La suerte de los pringaos…‏

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fuente: www.politika.cl

Gracias al cielo se acabará la inseguridad y la delincuencia: los diputados aprobaron una ley que permite detener a los menores de edad. Mientras tanto cuesta meter un parlamentario en cana porque son penalmente irresponsables. O bien, como dicen los fiscales, “no hay mérito suficiente para inculparles”. Entretanto, los desastres económicos se aceleran, algo disimulados detrás del drama entre los dramas: ¿quién será el próximo entrenador de “la roja”? Luis Casado nos devuelve a una realidad sombría que no alegrará ni el “piscinazo”. ¡Qué país!

Saturne - Goya

Grecia: la suerte de los pringaos…


Escribe Luis Casado


Para que Grecia no fuese expulsada de la zona Euro, el gobierno griego encabezado por Alexis Tsipras comulgó con ruedas de carreta y aceptó el diktat de la Troika (FMI – UE – BCE).

Tuvo que poner a Grecia bajo el control de instituciones extranjeras, e incluso los presupuestos del Estado, manifestación esencial de la soberanía, son aprobados o bien rechazados por los Procónsules designados a dedo en Bruselas, Frankfurt y Washington.

A cambio obtuvo… ¿qué? Prolongar la agonía: otra dosis de austeridad, nuevos recortes del gasto social, la obligación de privatizar el patrimonio público y eternizar el sufrimiento de millones de griegos que se aprietan la cintura para pagar una deuda impagable multiplicada por intereses usureros.

A poco andar se verifica lo que anunciamos desde el comienzo: el remedio terminaría por matar al enfermo. En esa estamos ahora.

Obligado por su propia incapacidad a enfrentar a sus socios europeos, Tsipras ha terminado por enviar al Parlamento un presupuesto en el que – derrota entre las derrotas – aumenta las cotizaciones y reduce significativamente unas pensiones que ya fueron recortadas en un 30%, aplastando aún más a los sectores más modestos de la población. ¿Para qué? Para liberar fondos destinados a pagar la deuda impagable.

Tú te dices que la Troika debe estar satisfecha. Nones.

Lógicamente, Grecia entra en una nueva recesión, y además la Unión Europea le reprocha la crisis de los inmigrantes gatillada por la guerra que Francia, Gran Bretaña y los EEUU desataron en Libia, Siria, Irak y Afganistán, para no hablar del golpe de Estado en Egipto y de los ataques turcos – su aliado en la OTAN – contra la población kurda.

Ahora los “socios” europeos exigen la salida – durante dos años – de Grecia de la zona Schengen, esa que permite la libre circulación de personas en el seno de buena parte de la Unión Europea. Los inmigrantes – dicen – llegan a través de Grecia, que ha sido tan incapaz como España, Alemania, Francia, Italia, Austria y otros países para detener un flujo interminable de víctimas de las guerras neocoloniales.

Grecia no sólo debe aceptar la servidumbre impuesta por sus acreedores, sino también contentarse con la “mesa del pellejo”, allí donde sientan a los prescindibles, al perraje, a los pringaos. Les echan como se echa a un perro: ¡Fuera! ¡A tu cucha!

¿Cómo no darle la razón a Yanis Varoufakis? El ex ministro de Finanzas heleno siempre sostuvo que los amos de la Unión Europea sólo comprenden el lenguaje de la firmeza. ¿Cómo responderle a un chantaje? Bajar la cerviz no sirve. Varoufakis afirmó que las negociaciones con sus pares se llevaron a cabo en un ambiente de violencia desatada contra él y el gobierno griego.

Alexis Tsipras optó por transigir. Un año más tarde los resultados están a la vista. Tras el enésimo desfallecimiento griego asoma su ominosa nariz la imparable crisis italiana – sus bancos guardan más de 300 mil millones de euros de créditos irrecuperables –, el poco disimulado desastre español, y otras yayitas (pupas) financieras que no terminan, ni terminarán, de sanar.

¿Una nueva crisis? No. La misma, que se prolonga, muta, cambia de aspecto, un día financiera, otro económica, luego social, y siempre política.

Las mismas causas provocan los mismos efectos. Agradecedle todos estos pánicos, estas diarreas, estos aprietos, estas “volatilidades”, estos desórdenes, estos desequilibrios, a los adoradores del equilibrio general, a los defensores de los mercados desregulados, a los propiciadores de la libre competencia que desfilan agrupados en carteles, a las multinacionales que odian pagar impuestos pero disponen de caja libre para comprar políticos, a los políticos venales que son presa fácil de la influencia del dinero, a quienes defienden los monopolios con el manido argumento que desafiarlos o eliminarlos es malo para la economía y el empleo.

En suma a quienes nos han estado gobernando desde la década de los 1970 en adelante, y que encontraron en Margaret Thatcher, Ronald Reagan, Milton Friedman, Friedrich Hayek y otros especímenes de la misma catadura, a sus admirados “héroes” del individualismo, a los verdugos de los más nobles principios de solidaridad.

La larga agonía griega, ese derruido país que mantienen bajo respiración artificial para repartirse lo que quede a la hora del derrumbe definitivo, nos muestra nuestro propio futuro.

Paciencia: ya viene. Formamos parte del grupo de los pringaos…

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