Historias de callejón: El fuego y la nostalgia de Valparaíso

0
2858
Ascensor Artilleria.

Una antiquísima forma de arte, las marionetas, sigue encantando a grandes y chicos y alcanza una dimensión épica. No sólo en el célebre Théâtre des Guignols de Lyon, sino en la producción de extraordinarios marionetistas chilenos. El periodista Andrés Figueroa Cornejo nos presenta una compañía que tienes que ver: El Teatrino de la Memoria…

Teatrino de la Memoria  2

Teatro. Historias de callejón: El fuego y la nostalgia de Valparaíso


“Pero este puerto amarra como el hambre”
Osvaldo ‘Gitano’ Rodríguez


Andrés Figueroa Cornejo


¿Por qué nostalgiamos lo que nunca vivimos? ¿De los restos de la ciudad de Valparaíso, hoy sinónimo de pobreza, desempleo, incendios, abandono? A mediados de los 90 del siglo que pasó, el periodista que escribe la presente reseña realizó su primer año de la carrera de periodismo en la Universidad Católica de Valparaíso. Vivió en el Cerro Alegre, en la Avenida Alemania, en el piso inferior de un palacete donde jamás llegó la luz del sol, y entre la casa de Pablo Neruda, La Sebastiana, y una carnicería cuyo piso estaba hecho de baldosas que mal disimulaban suásticas. Una arquitectura barrial simbólica, inolvidable y contradictoria, con fondo de un invierno especialmente crudo y descensos vertiginosos para comprar el último paquete de fideos bajo lluvias de fin de mundo.

Isis Maldonado Astudillo es la Directora de la Compañía de marionetas Teatrino de la Memoria, como de su último montaje ‘Historias de Callejón’. Isis realizó el texto, la dramaturgia y construyó la estética y el diseño. “El trabajo, que nos tomó tres años, está formulado desde los bordes sociales. No hacemos ningún juicio de valor. Ello le corresponde al espectador.”

-¿Por qué hacer teatro de marionetas sobre la memoria y no sobre la actualidad?

“Valparaíso tiene un pasado riquísimo que las presentes generaciones desconocen. La obra está ambientada en una época dorada del puerto, entre los años 40 y 60 del siglo XX, en un Valparaíso bullente, cosmopolita y símbolo de la bohemia. No se trata ya de su tiempo de glorias mercantiles ni del trazado fresco y arquitectónico del comercio inglés, que había ocurrido y decaído mucho antes. Más tiene que ver con que después de la Segunda Guerra Mundial llegó a Valparaíso mucha gente interesante que se instaló a vivir en los cerros.”

-¿Cómo entronca ese Valparaíso con la obra de teatro?

“Aparecen imágenes como las de una estriptisera, cuyo padre, que era un marino mercante, se murió varias veces cuando su hija que estudiaba Leyes comenzó su carrera artística. En la representación está una vieja muy especial que existió en muchas viejas reales de Valparaíso. Se trata de mujeres de origen extranjero que terminaron en la calle, trastornadas. En mi infancia existió una mujer suiza que se vestía de harapos limpios, que lavaba sus trapos donde encontraba agua y que iba de un lado a otro cargada de bultos. Era encantadora. Yo conocí a mujeres similares que acabaron en la miseria como vagabundas. Se hablaba de ellas como de personas que tuvieron un buen pasar, pero que en algún momento sus propiedades fueron liquidadas. Por ejemplo, las hermanas Labarca. Una de ellas padecía una locura como uno de los personajes cinematográficos de Bette Davis que interpretó en el clásico Baby Jane. Usaba el pelo desordenado y era muy estrafalaria, pálida, cultísima y no hablaba con nadie.”

Los ángeles de las putas y los más pobres

-La obra está atada a tu infancia porteña como signos incandescentes…

“Por supuesto. Yo sentí siempre una fuerte atracción por las personas que sufrían esquizofrenia, alcoholismo, por los más dolientes. Ellos son los ángeles de las putas y de los más pobres. El protagonista de la obra es Violeto, pianista y cabrón, que existió realmente. Él fue el dueño de prostíbulos en calles clave del plano del puerto, en medio de los conventillos, la ‘chicha de pajarito’, los borrachos que se desplomaban a los pies de tu puerta, y gente fabulosa. Violeto, gay, en su infancia se llamó Roberto. Su madre, obviamente sin éxito, le buscó una mujer para casarse.

Por otra parte, están los marinos gringos que usaban a Valparaíso para putear. Mi madre llamaba a las trabajadoras sexuales, ‘mujeres de la vida’. Yo, niña, no entendía el significado. Mi familia vivía en el centro de Valparaíso, a un costado de la casa central de la Universidad Católica. Cerca estaba el mercado, rodeado de hoteles minúsculos y mujeres dedicadas al trabajo sexual. ¡Pero hasta la prostitución de entonces era diferente a la actual! Ellas tenían casas donde trabajar. Ahora patinan en la calle, son agredidos/as y hasta asesinados/as.”

-En el tráiler de la obra pude distinguir algunos inter-textos con otras producciones culturales imborrables. Con el escritor Alfonso Reyes Messa, con el Gran Circo Teatro, con el dramaturgo Luis Alberto Heiremans (‘El Abanderado’), con Alejandro Sieveking, con la novela El Tambor de Hojalata del alemán Günter Grass, con la ‘Ópera de Malandro’ del genio brasileño Chico Buarque…

“Una de las asistentes técnicas que trabajó en la Escuela de Teatro donde hago clases, nos relató historias extraordinarias del mundo del trabajo sexual y sus relaciones con los límites de la legalidad y sus personajes, como ‘El Cabro Carrera’, y delincuentes internacionales. Nos contó que de ellos provenían los mejores regalos y que jamás sufrió algún abuso. Luego terminó por alejarse de ese mundo debido al propio cambio de los tiempos. ‘La gente del ambiente era buena, nos protegía’, nos dijo. Ella también nos contó que sus padres debieron construir verdaderos escondites para realizar su trabajo, porque temían que cualquier día volvieran a ocurrir las atrocidades del primer gobierno de Adolfo Ibáñez del Campo (militar creador del cuerpo de Carabineros de Chile, represor de miembros del Partido Comunista, de homosexuales, entre otras formas de la expresión criolla del corporativismo fascistoide, oligarca y castigador implacable de toda disidencia según el conservadurismo de los años 20’ y 30’ del siglo pasado en Chile).

¿Cómo puedo olvidar el puerto de cerros de calles empedradas, los caballos cargando las carrozas de la muerte, el té fabricado de hongos?

Entonces lo que está en la obra es la suma de las nostalgias de las personas que vivieron esa época.”

-¿Por qué una producción de marionetas?

“Por la magia. Y por la brutalidad económica para la cultura en el país. Montar una obra de esta naturaleza con una compañía dramática convencional, resulta imposible. Mira, en la actualidad los montajes que priman son minimalistas, están asociados a la contingencia y al humor político, o son extensiones de las teleseries. ¿Quién hoy se da el trabajo de realizar montajes teatrales de crítica social con la estatura estética que ellos demandan? Nadie se aventura a la épica. Con las marionetas sí considero que podemos lograrlo.”

-Has llegado a la situación concreta de la vida de los actores y las actrices…

“Para sobrevivir hoy, la gente de teatro se compromete a tres o cuatro montajes a la vez. Como los recursos no alcanzan, cada obra ni siquiera termina una sola temporada. Nosotros, al igual que Andrés Pérez Araya o Juan Edmundo González, para producir ‘Historias de callejón’ debimos encerrarnos tres meses en una sala muy precaria, sin un peso, únicamente armados de la convicción profunda de sacar la obra adelante.”

-¿Y la memoria y Valparaíso?

“La memoria hoy sufre un sabotaje feroz. ¿Sabrán los jóvenes del Valparaíso actual cómo fue el comportamiento de la gente durante el terremoto que sacudió al puerto en 1906? ¿Cómo los porteños resolvieron colectivamente el desastre, a diferencia del último sismo donde, verticalmente, se llenó de militares la localidad? Nuestra obra representa a un joven homosexual de hace casi 70 años, cuya madre le busca una mujer para que no lo maten. ¿Cuántos jóvenes se suicidan en la actualidad por razones asociadas a las mismas causas? La memoria también sirve para enfrentar el espanto presente.”

-Como actriz profesional, de excelencia y experiencia, ¿cuándo se jodió Chile?

“Chile se fue la cresta (se jodió) desde el golpe de Estado de 1973. La verdad se ha vuelto planificadamente frágil. El buen arte popular, por sus materiales sensibles, en una forma de resistencia contra la banalidad imperante.”

Ficha Técnica
Compañía de marionetas Teatrino de la Memoria
Obra teatral para Adultos (mayores de 14 años).
Duración: 55 minutos.
15 marionetas en escena.
Actores manipuladores:
George Casanova
Verónica Márquez
Isis Maldonado
Carlos Cortés
Y un músico en vivo:
Víctor Barahona
Resumen:
Violeto, un travesti adulto mayor cuenta parte de su vida que transcurre en la bohemia de Valparaíso de los años 50 donde se hace dueño de un cabaret. Los personajes que protagonizan la historia es el propio Violeto niño, luego joven, sus padres, un marino norteamericano, un contrabandista, un carabinero, un animador de cabaret, el personaje mágico de una anciana vagabunda, un noruego, una enanita, una cantante de tango, una bailarina y otros.
El lenguaje propio del puerto ha sido abordado de forma poética.
El escenario es un Teatrino de 2 metros 30 de ancho aprox.
Iluminación propia (Led).
Se necesita un equipo de amplificación para el músico.
Valparaíso, Año 2015

No hay comentarios