ¿qué relevancia tiene la recuperación de conceptos e interpretaciones propias de las culturas precolombinas?

Creo que los pueblos indígenas u originarios, en particular en los últimos 15 años en América Latina, han permitido volver a poner en el centro del escenario político continental, justamente, ideas fuerza antagónicas al neoliberalismo. Un ejemplo es el problema del enfrentamiento con las multinacionales extractivas y su lógica de despojo: las comunidades indígenas supieron enfrentarla en varios países y en algunos casos han sido capaces de plantear alternativas… También ha sido importante el rescate de la forma

2 Disponible en http://resumen.cl/2016/01/25194/

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comunidad o forma comunal-barrial, con sus pro y sus contra por supuesto, pues no hay tampoco que esencializar lo “indígena” de manera romántica y descontextualizada, como separado del resto de la sociedad, evidentemente también existen casos de caudillismo indígena, reproducción de visiones patriarcales de vida y una fuerte presión de incorporación hacia el orden capitalista global…

3.- Desde fines de la década de los noventa hasta la actualidad han accedido a la administración de diversos Estados, líderes y partidos que han generado la expectativa de una restitución de derechos para la población de sus países. En general, cómo se puede caracterizar la trayectoria de estos gobiernos y cómo explicas que muchos de éstos hayan perdido apoyo popular en estos últimos años.

Se habla mucho del “ciclo” progresista, y últimamente se debate sobre un posible “fin” de este ciclo, o por lo menos de un reflujo y pérdida de fuerza de los progresismos gubernamentales. Por cierto, estos gobiernos, algunos de carácter nacional-popular radical, otros de centro-izquierda, son producto de una crisis profunda de hegemonía del neoliberalismo en parte de la región, en particular en América del Sur.

Correa, Morales, Chávez, los Kirchner, en menos medida Lula vienen de ese ciclo hacia arriba de los movimientos sociales, sindicales, campesinos y populares, con marcado cariz antimperialista y soberanista. Pero, obviamente el proceso bolivariano venezolano es muy diferente –por su radicalidad a partir de los años 2002-2003- de gobiernos social-liberales como él de Dilma en Brasil o del peronismo progresista de los Kirchner. No obstante, a más de 15 años de la elección de Chávez, vemos un reflujo importante a nivel regional y cierto agotamiento de esta “época de cambio”. Afloran claramente los obstáculos que deben enfrentar estos procesos y las contradicciones políticas de estos gobiernos en un contexto de ofensiva de las derechas y de un nuevo posicionamiento de Washington. Se confirma, una vez más, que no se puede transformar la realidad radicalmente o sea desde la raíz, solo desde una lógica institucional y desde “arriba” y también que la izquierda puede ganar elecciones y el gobierno, pero no por eso ganan las clases populares, mecánicamente, el poder. De la misma manera, algunos gobiernos progresistas o nacional-populares sufren este reflujo porque ellos mismos lo incentivaron, a través de la cooptación, de la institucionalización de los movimientos, de diversas formas de “revolución pasiva”: y sin los movimientos no se puede avanzar y enfrentar el capital. De hecho, el propio Álvaro García Linera [vicepresidente de Bolivia] reconoce que ésta sería una “tensión creativa” de la revolución, pero creo que solo podría ser creativa si hay una dinámica permanente, dialéctica entre gobierno y poder popular, carcomiendo el Estado burgués, sin embargo este lazo parece roto en varios países. Hoy, de hecho, varios movimientos se oponen a lo que consideran que no cumplieron los gobiernos y presidentes o denuncian la continuidad del extractivismo (por ejemplo en Ecuador), se movilizan frente a la burocracia, frente a la corrupción, frente a las alianzas con la burguesía (por ejemplo en Venezuela y Brasil).

– La extracción y producción de materias primas para la exportación ha caracterizado la economía de América Latina desde su colonización. Cómo describirías la política de estos gobiernos respecto a este modelo y cuál ha sido su repercusión en la política de estas naciones.

Creo que un nudo central del reflujo electoral, social y político actual tiene que ver con las debilidades de los cambios en el modelo de acumulación, la continuidad del despojo extractivista y el nacimiento de cierto descontento en sectores medios y populares, a lo cual

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hay que añadir elementos más específicos (por ejemplo el descalabro económico en Venezuela o la corrupción en Brasil).

El economista argentino Claudio Katz habla de una situación “dual”: progresismo político con continuidad extractiva, nuevas autonomías soberanas en un plano geopolítico con un reforzamiento de su condición dependiente primo-exportador en un plano económico. Sin duda, pesa aún una herencia maldita de 5 siglos. Esta es la de la dependencia y la de las materias primas. Por cierto, nadie dice que los gobiernos puedan terminar ya con el extractivismo, en 5 minutos: son procesos de transición profundos y complejos que no se pueden encaminar ni en un año, ni en cinco, ni en quince… Pero, eso sí, hay que ver la direccionalidad tomada por las políticas públicas “progresistas” y su relación a las clases subalternas movlizadas, si es que van hacia una transición postextractivista, basada en una perspectiva sustentable y el desarrollo de una economía inclusiva, menos depredadora, y capaz de fomentar el poder popular. Y en este caso, como lo dicen Eduardo Gudynas, Alberto Acosta, Maristella Svampa, los gobiernos progresistas vivieron un periodo de oro gracias a un precio de las materias primas muy alto, el “consenso de los commodities” y efectivamente redistribuyeron hacia abajo esa renta, lo cual por supuesto es muy importante y notable, porque le permitió salir de la pobreza a millones de personas y reconstruir el Estado, pero, ahora que bajan los precios, se ve la debilidad de esta lógica “rentista”junto a las consecuencias de haber transformado la estructura desigual de la sociedad, producto de esa dependencia y la “reprimarización” de las economías de Nuestramérica.

García Linera critica con fuerza a sus críticos de izquierda, los llama “intelectuales de cafetín” o “ecologistas infantiles” diciendo que quieren transformar a los países de América Latina en “guardabosque del norte”, congelando la naturaleza y sus recursos. Creo que es una maneara caricatural y peligrosa de evitar o impedir el debate. ¿Necesitamos extracción de recursos y transformación de recursos? Obvio que sí: para responder a la urgencia social, a la pobreza, a la construcción de los servicios públicos, pero hay que ver si esta necesaria extracción de recursos permite comenzar a salir de la mega-extracción dependiente e incluso de un neodesarrollismo (como en Bolivia o Argentina) al final funcional al capital extranjero. Ahora, si vemos los niveles de dependencia del petróleo en Ecuador y en Venezuela, de la soja en Argentina y otros, del cobre en Chile, del gas y litio en Bolivia, etc parece que no se ha logrado debutar una ruptura con este modelo extractivista y que las perspectivas neodesarrollistas encontraron su piedra de tope.

– Diversos artículos del libro se refieren a procesos de lucha social que tienen a la habitabilidad de los territorios como objetivo fundamental de sus acciones. De acuerdo a tus observaciones, en qué radica la importancia de la territorialización de la lucha comunitaria.

Si miramos la historia, el movimiento obrero siempre fue territorializado. Sus luchas siempre estuvieron ancladas a un territorio determinado, como el de la fábrica, el del barrio o del lugar de producción en general. Lo que se ve en el ciclo neoliberal, es una fragmentación-pulverización de la clase obrera industrial tradicional, de sus identidades y, al mismo tiempo, una nueva espacialización del neoliberalismo… o como se fija la acumulación por desposesión en territorios dados. Por eso son tan importantes las luchas que logran organizarse en torno a la defensa de su hábitat, de sus territorios, de su comuna, en el campo como en la ciudad. Ahora, el desafío para el movimiento sindical, en el caso de Chile viendo la experiencia de la Unión Portuaria, es como combinar la lucha sindical clasista con una alianza amplia en un territorio dado con otros sujetos populares en lucha, como pobladores, estudiantes, mujeres… Porque el conflicto capital – trabajo sigue siendo

un eje antagónico central del modelo, y los trabajadores la base de la plusvalía capitalista. Cómo desde estos territorios se aúna a estos sectores para, desde ahí, poder construir formas de poder popular y auto-organización democrática.

– En los artículos referidos a Colombia y México, la violencia en contra de las comunidades se expresa como factor determinante en sus decisiones. ¿Se pueden pesquisar patrones comunes en estos países? Si es así, cuáles.

Si, son dos países dónde existe un “neoliberalismo de guerra”, donde el Estado está capturado por la narcopolítica, donde el paramilitarismo, los sicarios, junto al Estado reprimen a la población civil y el movimiento popular. Las fuerzas militares y policiacas, los programas “anti-drogas” de EE.UU. hacen parte de esta lógica de guerra contra la población, aunque digan “combatir” los carteles. De ahí la importancia de experiencias de policías comunitarias y de autodefensa, para y por de la población, como en Guerrero o Oaxaca. Lo otro es entender cómo el neoliberalismo vive dentro de este contexto y se nutre de esta violencia extrema. También está el fenómeno de los flujos de las drogas y de los migrantes en este círculo de violencia que parece sin fin. En Colombia son más de 6 millones de campesinos desplazados, son centenas de miles de muertos desde el comienzo del conflicto. En México, en 7 años, hubo más muertos que en guerras como la de Afganistán, con más de 160 mil víctimas.

– En un artículo respecto a la situación política boliviana y el desempeño del MAS (Movimiento al Socialismo) en el gobierno, se plantea la pregunta si es que se orienta o no “hacia una democracia poscolonial”. A tu juicio, qué elementos son relevantes para responder esta pregunta y cómo la responderías en términos generales.

De manera inmediata podemos decir que en Bolivia, esa emergencia campesina-indígena-popular que rompió el equilibrio del dominio de la rancia oligarquía, racista, blanca (y mestiza) tanto de Santa Cruz como de La Paz, desplazó una casta estaba instalada en el poder históricamente. Lo que vino con Evo Morales y el MAS fue un desplazamiento brusco en las alturas, una emergencia de los sectores medios mestizos y popular-indígenas hacia el centro de la política, de las subjetividades y del poder estatal. Pero esta irrupción política institucional y simbólica tiene como antecedes luchas callejeras de gran dimensión, como la “guerra” del agua y del gas, la rebelión popular de los años 2000. Este cambio radical en el sistema político se tradujo por la nueva Constitución plurinacional y nuevos derechos. Ahora bien, para quienes reivindican la decolonialidad del poder en todas sus dimensiones, en particular teóricos críticos que fueron un tiempo cercanos a Garcia Linera en el seno del grupo “Comuna” o sectores del indianismo radical, existe una tensión – incluso una contradicción- entre la retórica del “buen vivir” de gobierno hacia afuera y la política real neodesarrollista de Evo, sin haber transformado el corazón postcolonial de la sociedad.

– En los textos “Democracia participativa en tiempos de revolución boliviariana” y “Control obrero y autogestión: el ejemplo de SIDOR en Venezuela”, se desarrollan relatos respecto a iniciativas de participación popular que, si bien se han desarrollado relativamente, se han mostrado insuficientes para lograr una democratización radical de la nación. A partir de tu interpretación, cuáles son los factores que propician esta situación y qué conflictos ha provocado al interior de la sociedad venezolana.

El proceso bolivariano está en un momento muy complejo, de descomposición del proyecto inicial, de enfrentamiento de poderes entre el ejecutivo y un parlamento ya controlado por la

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oposición. Por cierto, hay que insistir que ha habido una agresión constante de parte del imperialismo norteamericano hacia Venezuela. No lo ha dejado respirar, porque era un ejemplo peligroso, según Washington, por su impacto regional y esta agresión contribuyó a la guerra económica, al desabastecimiento, a reforzar una oposición violenta, etc. Pero, el propio Chávez dijo en sus últimos momentos, que la mejor manera de combatir esta asfixia era dar un “golpe de timón” e incentivar el poder popular. En Venezuela, todos los ministerios se llaman “del poder popular”, pero sabemos que eso no significa forzosamente que sea así… Todo lo contrario., los niveles de mala gestión, corrupción, nepotismo son terribles en los pasillos de Miraflores o del PSUV.

La experiencia de los Consejos Comunales es lo más avanzado que ha habido en Venezuela en términos de poder popular, pero la práctica es variada, dependiendo de la presencia militante y siempre, en una relación bastante vertical con la comisión presidencial que otorga la plata a los Consejos y también a las iniciativas que emanaban de la presidencia.

Entonces hay un límite en la participación desde abajo que éstos representan.

Y lo otro que daba mucha esperanza fueron los ensayos de cogestión obrera. Experiencias como SIDOR [Siderúrgica del Orinoco] y otras como ALCASA o INVEVAL, han tenido un balance final negativo. Después de batallas campales, venció la burocracia sindical, ganaron los funcionarios más hostiles a la participación y los enemigos del código laboral -muy avanzado- de Venezuela, pero que no se aplica. En Venezuela, hoy, siguiendo a las denuncias de compañeros del “chavismo popular” y crítico, la información de sitios como Apporea, hay represión sindical empresarial, hay militantes o indígenas reprimidos y el Estado no ha sido capaz de resguardar esos derechos fundamentales. Obviamente, en el momento de criticar, uno no debe olvidar de analizar la actuación violenta de la oposición, antes vencer en las urnas en las últimas elecciones y tampoco la situación de estos derechos donde domina la derecha neoliberal como en Colombia, México, Honduras… Pero existe una visión mistificadora, desde la óptica del “socialismo del siglo 21”, que impide a parte de las izquierdas entender lo que pasa realmente en Venezuela.

Entonces, la pregunta es, ¿cómo se puede construir una política de la emancipación desde un Estado rentista, petrodependiente, y con un proceso popular agredido tanto desde afuera como desde dentro. Es un desafío bastante grande….

– En el artículo sobre la Iniciativa Yasuní-itt en Ecuador se cuenta la decisión de del gobierno de Rafael Correa de explotar los pozos petroleros del gran Parque Nacional Yasuní, renunciando al proyecto de dejar sin extraer el 20% de las reservas petroleras ecuatorianas con el propósito de no alterar de manera irreversible los ecosistemas en protección. El argumento gubernamental más recurrente fue que Ecuador requiere, para su modernización, el dinero de la venta de ese petróleo, no obstante, quienes se oponen a esta decisión afirman que el inicio de estas operaciones, en realidad, terminará por agravar la precarización de la vida de los ecuatorianos. ¿Cuál es tu mirada respecto a este problema?

Yasuní fue un proyecto audaz y un símbolo de otra manera posible de relacionarse con la naturaleza. Para explicar el retroceso, el Gobierno argumentó diciendo que no tenían el apoyo suficiente de la comunidad internacional, lo cual fue totalmente verdad. Pero, gran parte del movimiento ambientalista proponía mantener igual el proyecto, como desafío desde el sur hacia los países del norte y subrayando que esto podía ser, incluso, un incentivo para la misma economía ecuatoriana, más allá de la perdida inicial en petróleo bruto. Eso gatilló aún más el conflicto social entre la CONAIE [Confederación de Nacionalidades

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Indígenas del Ecuador] y el Gobierno, un divorcio que explica las grandes movilizaciones durante el 2015.

Ecuador solo, como pequeño país periférico, no puede emprender la lucha ambiental planetaria. Estamos de acuerdo, pero hubiese sido un ejemplo muy fuerte para el resto del mundo. Ahora, incluso ampliaron la zona petrolífera y la frontera extractiva en Ecuador y, si se considera que Yasuní es una de las zonas más importantes en cuanto al biodiversidad en el mundo, es un desastre.

– Las empresas recuperadas por sus trabajadores en Argentina, constituyen un tema tratado en uno de los trabajos de este libro. Éstas son unas de las iniciativas populares que persisten y se desarrollan, llegando a existir, según el IV relevamiento de Empresas Recuperadas, 311 de éstas en diversos rubros y donde laboran 13.462 personas. A tu juicio, qué posibilidades tienen estos espacios de convertirse en núcleos que aporten a la lucha de la clase trabajadora en general y, a qué situaciones se enfrentarán en el contexto del gobierno de Mauricio Macri.

Creo que aportaron muchísimo las empresas recuperadas, sean cooperativas o autogestionadas bajo control obrero. En particular en Argentina, hay empresas como Fasinpat, exZanon, con una fuerte politización clasista, pero hay otras que no, que no tienen militantes de organizaciones políticas revolucionarias y que igual son trabajadores que defendieron su puesto de trabajo frente al lock out de la patronal y frente a la crisis del 2001, y son también experiencias muy valiosas. Ahora, este movimiento es muy complejo, porque se dividió en varias corrientes, algunas muy cercanas al peronismo, y al gobierno en los últimos años y otras encontradas con el peronismo y más autónomas. Pero, al margen de ello, aportaron mucho, porque demostraron que una economía de los trabajadores, autogestionada, es posible. Que es posible gestionar de manera racional la fuente de trabajo sin necesitar patrones, capataces y verticalismo. Que se puede tener un lugar de trabajo horizontal y democrático, donde tengan todas y todos el mismo sueldo.

En el contexto del gobierno de Macri, podemos decir la reorganización sindical clasista existente en Argentina desde hace varios años, en el sector automotriz, industrial, en el metro, etc. Será muy importante para organizar la resistencia frente a un ejecutivo de la derecha neoliberal represiva. Aunque se presente como una derecha “moderna” y abierta: Macri tendrá dificultades para implementar sus reformas, pues hay sectores con capacidad de respuesta y una sociedad politizada.

CULTURA. Maïdán. Cuando la épica realidad supera la ficción. Por Sebastián Ramírez

Maïdan es un film documental de 2014 que registra cronológicamente la revolución social de Ucrania, cuando gran parte de la población eslava se congregó en forma espontánea en la Plaza de la Independencia de Kiev para exigir la deposición del presidente Víktor Yanukóvich, aliado estratégico de Vladímir Putin, quien había disuelto todo diálogo entre su administración y la Unión Europea.

El director a cargo de esta epopeya es el bielorruso Sergei Loznitsa, quien ya se había ganado renombre como un documentalista de peso con su film Blockade (2005). En esta instancia es el propio Loznitsa quien sale con su cámara junto a un pequeño equipo, a registrar las manifestaciones en torno a la plaza de la independencia entre noviembre de 2013 y febrero de 2014.

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El comienzo es algo desconcertante, pues ver el film desde Chile un año después de lo ocurrido genera cierto vacío y hasta culpa ante la ignorancia de aquello que el periodismo nunca ha logrado revelar. Sin embargo, analizando formalmente el film, también generan algo de desconcierto o impaciencia los primeros veinte minutos de metraje, ya que hay una carencia de prolijidad en los encuadres que constan en su mayoría de planos fijos de larga duración. Se genera una cierta disociación al comienzo entre saber lo que ocurre pero no lograr entenderlo, algo así como tener noción pero no conciencia respecto a lo que se percibe. No obstante, este hecho cobra sentido cuando la acción se hace no solo evidente sino que también inminente, cuando el plano que se observa te avisa que el que vendrá será el doble de increíble y transgresor, cuando la perspectiva de lo que alcanza a registrar la cámara y el sonido fuera del campo visual de la cámara, no bastan para convencerse de que aquello que se está observando es real, y es que es tan imposible de dimensionar la idea de llegar a ver a ancianos resistiendo fieramente contra la represión policial, a líderes religiosos y niños involucrados, que el espectador de esta parte del mundo se somete a una suerte de extraña catarsis reflexiva.

Ciertamente la realidad que presenta Maïden se construye desde la selección de los encuadres hasta el montaje (como la gran mayoría de las películas), pero en este caso, algo que supera incluso la capacidad de los cineastas de ficcionar los relatos, es la coyuntura social que se registra, pues aquí el fuera de campo sólo nos brinda la posibilidad de imaginar cuánto más terrible pudo haber sido esta lucha social que costó cientos de vidas. La situación es tan caótica y desbordada que la película sólo se puede hacer resistiendo la opresión y grabando lo que se pueda grabar, pues la película lo es todo y quizá tardíamente uno comienza a comprender que independiente de donde se ponga la cámara, la película nunca deja de aparecer. Puede que con esto aparezca un tipo de cinefilia donde se lleva ese amor por el cine más allá del propio cine, transformándolo realmente en una herramienta social, pues aquí el cineasta es parte de la revolución, de la resistencia y que nosotros podamos ver lo que presenta, también implica presenciar la propia lucha de quienes están detrás de la película para poder contárnosla.

Puede sonar frívolo hablar de goce estético en un film como éste, pues no es parte de una producción hollywoodense ver un camión volcado en llamas entre fuegos artificiales, sin embargo, en este caso la belleza de la forma que aparece, es una consecuencia inevitable del contenido, se vuelve hermosa la capacidad de organización social de un pueblo, que tiene comités para cada una de las necesidades de su revolución. Este hecho se da a lo largo de todo el film y muestra un proceso de resistencia que va desde alimentar a miles de protestantes hasta reconstruir la ciudad levantando cada pedazo de escombro, así como también elevar como máximos héroes nacionales a los protestantes muertos, pues ahí aparece la historia más hermosa, la que no sale en los libros diciendo que una persona común y corriente es realmente un héroe de la patria. Quizá ahí reside uno de los grandes valores de esta película, que levanta como emblema patrio a miles de ciudadanos anónimos.

Se podría llegar a elevar la idea de que cada documentación de un proceso social de masas tiene cierto valor épico, ejemplos claros son La batalla de Chile (1975), 24 City (2008), ficciones como Novecento (1976) o Soy Cuba (1964). El porqué puede tener relación a la noción de utopía y una especie de antítesis de esta que sería la opresión, pues aparentemente seguimos viviendo en ese limbo entre ambos y sólo cuando nos oprimen demasiado parece emerger la masa, el pueblo, la organización y la anhelada utopía empieza recién ahí a tomar sustancialidad.

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Es difícil dimensionar la épica que presenta esta película, por momentos parece una súper producción cinematográfica como El pianista (2002), Gladiador (2000) o Pandillas de Nueva York (2002) y en muchos momentos cuesta creer y digerir que en Maïden no hay actores, sino ciudadanos luchando, que no hay efectos especiales, sino explosiones y balazos reales y que por ende, no cualquiera tiene las agallas para parar una cámara ahí, sólo alguien que sabe lo que significa reescribir la historia por medio de las imágenes. Maïden es un decálogo de la ética revolucionaria del ser humano contemporáneo.

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