Missing

0
637

Fuente: politika.cl

¿Alguna vez supiste cómo Pepino el Breve envió al basurero de la Historia al último rey merovingio? Pepino el Breve, el padre de Carlomagno… Eso ocurrió hace algunos años, pero la actualidad se parece a ese capítulo de la historia de los francos, dice Luis Casado, que lo cuenta a su modo, en el lenguaje que le es propio. Azúcar…
MB1
Missing

Luis Casado

No te cabrees si pongo el título en ínglitch, pasa que practico la lengua de Shakespeare leyendo sus obras de teatro. Además, confieso padre –pero no me toque loh huevoh– que grabo los discursos de David Cameron y los escucho in extenso, cuestión de contagiarme el acento de Oxbridge.
Eso –como sabes– es una mezcla de Oxford & Cambridge, la parlancia de la elite británica, los mendas que manejan el palito del emboque, poco importa que sean conservadores o laboristas: de la Vieja de Hierro y Tony el Oneroso en adelante gobierna la dizquierecha, que es a los partidos políticos lo que Oxbridge a los acentos.
Cameron es un tronko como se pide, un jefe de gobierno que no “valora” boludeces, ni alega estar “trrra-ajando”. El día que Cameron ponga las amígdalas del sur arriba de la mesa tendrá que ser –por lo menos– una mesa de billar, el tipo tiene cojones.
En su discurso a la Conferencia Conservadora del 2014, David dijo tres o cuatro verdades, en fin, sus verdades, sin pedir disculpas ni poner cada de culo. Por ejemplo, que la Carta de los Derechos Humanos de la Unión Europea se la suda –a Palomo no le gusta que yo escriba “le chupa un huevo”– y que tiene la intención de limpiarse con ella. Remplazándola por una legislación que le permita expulsar del Reino Unido a quién le salga de las narices. Al que no le guste, dice David, que se la haga un nudo. ¿Y Schengen? ¡Que le den morcilla!
En materia económica se propone –escucha, atiende, pon atención– bajarle los impuestos a las multinacionales en modo tal que Brit’n (así lo pronuncia él) tenga los más bajos impuestos del G20, más bajos que Japón, Alemania y los EEUU. Lo que Alain Supiot, en su libro “L’esprit de Philadelphie”, llama la “competencia impositiva” o –dicho en lengua vernácula– “donde te pillo te cago”.
Claro está, señala el buen David, que a la multinacional que no pague sus impuestos más le vale comprarse un litro de morfina, un Lederhose (ese pantalón de cuero con el que Arturo Vidal adquiere pinta tirolesa), o en su defecto un tapón de caucho reforzado porque –en este momento Camerón señala con el índice la afilada punta de sus zapatos italianos– se lo voy a perder en el orto.
Un escalofrío recorre las espinas dorsales de los miembros de la Royal CPC, pero, haciendo gala de una flema muy británica, they chill down un puñao, y callan.
De cara a la Unión Europea el bravo David es –si cabe– aún más claro: iré a Bruselas –dice– a exigir los derechos de Brit’n (así lo pronuncia él) y no aceptaré ningún “NO” como respuesta.
El tipo es serio, no cambia de opinión, ni cede, ni ofrece formar ninguna estúpida comisión para estúpidos, ni ofrece consensos, ni dialoga con nadie.
Se limita a llamar al Reino Unido a un referéndum mediante el que los súbditos de su majestáh pueden mandar la Unión Europea de regreso al claustro materno, lo que en lenguaje vernáculo –versión acronímica– da “a la CDM”.
¿Y ahí? Justamente. Yo escuchaba a David Camerón y sin preguntarle sabía que no era sshileno.
Nuestros jefes/as de Estado suelen ser acomodaticios, evanescentes e indecisos. No tienen convicciones, sino intereses. Propios o de su familia directa, aunque se enteren por la prensa. Prometen una cosa, y dejan que quienes gobiernan en su lugar hagan muy otra.
Quiero decir que ni siquiera gobiernan, nadie les elige para eso: su propaganda abteilung jamás afirmó cosa parecida y se limitó a hacerles bailar alguna cumbia (Evelyn no, ella baila rancheras), a fotografiarse con Shakira sin exigir una movidita de cayana en plan danzas orientales tampoco hay que exagerar, y a repetir algún discurso redactado por algún “negro” o “negra” no es cosa de discriminar.
Bachelet por ejemplo, si te fijas, está missing, ausente, etérea, sutil, impalpable, incorpórea. Apenas habla y si lo hace ni te fijas, no hace falta, sabes que no es nada importante, ancillary issues, algo que la dejan hacer, temas en los cuales no corre riesgo de decir enormidades que luego se pagan caras como eso de la gratuidad, la asamblea constituyente, el cierre de Punta Peuco, la despenalización del aborto, temas para adultos que deben ser tratados por personas mayores –de criterio formado se entiende– como el chico Zaldívar, Sebastián Piñera, Ricardo Lagos, o en estricto rigor Jorge Burgos.
Uno llega a la conclusión que Bachelet es una versión moderna –en plan secuela– de los reyes francos merovingios, también llamados “les rois fainéants”, “the lazy kings”, los reyes que se tiraban las pelotas para que me entiendas, así llamados por Eginhard, biógrafo de Carlomagno (siglo IX) porque, como lo puso el mismo Eginhard, los merovingios “de rey tenían sólo el nombre”.
Durante los últimos reinados merovingios, numerosas querellas de sucesión (que si el candidato es un DC, un RN, un ex intendente de palacio como Velasco, un ejemplar de museo como Lagos o un papanatas cualquiera, para el caso es más o menos lo mismo) trajeron un período de inestabilidad (cualquier parecido no es pura coincidencia) y el poder fue usurpado por la aristocracia (como te decía cualquier parecido no es pura coincidencia) y en particular por personal subalterno como Charles Martel y Pepino el Breve –padre de Carlomagno– que fundó la dinastía de los carolingios (no me preguntes de donde saco todo esto: formaba parte del programa de Historia en mi Liceo público, laico y gratuito de San Fernando, la firme).
Ya ves para donde van los tiros: hay épocas en las cuales salen sobrando los milicos, los campos de concentración, los detenidos desaparecidos, las torturas, el exilio y otras particularidades más o menos divertidas de la violencia a la que obliga algún mandatario con dignidad y convicciones.
Una reina haragana, relajada e inconsistente, o un monarca con las mismas características, permite –si fuese el caso– que tenga lugar un cambio de guardia, una sustitución, una sucesión, en fin, un golpe de Estado blando, incruento, plácido, apacible, en el que si figura algún general lo más probable es que se trate de uno que se ocupa de ordenar el tránsito de los camiones.
En cuanto a Childerico III, el último rey merovingio, el postrero roi fainéant, lo relegaron a un monasterio después de tonsurarlo como conviene a quienes entran en las órdenes. Corría el mes de diciembre del año de gracia de 751.
No es por incordiar, pero… ¿tú conoces algún convento, un claustro o una cartuja que pudiese convenir?

No hay comentarios