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Empire

Gilipollas, pero no tanto

Crónica de Flandes


Escribe Carlos Tortin


Estos alumnos tienen una tarea más bien cabrona: intentar resumir los acontecimientos internacionales, los que merecen estar en primer plano. Y correctamente explicados. Pero esa es la tarea de hoy.

Como introducción, el profesor menciona qué tenemos sistemáticamente en contra los dichos y declaraciones de gobernantes y sus medios de comunicación, escritos, radiales y televisados, quienes nos bombardean con cuasi noticias y desinformación.

Tenemos cuatro ponencias. Y comienzan en este momento. Adelante!

1.- El año 2003, dos superpotencias deciden, con el apoyo de tres o cuatro potencias menores, violar a plena luz del día, con premeditación y alevosía, la Carta de Naciones Unidas, en especial aquel capítulo que declara el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Partieron al asalto de un país enemigo, que hasta hace poco era abiertamente un amigo, incluso un aliado en una guerra anterior.

Descubrieron que ese país tenía armas de destrucción masiva. Debo dejar en claro que inspectores enviados por Naciones Unidas no encontraron armas de ese calibre. Para derrotar a ese país poseedor de armas de destrucción masiva, estas potencias utilizaron masivamente sus armas de destrucción. Y lo destruyeron. Destruyeron su ejército, su industria, sus instalaciones petroleras e incluso edificios públicos, entre ellos hospitales. Sin olvidar, de paso, y por casualidad, puentes y carreteras.

Detrás de las fuerzas de ocupación, venían ejecutivos empresariales, con los nuevos contratos de reconstrucción, listos para ser firmados por las nuevas autoridades: un gobernador instalado por los ocupantes. Y traían equipos completos de ingenieros, técnicos, obreros y maquinaria de moderna tecnología.

Ocho años después se dieron cuenta que destruyeron a un enemigo que muy bien podía seguir siendo un amigo. Dentro del país destruido, les fue imposible encontrar amigos, verdaderos aliados. Y al final salieron arrancando. Y dejaron atrás dos países donde antes había uno.

2.- En el norte de África, otras superpotencias, con apoyo de las dos anteriores ya mencionadas, se proponen destruir al país con el mejor sistema de seguridad social del continente. Se les ocurrió que el gobierno no era democrático. Y por lo tanto había que destruirlo, para llevar la modernidad y la democracia a esa región del planeta. Y lo destruyeron.

Y ahora nadie ha sido capaz de levantarlo de nuevo. Donde había un país organizado, con todos los servicios funcionando, con empleo para la población nacional y también para trabajadores de países fronterizos, hoy reina el desorden total, guerras y guerrillas. Y lo más grave, la gente joven comienza a conocer el significado práctico de la palabra pobreza.

3.- Una alianza más amplia de superpotencias, y siempre con el apoyo de mini potencias gobernadas por chupa calcetas, se ha propuesto en la última década derrotar otros enemigos de la civilización occidental, empezando por los Talibanes.

Más de una década han estado allí, utilizando masivamente sus armas de destrucción, hasta que han anunciado su retiro triunfal.

Y los Talibanes salen de sus bases en las montañas y anuncian con similar triunfalismo que pronto recuperarán el poder perdido. ¿Debemos pensar que las superpotencias ocuparon ese país para saquearlo, empujando a los talibanes hacia las montañas, pero sin la intención de derrotarlos?

¿Debemos pensar que la “guerra contra el terrorismo” es en realidad una moderna versión de piratería internacional?

Pareciera que nos toman por gilipollas.

4.- Estas mismas superpotencias intentan desesperadamente ampliar sus fronteras estratégicas. Y se encuentran de frente con los rusos. Y nos cuentan sus líderes políticos, o mejor dicho nuestros políticos, porque nosotros los hemos elegido en votación abierta y supuestamente democrática, que la actitud agresiva de Rusia obliga a nuestros países a modernizar todos nuestros ejércitos.

¡Tamaña amenaza justifica cualquier sacrificio!, nos gritan.

Nos cuentan tiernamente que no hay recursos para mejorar el sistema de salud y previsional, que hay que hacer recortes presupuestarios para mantener los equilibrios macroeconómicos. Y por supuesto, para cumplir con las exigencias de la Comisión Europea en cuanto a los déficits presupuestarios.

Sin embargo tendremos que aceptar como imprescindible un gasto extraordinario, para modernizar la flota de aviones de guerra. Se gastarán solamente casi cinco mil millones de euros. Solamente.

También pregunto: ¿somos gilipollas o creen que lo somos?

En ese momento suena una campanilla, activada por el profesor Flamand, Doctor en Ciencias Políticas y Licenciado en Historia, titular de esas materias en la Facultad de Ciencias Sociales de La Universidad de Gantes. Con el suave tono de la campanilla, marca una pausa, para dirigirse a sus alumnos de ciencias políticas. “Han estado muy bien, les dice, sus reflexiones son acertadas, pero debo mencionar que solamente he oído opiniones críticas hacia la gran política de nuestros países y gobiernos.”

En la platea del anfiteatro hay personajes invitados, especialmente un par de diputados y algunos dirigentes de partidos políticos. Estos no tienen derecho a intervenir. Están allí para recoger inquietudes del mundo académico. En este caso, de los estudiantes.

A un costado de la sala, hay seis sillas en línea, donde se ubican los oyentes, quienes se inscriben para oír el debate académico. Ahí he permanecido yo, callado y atento. Los oyentes tienen derecho a preguntar. Y si el profesor lo permite, también a presentar alguna observación.

El profesor pide a los 24 alumnos que levanten la mano quienes consideran correctas, y adecuadas a los tiempos modernos, las grandes políticas gubernamentales en ejecución. Ninguno.

En el lugar de los oyentes, levanto la mano. Soy el único oyente el día de hoy.

El profesor Flamand me pide una breve presentación, antes de hacer una pregunta o un comentario.

“Soy el electricista de este edificio, le informo. Y también el jardinero. Tengo un contrato indefinido en esta Universidad. Tengo estudios relacionados con educación política, pero no poseo diplomas”.

Y bien, dice el profesor, si lo desea puede hacer una o más preguntas. O algún comentario que tenga directa relación con los temas tratados aquí y ahora.

“Deseo hacer un comentario”, le informo.
“Creo que lo planteado por sus estudiantes es acertado. Pero no indican soluciones”.
“Lo que ocurre en la actualidad, y se ha mencionado en las ponencias de sus estudiantes, es culpa de ustedes mismos. O debiera decir: de todos nosotros”.
“Somos co-responsables, porque nosotros legitimamos el poder de nuestros gobernantes, porque nosotros vamos a votar cada vez que nos convocan. Sabemos que los candidatos ya han sido elegidos por sus financistas, nacionales y multinacionales. Y nosotros participamos del proceso electoral. Y ante el país y el mundo aparecemos “ejerciendo la democracia”. Lo que en la práctica es una farsa”.

Y qué propone usted?, pregunta el profesor.

“Pues, yo propongo una Huelga de votantes. Y con exigencias bien precisas”.
¡Una huelga de votantes!, piensa el profesor en voz alta y me pide que complete mi propuesta.

“Pues, que en países donde no es obligatorio ir a votar, los votantes se pongan de acuerdo en sindicatos y otras organizaciones sociales, y por las redes sociales, llamando a no asistir a votar cuando las autoridades convoquen”.
“En países donde es obligatorio ir a votar, hacer una campaña más intensiva, en las organizaciones sociales y a través de las redes sociales. Sabemos que no ir a votar significa pagar una multa. Pero si somos cientos de miles, no creo que algún gobierno se atreva a cobrar multa”.

-Y el objetivo?, me preguntará usted profesor. Se lo cuento en dos minutos. Es uno solo:
-Proponer públicamente que se cambie la Ley electoral. Mantener la huelga hasta lograr ese objetivo. Con las siguientes exigencias:

• Prohibición total y absoluta de financiamiento privado a los partidos políticos, a sus dirigentes y a los candidatos en campaña electoral.

• Democracia dentro de las organizaciones que participan en la política de Estado. Una exigencia básica: que los dirigentes de cada partido político u otra organización, sean elegidos en votación directa, abierta y pública, por todos los militantes. Un militante, un voto.

• Derecho de las organizaciones sociales a participar en la política de Estado. Esto quiere decir, que las organizaciones con más de quince mil socios o militantes, tengan derecho a presentar candidatos propios a las elecciones de diputados, senadores y presidente (o jefe de gobierno).

“Usted sabe, profesor, cuántos militantes tiene promedio un partido político en este país: entre quince mil y treinta mil”

“También sabe cuántos militantes o socios tiene un sindicato nacional de trabajadores y empleados: más o menos 1 millón y medio. Claro está que los partidos políticos se nutren de estos. Pero nadie ha propuesto que las organizaciones sindicales asuman un rol político independiente”.

“Condición indispensable en este último caso, y deberá ser reglamentado, será que los dirigentes sociales electos nunca podrán representar intereses ajenos a sus organizaciones. Deberán defender, y promover la ampliación de, los derechos sociales de sus representados. De no cumplir esta condición, las organizaciones madres tendrán el derecho a removerlos de su cargo”.

“Podemos mantener en el tiempo esta campaña, no vamos a votar, hasta lograr que se cambie la Ley electoral. Será un punto de partida. Por alguna parte hay que empezar, digo yo. El Lobbismo y otras corruptelas no pueden seguir reinando sin resistencias.”

¡Podemos ser gilipollas, pero nunca tanto!

El profesor saluda la presencia de todos, deseando que la jornada sea provechosa para los interesados. Y da por finalizada la clase.

Yo reviso mi celular y veo tres llamadas perdidas de la jefa de personal. Acudo a su oficina. Me informa que esta es la tercera vez que no me encuentran en mi lugar de trabajo. Que mi expediente está en estudio y que tal vez me despidan por ausencias injustificadas.

¡Qué gilipollada!

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