Irán/ una dictadura teocrática que humilla, violenta y asesina a sus mujeres [Brecha – Pilar Rahola]‏

0
289
Iranian women protest the ban on Islamic head scarves in France in front of the French embassy in Tehran September 7, 2004. About 300 conservative students rallied in front of the French Embassy in Tehran on Tuesday to protest the ban on Islamic headscarves in French schools. REUTERS/Morteza Nikoubazl

Convertidas en viento

Brecha, Montevideo, 2-10-2015

http://brecha.com.uy/

Estas palabras son parte de la carta que Rehainé Yabarí, de 26 años, escribió a su madre poco antes de ser ahorcada en una cárcel cercana a Teherán. Más de siete años antes, cuando apenas tenía 19, la joven fue acusada de haber dado muerte a un médico que intentó violarla.

“No quiero pudrirme bajo tierra. No quiero que mis ojos, ni mi joven corazón, se vuelvan polvo. Te ruego que tan pronto como sea ahorcada, mi corazón, riñones, ojos, huesos y todo aquello que pueda ser trasplantado sea tomado de mi cuerpo y entregado como regalo a quien lo necesite. No quiero que el destinatario sepa mi nombre, ni que me compre un ramo de flores, ni que rece por mí.”

Esas palabras son parte de la carta que Rehainé Yabarí, de 26 años, escribió a su madre, una conocida actriz iraní llamada Sholé Pakravan, poco antes de ser ahorcada en una cárcel cercana a Teherán. Más de siete años antes, cuando apenas tenía 19, la joven fue acusada de haber dado muerte a un médico que, según expresó ella en el juicio, intentó violarla. También manifestó que cuando el hombre quiso forzarla ella lo hirió con un cuchillo en el hombro y luego huyó, sin matarlo. Pero no le creyeron.

El próximo 25 de octubre hará un año de que Rehainé fue colgada hasta morir. La carta de la joven iraní fue publicada en La Vanguardia de Barcelona por la periodista Pilar Rahola, el 7 de enero de este año, y circula actualmente por las redes sociales. “El mundo me permitió vivir durante 19 años”, dice la carta, entre otras cosas. “Aquella noche ominosa era yo la que debería haber sido asesinada. Mi cuerpo habría sido arrojado en algún rincón de la ciudad, y días después la policía te habría llevado hasta la oficina del médico forense para identificar mi cadáver y comunicarte que había sido violada. Nunca habrían encontrado al asesino porque carecemos de su riqueza y poder.” El padre de Rehainé, cita el artículo de Pilar Rahola, dijo que su hija nunca tuvo opción: “Si se hubiera dejado violar, la habrían lapidado. Se resistió, la han ahorcado”.

La única opción que hubiera tenido Rehainé de salvar su vida, de acuerdo a la legislación vigente en Irán, hubiera sido que la familia del hombre que ella supuestamente mató le hubiera otorgado el perdón, derecho que les acuerda a los deudos de quien es considerada víctima la ley islámica de “retribución”, que exige el pago de sangre con sangre. Pero ese perdón, que incluso trataron de obtener las autoridades iraníes, no fue concedido. “Quiero que el derecho de sangre de mi padre se cobre lo antes posible”, expresó Yalal Sarvandí, hijo del fallecido, un médico que, según alegó la defensa de Rehainé en el juicio, la habría llamado para la decoración de una oficina –la joven era decoradora de interiores– y la llevó a un edificio vacío donde intentó la violación. Y así, pese a los llamados de Human Rights Watch, Amnistía Internacional, la plataforma Avaaz –que reunió más de 240 mil firmas pidiendo que no mataran a Rehainé– y hasta de la Unión Europea, se cobró ese derecho de sangre con la vida de la muchacha cuyo juicio, según las organizaciones de derechos humanos, no contó con las garantías necesarias. Concluye así la nota Pilar Rahola: “Es la ley del machismo atroz, que impregna el cuerpo legal de una teocracia que usa a Dios para despreciar, violentar y asesinar a sus mujeres. Brillantes mujeres iraníes, convertidas en viento por la horca de una dictadura sin piedad”.


¿Hasta cuándo?

Una carta

“No quiero luto por mí; esfuérzate en olvidar mis días difíciles; deja que el viento me lleve”

Pilar Rahola

La Vanguardia, Barcelona, 8-10-2015

http://www.lavanguardia.com/

He tomado un respiro, he secado las lágrimas que no he podido evitar y, algo más serena, empiezo a escribir el artículo. Acabo de leer la carta que la joven iraní Reihane Yabari escribió a su madre antes de ser colgada en la prisión de Rajaishahr. Tenía 26 años cuando fue ejecutada, después de pasar siete años en la cárcel acusada de matar al hombre que intentó violarla cuando tenía diecinueve. Era diseñadora de interiores, hija de la conocida actriz Shole Pakravan, cuyo desgarrador grito, “¡Han ahorcado a mi hija!”, ha dado la vuelta al mundo.

En la carta, Reihane escribe: “Te digo desde lo más profundo de mi corazón que no quiero tener una tumba para que vayas a llorarme y sufrir. No quiero que vistas de luto por mí. Esfuérzate en olvidar mis días difíciles. Deja que el viento me lleve…”. Y le pide a su madre que done sus órganos: “No quiero pudrirme bajo tierra. No quiero que mis ojos, ni mi joven corazón, se vuelvan polvo. Te ruego que tan pronto como sea ahorcada mi corazón, riñones, ojos, huesos y todo aquello que pueda ser trasplantado sea tomado de mi cuerpo y entregado como regalo a quien lo necesite. No quiero que el destinatario sepa mi nombre, ni que me compre un ramo de flores, ni que rece por mí…”. Y después añade: “El mundo me permitió vivir durante 19 años. Aquella noche ominosa era yo la que debería haber sido asesinada. Mi cuerpo habría sido arrojado en algún rincón de la ciudad y, días después, la policía te habría llevado hasta la oficina del médico forense para identificar mi cadáver y comunicarte que había sido violada. Nunca habrían encontrado al asesino porque carecemos de su riqueza y poder. Luego habrías continuado tu vida sufriendo, avergonzada. Y, unos años más tarde, habrías muerto de dolor. Sin embargo, con aquel maldito golpe la historia cambió. Mi cuerpo no fue arrojado en cualquier lugar, sino en la tumba de la prisión de Evin y sus solitarias salas. Pero cede al destino y no te quejes. Sabes bien que la muerte no es el final de la vida”.

Y después de denunciar el acoso de las autoridades para poder dar una imagen de asesina despiadada y así justificar su ejecución, a pesar de los intentos internacionales por salvarle la vida, Reihane concluye: “Quiero abrazarte hasta que muera. Te quiero”. El día 25 de octubre era colgada hasta morir. Como dijo su padre, nunca tuvo ninguna opción: “Si se hubiera dejado violar, la habrían lapidado. Se resistió, la han ahorcado”. Con ella, Irán alcanza la cifra de 250 personas ejecutadas, especialmente mujeres, cuya inocencia nunca vale nada y cuya pena siempre es mayor, especialmente en delitos sexuales. Es la ley del machismo atroz, que impregna el cuerpo legal de una teocracia que usa a Dios para despreciar, violentar y asesinar a sus mujeres. Bellas y brillantes mujeres iraníes, convertidas en viento por la horca de una dictadura sin piedad.

No hay comentarios