Qué pena más grande‏

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Fuente:politika.cl

En vez de la alegría -que debía venir- una pena inmensa que no se termina. De eso va el tema de Antonio Soto, quién nos explica que los combatientes de la Concertación eran los John Connor de nuestra historieta. Como el pseudo héroe de la saga Terminator, terminaron trabajando para el enemigo…

Qué pena tan grande


Antonio Soto C.


Qué pena tan grande. El heroísmo de las luchas contra la dictadura ya no se reconoce. Los valientes de ayer y de hoy han pagado cara su valentía. Los que mataron no se han muerto de miedo. Edwards y Saieh controlan el presente y limpian su pasado, con la venia de sus antiguos enemigos y ahora sus amigos. Los economistas sólo han servido para justificar lo existente. Los empresarios se rebelan ante el más mínimo cambio y los políticos se entregan por migajas a los dueños de Chile.

Tanto sacrificio en vano. Tanto sacrificio para culminar con una economía y un régimen político que han servido para el enriquecimiento del 1% de las familias chilenas. Pinochet atentó contra los derechos humanos, pero su mayor éxito fue instalar un régimen que ha servido para que la mayoría nacional sufra un sistemático asalto a sus derechos económicos, sociales y políticos.

Hoy día, la preocupación exclusiva de economistas, políticos y gobernantes es el crecimiento, lo que ha culminado en un país con una elevada concentración de la riqueza. Con un Estado pasivo, sin autoridad ni voluntad para orientar el desarrollo, los ricos han aumentado su riqueza, apoyados en un régimen político que impide la representación ciudadana.

El Código Laboral inventado por José Piñera, y maquillado por los gobiernos de la Concertación, cerró las puertas a la sindicalización y negociación colectiva e impide el derecho a huelga efectivo. La debilidad negociadora de los trabajadores fundamenta la vergonzosa distribución del ingreso existente en el país.

Los pequeños empresarios no reciben los frutos del crecimiento económico. Han sido tan explotados como los trabajadores. Los bancos obtienen año tras año ganancias extraordinarias, gracias a las tasas de interés usureras que cobran a los pequeños empresarios. El Banco Estado ha optado por actuar como banco privado y, en vez de favorecer a las PYMES, les cierra el acceso al crédito o les exige tasas de interés.

Multitiendas, supermercados y farmacias se enriquecen con la explotación de los consumidores. La ganancia del gran comercio ya no se encuentra en la venta de productos sino en el negocio financiero, derivado del endeudamiento mediante tarjetas de crédito de sus clientes. La clase media y los sectores populares sobreviven con una vorágine de deudas. Los consumidores están en la indefensión.

El lucro y la mala calidad de la educación reproducen la pobreza de las familias de bajos ingresos y entregan un futuro incierto a los niños provenientes de capas medias. Sólo los hijos de familias ricas, que pagan colegios privados, tienen garantizada una buena educación, que luego se extiende a las mejores universidades en Chile y el extranjero. El sistema educacional reproduce el clasismo existente en el país y enriquece a negociantes inescrupulosos a costa del endeudamiento de las familias chilenas.

Una política fiscal restrictiva ofrece a los sectores de extrema pobreza hospitales derruidos, largas filas para los enfermos, médicos mal pagados y un AUGE de implementación confusa. En cambio, en el ámbito privado, existen Isapres para personas de altos ingresos, con clínicas tecnológicamente sofisticadas, altamente costosas, aunque con manifiestas discriminaciones.

Las AFP entregan a los ancianos pobres y de clase media pensiones insuficientes para atender una vejez digna. Sin embargo, sus ganancias se han multiplicado generosamente. El sistema ha conducido al empobrecimiento de los adultos mayores.

El tratamiento distinto que se brinda a la población chilena en educación, salud y previsión, según diferencias de ingresos, es éticamente cuestionable y políticamente insostenible. En la práctica, la extensión de los negocios al ámbito social sólo ha servido para un mayor enriquecimiento del 1% que controla la economía nacional, protegido por el duopolio político.

El golpe de Estado lo dieron las Fuerzas Armadas. Pero el asalto económico y social que sufrimos cotidianamente es responsabilidad de los Grupos Económicos, que se han enriquecido gracias a la indefensión del 99% de los chilenos. El 1% de las familias ricas financia las campañas electorales y recluta a políticos destacados como miembros de los directorios de sus empresas. Vasos comunicantes entre la política y los negocios que han debilitado la moral republicana.

Políticos, comprados con cuentas de vidrio, respaldan los negocios de los ricos; validaron la Constitución del 1980; y, aceptaron la hegemonía de los medios de comunicación, de propiedad de los Grupos Económicos. Resulta irónico, que la misma generación política que vivió los procesos de transformación a favor de los humildes, impulsada por Salvador Allende, y que luego desafió a Pinochet, haya aceptado el modelo económico y el régimen político que construyó la Dictadura y que finalmente se subordinara a la minoría empresarial.

Qué triste llegar al 11 de septiembre sin esperanzas para nuestros hijos. Qué vergüenza estar dirigidos por políticos que renunciaron a la ética y se entregaran a sus represores. Políticos financiados por Ponce Lerou, el yerno de Pinochet. Hemos derrochado la vida en estos veinticinco años. Los sueños se han roto. Es una pena tan grande.

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