“Mas sobre el islam y lo que sucede en esas tierras, infórmese”

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Fuente: www.politika.cl

Para complementar las informaciones sobre las raíces y el origen del terrorismo islámico he aquí una nota de dos historiadores, una francesa y un argelino: Sophie Bessis et Mohamed Harbi. Y que cada palo aguante su vela…

tratadenegros

La trata de negros está en el origen de la riqueza europea

“Pagamos las inconsecuencias de la política francesa en el Medio Oriente”


Por Sophie Bessis et Mohamed Harbi (Historiadores)


http://www.lemonde.fr/idees/article/2015/11/17/nous-payons-les-inconsequences-de-la-politique-francaise-au-moyen-orient_4811388_3232.html#ab31TFc9KZMWl8Bo.99


Seamos realistas, pidamos lo imposible, clamaban en las calles de París los utopistas de mayo 1968. Ser realista hoy, es reclamar de aquellos que gobiernan ir a las raíces de este mal que, el 13 de noviembre, mató al menos 129 personas en la capital francesa. Ellas son múltiples, y no se trata de hacer aquí el inventario. No evocaremos ni el abandono de los suburbios, ni la escuela, ni la reproducción endogámica de las elites hexagonales incapaces de leer la complejidad del mundo. Medimos aquí la multiplicidad de las causas de la expansión del islamismo radical.

Como sabemos a qué punto la estrechez de las relaciones mantenidas en el mundo árabe entre las esferas política y religiosa pudo facilitar su emergencia, no tenemos ninguna intención simplificadora. Pero, hoy, es la política internacional de una Francia herida, y del conjunto del mundo occidental, la que queremos interrogar.

Primero el islamismo. Desde los inicios de su aumento de potencia, los dirigentes occidentales se convencieron que devenía la fuerza dominante del mundo arabo-musulmán.

Adicción al petróleo mediante, reforzaron el pacto faustiano que los une a los Estados que son la matriz ideológica, que lo propagaron, financiaron y armaron.

Para hacerlo, inventaron el oxímoron de un “islamismo moderado” con el que podían aliarse. El djihadismo es antes que nada el hijo de los Saoud y otros emires a los cuales se felicita de vender a todo va sus armas sofisticadas, olvidando los “valores” que convoca algo rápidamente en otras ocasiones. Jamás los dirigentes franceses se interrogaron sobre el hecho de saber lo que diferencia la barbarie del Estado Islámico de la del reino Saudita. No se quiere ver que los anima la misma ideología.

El apoyo aportado estos últimos meses al régimen turco del Sr. Erdogan, del que son conocidas las amistades con el djihadismo que ha contribuido no poco a su reelección, es una de las pruebas más recientes.

Francia, estos últimos años, reforzó al extremo sus lazos con Qatar y Arabia Saudita, cerrando los ojos sobre su responsabilidad en la mundialización del extremismo islamista.

Ceguera voluntaria

Los muertos del 13 de noviembre son también las víctimas de esta ceguera voluntaria. Esta constatación se suma a la larga lista de apoyos a los otros sangrientos dictadores medio-orientales –calificados de laicos cuando convenía, de Saddam Hussein a la dinastía Assad o a Kadafi– y cortejados hasta que ya no les sirven.

La pesada factura de estas trágicas inconsecuencias las pagan los ciudadanos inocentes del cinismo, a la vez ingenuo e interesado, de sus gobernantes.

La otra matriz del delirio racional de los asesinos djihadistas es la cuestión israelo-palestina. Desde hace décadas los mismos dirigentes occidentales, tetanizados por la memoria del judéocidio perpetrado hace setenta años en el corazón de Europa, rehúsan hacer aplicar las resoluciones de la ONU susceptibles de resolver el problema y se someten a los dictados de la extrema derecha israelí que está en el poder, que ha hecho de la tragedia judía del siglo XX un fondo de comercio.

Nunca se dirá suficientemente a qué punto el doble estándar, erigido en principio político en el Medio Oriente, alimentó el resentimiento, instrumentalizado en odio por los empresarios identitarios de todo pelaje.

Entonces, sí, seamos realistas, pidamos lo imposible. Exijamos que Francia le ponga término a sus relaciones privilegiadas con Arabia Saudita y Qatar, las dos monarquías en donde el islam wahhabita es la religión oficial, mientras no hayan cortado todo lazo con sus epígonos djihadistas, mientras sus leyes y sus prácticas vayan contra un mínimo decente de humanidad.

Exijamos también de la llamada “comunidad internacional” que haga aplicar inmediatamente las resoluciones de las Naciones Unidas relativas a la ocupación israelí y que concretice ya la creación –demasiado tiempo diferida– del Estado Palestino mediante el retorno de Israel a sus fronteras del 4 de junio de 1947.

Estas dos medidas, que harán reír a los partidarios de una realpolitik de cuyas consecuencias catastróficas ya perdimos la cuenta, no eliminarán en un instante la amenaza djihadista, enraizada ya en todas partes. Pero ellas tendrán el mérito inmenso de secarle, así sea parcialmente, el surco. Entonces, y sólo entonces las medidas antiterroristas tomadas hoy en la ausencia de toda visión política, podrían comenzar a ser eficaces.

Sophie Bessis et Mohamed Harbi (Historiadores)
Sophie Bessis es la autora de La Double Impasse. L’Universel à l’épreuve des fondamentalismes religieux et marchand (La Découverte, 2014) ; Mohamed Harbi es un ex miembro e historiador del Frente de Liberación Nacional argelino (FLN).


Nota: si no se indica otra cosa, las traducciones son de POLITIKA

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