Mexico: Qué sindicalismo queremos hoy – Por Daniel Carlos García‏

0
424

Por Daniel Carlos García

Artículos deDaniel Carlos García editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad – Distrito Federal, 23/09/15.- El sábado 12 de septiembre di una plática a compañeros de MORENA en la Delegación Coyoacán. El tema fue “Orígenes e historia del sindicalismo en México”, lo cual dio oportunidad de que al final, se diera una discusión sobre el sindicalismo que queremos hoy. Se concluyó en programar un debate sobre el punto, con distintos representativos del movimiento sindical o que pudiesen aportar a la discusión.

Ahora quisiera dejar asentados algunos comentarios que entonces hice y que pueden servir para un debate posterior, pues constituyen elementos para el análisis. Por lo menos eso espero. La disertación partió del final, de lo que podría haber sido parte de la conclusión. Acudí a tres opiniones escuchadas y leídas el día anterior. La primera es el párrafo conclusivo de un artículo de José Woldenberg, que ahora reproduzco, dice: “¿Y los humores públicos hoy? Están presididos por un malestar difuso. Creo que hay menos confianza en las asociaciones de los trabajadores, en las capacidades de la política, en la auto organización. Menos esperanzas en la solidaridad, en el trabajo conjunto y un desgaste notorio de la ilusión en los partidos y las elecciones. Un desencanto que me temo no presagia nada bueno. Deseo estar equivocado.”

Mencioné que sin caer en fatalismos coincidía plenamente con lo manifestado por el expresidente del IFE. Esta es una manifestación fehaciente del estado de ánimo de los ciudadanos y un reto que la izquierda no ha podido hasta ahora abordar con efectividad, menos aún resolver, gracias a su dispersión y sectarismo.

La segunda aseveración con la cual también coincido, (manifesté que desde hace días ha estado circulando por Facebook, con la autoría de Voltairine de Cleyre, la anarquista norteamericana de fines del siglo XIX), dice: “Los trabajadores tienen que aprender que su poder no está en la fuerza de su voto, sino en su capacidad de parar la producción”. Tanto Morena como el PRD han hecho de la vía electoral su única salida para el cambio, desdeñando la actividad política directa, más aún al movimiento sindical, el primero por el convencimiento de su dirigente máximo de seguir esa alternativa para lograr el “cambio”, los segundos, por su abandono de la plaza, en la comodidad (para su cúpula) de ir a la cola del sistema con una tajada del pastel.

Implica además de la aceptación del peso real de los trabajadores en la producción y en el cambio revolucionario, reconociendo la conciencia para di con la que deben conducirse en su actuación política, característica no siempre presente ahora, un poco por las particularidades del movimiento sindical actual y otro por el abandono de los partidos de izquierda en esta cuestión.

Y en este sentido, otra afirmación que me causó escozor por el desatino de quien la dijo, la escuché una madrugada en la televisión, específicamente en el programa que produce el Congreso del Trabajo (El mundo del trabajo), donde uno de sus dirigentes se atrevió a decir que, “hoy se acabó la lucha de clases”, prevaleciendo el interés y esfuerzo (según él) mancomunado entre patrones, trabajadores y gobierno, que buscan el interés de México. Me recordó aquella declaración de Jesús Zambrano cuando casi repitió la misma argumentación para explicar porqué había suscrito el Pacto por México.

Agregaría un cuarto elemento que pinta muy bien el contexto político en el cual se desenvuelve el movimiento sindical en nuestros días, que contradice lo que había sido la situación en el mismo hace algunas décadas. Más allá del sindicalismo independiente que busca hoy su unidad y coordinación, hay que destacar que uno de los representativos de la oposición antisistémica desde las organizaciones sindicales, es Napoleón Gómez Urrutia, quien desde su exilio en Canadá sigue dirigiendo una de las organizaciones más importantes del país y mantiene espacios de crítica escrita al gobierno priísta y antes panista, en las páginas de La Jornada y la revista electrónica latinoamericana Rebanadas de Realidad. Es decir, un personaje que hasta hace poco se le ubicó como uno de los representativos de lo que se conoció como dirigentes “charros”. Esas son las vueltas que ha dado el movimiento sindical.

Tampoco podemos soslayar otra realidad, que debemos combatir y trabajar para su erradicación. Me refiero a la existencia de aproximadamente un noventa por ciento de sindicatos llamados de protección, que por lo mismo, han roto con el espíritu originario de las organizaciones sindicales. Y de aquellos sindicatos existentes, con vida real y participación de sus agremiados, subsiste ese viejo vicio de la izquierda que es la división y dispersión.

Esto explica porque la derecha nos impuso su contrarreforma laboral a fines del 2013, sin que se haya presentado una contundente y efectiva respuesta de los sindicatos, los trabajadores y la izquierda social y parlamentaria. Esta es una cuenta pendiente.

Pero como dice la canción, ¿quién dice que todo está perdido? Se debe partir de esta realidad, compleja y nada fácil, pero no quedarnos en ella, sino hacer todo lo conducente para construir mejores condiciones en lo que puede ser un renovado movimiento sindical.

Implica aceptar que si hay un movimiento sindical de carácter independiente, debilitado, aún disperso, que no tiene enteramente una conciencia de si y para si, pero que actualmente está haciendo intentos de integrarse y coordinarse mejor. Este es un esfuerzo que hay que alentar, solidarizándonos, estando con ellos y unir nuestras propias demandas en una mínima agenda nacional de lucha.

Requiere también seguir reivindicando el papel de los sindicatos, como instrumentos de organización y lucha gremial, con los cuales se puede jugar una participación central en cualquier proyecto de transformación social de nuestra sociedad, más si no olvidamos el rol de los trabajadores en la producción nacional.

Por ello es necesario impulsar una nueva práctica sindical, a partir del renovado activismo de base, sobre todo en aquellas organizaciones controladas por los patrones a partir de dirigentes vendidos, que muchas veces no conocen a sus propios agremiados ni éstos a sus supuestos dirigentes. Como cimiente, habría que impulsar comités de lucha sindical.

Y donde hay verdaderas organizaciones sindicales, debemos de empujar la democratización de las mismas, horizontalizándolas y alejándolas de la opacidad con la que muchas veces se manejan y dirigen, a partir de tres ejes: a) imprimir un sentido ético a la práctica sindical; b) impulsando el voto secreto, universal y directo en las asambleas sindicales, evitando las represalias contra los trabajadores que se ubican en la oposición y, c) transparentar el origen, manejo y fin de los fondos y finanzas sindicales. Con ello, de paso erradicaremos otro lastre, que es la corrupción.

No es empezar de nuevo, pero si adecuar el sindicalismo a las circunstancias del México de nuestros días, rescatando el valor que históricamente ha tenido, reubicándolo como un protagonista del cambio.

No hay comentarios