La Lacrimogena cubana o carta abierta al diputado Felipe Kast

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Fuente. Mauricio Leandro

Sé lo que es marchar pacíficamente y que sin previo aviso una horda de hombres de ley te rodeen; sé lo que se siente ver cómo una granada lacrimógena impacta en la cara de uno de tus compañeros; sé cuanto cala el dolor de ver a  tus compañeras de 13, 16, 25 años, manoseadas por un carabinero; sé lo que es estar seis horas en una comisaría rodeado de Fuerzas Especiales que te dicen: “qué te pasa maricón, hazte el valiente ahora concha e’ tu madre, cabro culia’o”; sé lo que es salir a marchar en el sur y sentir en tu carne cómo las espaldas de tus peñis o los vientres de tus lamien, se cubren de perdigones; sé lo que es vivir la frustración de marchar no por gusto, ni con alegría, sino con la impotencia del no pago, por la asfixia económica, por la pensión de mierda, por la deuda histórica, por el crédito con aval del Estado; sé lo que se siente ser víctima de un sistema de salud que me condenó a la fila, a la espera eterna (ya no estamos en la UP); sé lo que es la rabia acumulada.

Honorable, a mí que soy un ignorante, coménteme qué sintió: ¿Es más fuerte que la nuestra la lacrimógena cubana? ¿Es más abortiva el agua de sus guanacos? ¿Lo amenazaron con desaparecerlo en la comisaría castrista? ¿Cojea por los lumazos en sus piernas? ¿Tiene moretones? ¿Le tocaron el culo?

Estaré atento a su respuesta diputado.

Atentamente
Mauricio Leandro

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