Suelten a Bachelet‏

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Fuente: Politika.cl

¿Golpe de Estado blando? No hace falta. Los dueños del fundo siguen siendo los mismos. A veces cambian los capataces. Sombrío y lúgubre panorama el que pinta Luis Casado. Lo malo es que se parece mucho a la realidad…

optimista

Suelten a Bachelet…


Escribe Luis Casado


Hay que ser justos. Suelten –soltemos– a Bachelet. Porque no es culpable sino de una cierta simpatía. Baila cumbia. Sonríe. El personal le creyó, le creía, a eso se resume su responsabilidad si uno excluye el haber aceptado ser el títere de intereses que la necesitaban como las angiospermas necesitan una planta anfitriona que devorar. Intereses que la sostienen como la cuerda sostiene al ahorcado.

El discurso acerca de su “líerahgoh” era una cortina de humo, un biombo chino, la payasada detrás la cual ocultaron el miedo a perder la teta. Bachelet se creyó el cuento, y con ella quienes pensaron hacer el último negocio antes de media noche, hora en la que el carruaje vuelve a ser una pinche calabaza.

Había que ser comunista para creerse el cuento de las reformas para las cuales no hay, nunca hubo, financiamiento. POLITIKA lo dejó claro en marzo del 2014. Tampoco hay, ni nunca hubo, voluntad. La distancia que media entre lo prometido y la realidad es directamente proporcional a la credulidad de los ingenuos.

Lo importante es conservar el statu quo, seguir jugando al “un-dos-tres-momia”, no tocar los privilegios establecidos en dictadura ni con el pétalo de una rosa.

Mientras el mundo que llaman desarrollado destruye las conquistas sociales alcanzadas al precio de siglos de lucha de clases, Chile ostenta el dudoso privilegio de no haber dejado sobrevivir ninguna, ni siquiera un símil de derechos ciudadanos, gracias al encono de tipos como Ricardo Lagos que hizo suya una Constitución dictatorial.

La “gradualidad”, el “realismo”, son los perendengues con los que travisten la brutal voluntad de seguir administrando un feudo, una hacienda, una encomienda, el Club privado que llaman Chile.

Sufre homo chilensis, el paraíso está a la vuelta de la esquina, el discurso político adquiere matices apostólicos. Todos viviremos a la diestra de dios-padre-todopoderoso si aceptas seguir sudando para engrosar la riqueza de los privilegiados, si sigues girando en torno al molino como la mula tuerta que cree avanzar, si pierdes tu vida manteniendo la “competitiáh chilensis” hasta que se acabe la vela.

En el preciso momento en que depositen tu cadáver en algún Parque del Recuerdo tarifado, Chile habrá alcanzado un lugar entre los países del G20, meta para la cual la entrada en la OCDE no fue sino un jalón, un mojón, un rellano. El goma de algún dinámico empresario depositará en tu tumba una corona de flores de plástico adornada de una cinta con la leyenda: “Al currante desconocido que murió excretando lucro para la empresa privada”.

Para esas fechas, el diez por ciento que aún irá a votar en las elecciones que consagran los nombres designados en la “cocina” de Zaldívar, Escalona y similares no necesitará ni siquiera una propaganda que habrá perdido toda significación, la más insignificante utilidad.

El aporte generoso de las multinacionales, diezmo que financiaba el parasitismo político, no tendrá sentido, se podrá prescindir de la Fiscalía Nacional, de los martellis, de los rosenbluts, de los puccios y otros operadores, pensándolo bien se podrá prescindir incluso del simulacro electoral.

Chile será, definitivamente, la copia feliz del mejor de los mundos, 1984 hecho realidad. La inversión habrá crecido y seguirá creciendo, a la par con la calificación de Chile en el World’s Bank Ease of doing business index, tú ya sabes, el ranking de las most business-friendly regulations.

Ezzatti ya no tendrá que inquietarse de la circulación de los camiones, y los sucesores de Burgos podrán decir con razón: “no hacemos nada en nuestra cotidianeidad para demostrar el poder que tenemos”.

Lo dicho: suelten a Bachelet.

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