Venezuela 2016… No te queremos llorar una elegía…‏

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Curiosa ‘dictadura’ la venezolana, que entroniza libremente un Parlamento opositor. Curiosa dictadura, en la que los “demócratas” que ahora regentan el Parlamento, apenas llegados anuncian un golpe de Estado “legal”. En Venezuela nada es blanco, nada es negro. Los matices de gris parecen dominar una realidad en la que los seguros perdedores parecen ser los de siempre: el pueblo llano. Hugo Latorre Fuenzalida nos ofrece un análisis forjado en el crisol del afecto y la gratitud.

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VENEZUELA 2016… NO TE QUEREMOS LLORAR UNA ELEGÍA…


Hugo Latorre Fuenzalida


Muchos chilenos tenemos un vínculo especial de afectos con Venezuela. Vivimos en esa tierra, soñamos con un futuro digno, de respeto y consideración; nos permitieron refugiarnos de la barbarie imperante en Chile por ese entonces; pudimos trabajar y progresar sin afán de enriquecernos; pudimos ejercer actividad política para rescatar nuestra democracia. Los chilenos fuimos mirados con simpatía y muchos se quedaron a vivir definitivamente por esos lares.

Los políticos y las gentes de Venezuela nos apoyaban en nuestras luchas, no les éramos indiferentes. Muchos de los políticos de entonces habían pasado su exilio y estudiaron en Chile; algunos habían formado familia con chilenas.
La historia no puede negar el vínculo de deuda intelectual con venezolanos como Andrés Bello y Simón Rodríguez. Hombres que ayudaron a forjar grande institucionalidad jurídica y en la educación.

Desde nuestras universidades salieron profesionales de la ingeniería, educación, medicina, economía y derecho, personas que luego regresaron a su país, prestaron grandes servicios pero nunca olvidaron a Chile.

Los políticos de entonces, que representaron el Pacto de Punto Fijo, aquél que dio gobernabilidad a Venezuela desde 1958 y que logró grandes cosas y olvidó muchas otras igualmente importantes, debió sufrir el desgaste propia de una hegemonía casi total sobre esa sociedad.

La bonanza petrolera permitió la existencia de una población calmamente esperanzada en su futuro, por casi 25 años, hasta que la crisis de los precios del crudo, post-bonanza, eliminó la sonrisa de esa población y crispó sus gestos en rebeldía por la expectativa no cumplida.

Los políticos reaccionaron tarde y mal, lo que llevó al derrumbe del sistema y la emergencia de una nueva esperanza, cifrada en un militar rebelde y antisistema, como fue Hugo Chávez.

El Comandante tuvo sus aciertos iniciales, cual fue -tal vez el mayor- salvar a Venezuela de una catástrofe fratricida, debido a la miseria social que afectaba al 65% de la población.

Chávez recupera precios del petróleo, en acuerdo con la OPEP y esos recursos son destinados rápidamente a asistir a la pobreza extrema. Todo eso estaba bien, pero luego, cuando se suma la demanda asiática por petróleo, la nueva bonanza hace emerger nuevamente la idea de que esa riqueza es la gran panacea, y se olvida también Chávez de la repetida frase del ilustre fundador de la OPEP don Juan Pablo Pérez Alfonzo: “Debemos sembrar el petróleo”, frase que repitió dos décadas después, con desesperación, el ilustre Arturo Uslar Pietri.

La gran tragedia del chavismo fue el creer que se puede gobernar para una parte del país y con eso tener éxito perdurable. La segunda tragedia es que vinieron a repetir el mismo error del Pacto de Punto Fijo al no crear una economía para el futuro y pensar que se puede vivir de la renta de una materia prima de manera alegre y despreocupada.

El chavismo ha propiciado una especie de socialismo mitigado, pero de una discrecionalidad en las decisiones que lo asemeja mucho a un centralismo autoritario, lo que hizo que los errores de Chávez en estas materias se perpetuaran y profundizaran sin contrapeso.

Ahora que vienen los años de vacas flacas (según la vieja premonición del José de Egipto y que se repite cada cierto tiempo en todas estas sociedades que viven de sus recursos primarios), se encuentran con los graneros vacíos y sin respuestas a una sociedad que va cayendo en la cuenta que su situación comienza a ser desesperada.

Al chavismo le cuesta entender que el pueblo también vive de pan y que al no obtenerlo castigará a los detentores del poder; las elecciones anteriores venían anunciando esta caída de los bolivarianos en las preferencias democráticas. Este día de la derrota contundente, que se dio en las parlamentarias, era esperable, era razonable y es sano.

Venezuela necesita un cambio de rumbo, pues la receta bolivariana ha resultado en un mal plan y una peor ejecución. Los países deben vivir de sueños, pero también de realidades y al chavismo le sobraron sueños pero las realidades brillaron por su ausencia. Hablamos de realidades básicas, cuales son las económicas, pero también las políticas: desde los griegos la hybris o soberbia del poder absoluto es definida como la trampa que ponen los dioses para hacer caer a los hombres que quieren jugar a dioses.

Los imperios y los tiranos de todo pelaje han caído en esta trampa y sus desgastes y sus procesos de corrupción y descomposición lo describen magistralmente dos pensadores insignes, como son Toynbee y Spengler.

Es cierto que el chavismo ganó elecciones reiteradas, por lo que no se le puede acusar de tiranía, pero las formas de ejercer el poder de manera abusiva, unidimensionalmente, sesgadamente, sin los equilibrios y las ponderaciones y responsabilidades básicas para un conductor de pueblos, asemejan sus conductas, a pesar de su legitimidad formal, con una dictadura enmascarada.

Esto no sólo se puede adjudicar al chavismo, también acá en Chile somos víctimas, desde el retorno a la llamada “democracia” de una especie de “dictadura de las élites”, que imponen sobre el pueblo chileno condiciones tan abusivas o peores que las que ha puesto el chavismo en Venezuela.

Con lenguaje menos estridente, pero amparados en una legislación que hace innecesaria la estridencia, pues todo está amarrado y protegido bajo el manto de una legalidad espuria, derivada de una Constitución no democrática y de un poder armado que vigila para que todo siga el orden dejado por Pinochet.

La clase política asume el poder, también derivado de las urnas, con el criterio de los conquistadores, abusos, corrupciones, sesgos, distorsiones, represiones y todo tipo de licencias que el pueblo no logra aún contrarrestar con una acción democrática definitoria.

América Latina no puede seguir presa de estas opciones extremas de oligarquías populistas o economicistas. Debemos avanzar hacia una centralidad democrática, de equilibrios, de integración y de solidaridad social y nacional. Existen caminos económicos y políticos que no son extremos ni abusivos; existen estrategias de desarrollo que pueden superar el chantaje de los capitales avariciosos y de los asistencialismo irresponsables.

Debemos preferir un realismo efectivo, progresista y futurista, pues es la única puerta que América Latina no ha abierto en los últimos 50 años y ya llegó la hora de avanzar por esa ruta.

Venezuela debe hacer todos los esfuerzos por dejar atrás esas boletas ideológicamente falsas, con que se ha defraudado a su pueblo. Debe avanzar por la senda del entendimiento, del diálogo, del trabajo, de la creatividad, del esfuerzo, la responsabilidad y la decencia y transparencia pública.

De no ser así, tendremos necesariamente que llorar otra elegía para ese pueblo tan estimado y tan merecedor de otro destino.

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