No hay peor astilla que…‏

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Fuente:.politika.cl

Arturo A. Muñoz sigue enhebrando sus tesis sobre la realidad del campo de flores bordado. Y como más sabe el diablo por viejo que por diablo… (con el perdón de Arturo, que no es viejo y recién entra en la edad adulta…) en una de esas tiene toda la razón del mundo.
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No hay peor astilla que…


El PDC debe recordar a Tomic: “cuando se gana con la derecha, es la derecha la que gana”. – Los vástagos de la sedición han comenzado a repetir el libreto de 1970.


Arturo Alejandro Muñoz

Lo dicho, no hay peor astilla que la del mismo palo. Michelle lo sabe, empeñada en afanoso combate con los inefables democristianos, acompañados en sus pellejerías demagógicas por varios despistados PPD’s y no pocos socialistas renovados en plan cambio de giro.

Sin embargo, lo peor se está fraguando en estos momentos. Varios sectores de la Nueva Mayoría deberán reconocer su responsabilidad en lo que pueda suceder.

¿Otra vez la misma cueca?, preguntará usted. Sí, otra vez la misma cueca, los mismos panderos, los mismos refranes. Parece que la Historia nunca fue asignatura del gusto de democristianos, liberales ‘progresistas’ y socialistas ‘renovados’.

Para los herederos políticos de Eliodoro Matte Pérez, el comentario que este avinagrado conservador hiciera ante sus amigos y socios, el año 1982, sigue vigente: “Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa como opinión ni como prestigio”.

En el 2013, escribí:

“Y llegó la orden. En algún oscuro lado (nunca del pueblo) se expidió la instrucción. Era el momento de que el anillo de Sauron regresara a los pestilentes escenarios de Mordor. Fiel a su antidemocrático compromiso contraído con la dictadura en 1988, la Concertación inició los cambios que impetraban empresarios, banqueros y aliancistas. Uno tras otro, desde el año 2001 a la fecha, los principales cargos de las instituciones de primera línea en el sistema comenzaron a ser ocupados por reconocidos pinochetistas. Ex almirantes, ex generales, siempre nominados por La Moneda, pasaron a hacerse responsables de instituciones que “funcionaban”, según el principal defensor concertacionista del neoliberalismo chileno, Ricardo Lagos Escobar.

Luego, la administración actual (año 2013, gobierno de Sebastián Piñera), de absoluto corte derechista, va terminando la tarea impuesta desde las faltriqueras de las transnacionales, y ahora todas esas instituciones –sin faltar ninguna– están ya en manos de antiguos golpistas que odiaban la democracia y que siguen siendo sediciosos, clasistas y serviles con una bandera extranjera, como es la yanqui. Ahí están, pues, en esas manos organizaciones como el Tribunal Constitucional, Contraloría General de la República, Banco Central, Fuerzas Armadas, Policía, Servicio de Impuestos Internos, Prensa y Televisión, etcétera.

El pinochetismo (ergo, el totalitarismo) ha regresado. Silente, pero concreto. La Concertación nunca lo impidió, ni lo hará tampoco en el futuro. Por el contrario (y con el mismísimo Partido Comunista asociado a él por intereses electorales), ese bloque insistirá en que se trata de “aspectos propios de la democracia”, aunque jamás definirá qué entiende por democracia, pues el objetivo único no es otro que impedir –a como dé lugar- el avance de una idea que ya ha hecho carne en millones de chilenos: la Asamblea constituyente para redactar una nueva Constitución Política y, de ser posible, un también un nuevo poder legislativo en el que no tenga cabida ninguno de quienes hoy maman y engordan en aquel edificio sito en Valparaíso.”

Pero, todo ello no les ha sido suficiente. Quieren el suelo, el aire, el agua y las vidas de los chilenos. En suma, desean lo mismo que aseguraba tener Eliodoro Matte Pérez en el año 1892. Es que hoy les asusta –y les encoge la pituitaria– escuchar hablar a favor de ‘reformas’ a la educación y a la salud, y se les sueltan los intestinos cuando se enteran de que millones de personas proponen una nueva Constitución Política emanada de la voluntad del pueblo organizado, y no de las reposeras de un Parlamento cooptado por el aceite fenicio de las transnacionales.

Estos fláccidos expoliadores de mente bolichera temen que en esta ocasión las fuerzas armadas no saldrán de sus cuarteles. En primer lugar, porque no existe razón alguna para ello. Seguidamente, porque son conscientes que en 1973 movieron tropas, tanques y aviones en defensa de los intereses económicos de una minoría que luego les volvió la espalda. Apenas comenzaron los juicios por violaciones a los derechos humanos. En suma, los uniformados no estarían dispuestos a pisar el palito una segunda vez.

Entonces, revisan la lista de acciones que Kissinger y Nixon les entregaron en 1970. Si los militares no quieren tomarse el país a punta de balas y bombas en defensa de los intereses de algunas familias poderosas, bien vale reiterar las movidas desestabilizadoras de esos años: un sector de camioneros parece estar dispuesto a armar líos y provocar sediciones.

Los defensores de la pederastia, la tortura y el asesinato –la UDI y parte de RN (durante décadas protectores de Paul Schaeffer y Colonia ‘Dignidad’)– mueven fichas entre quienes siempre han sido sus tontos útiles, los democristianos, para alentar de nuevo la formación de algo parecido a la vieja CODE anti allendista.

¿Contra quién? ¿Contra Bachelet? No, esa dama no es tan importante, ni tan fuerte ni tan peligrosa como para encabezar la lista de perseguidos. La pelea es contra la gente, contra la democracia, contra el cambio que temen y están dispuestos a impedir a como dé lugar.

Los primeros devaneos sediciosos han comenzado. Resucita “Patria y Libertad”, mientras en algún lugar de los Domínicos vuelve a reunirse la vieja guardia de FIDUCIA, desempolvando capas y peluquines.

Los perennes admiradores del golpe de estado cívico-militar de 1973 (hoy insertos en la UDI y RN), responden a los llamados sotto voce de algunos representantes del empresariado transnacional, dandole el puntapié inicial a una saga de acciones desestabilizadoras de este débil sistema de ‘democracia protegida’.

La receta es conocida: provocar caos y temor (ojalá, desabastecimiento) en la población, los prolegómeno de las acciones totalitarias de la derecha.

Bachelet y sus asesores –Correa, Bitar, Lagos, Andrade, Escalona– debiesen refrescar la memoria de sus compañeros de ruta, la DC, recordándoles lo que alguna vez dijo Radomiro Tomic: “cuando se gana con la derecha, es la derecha la que gana”.

Parece extraño que la gente del PDC, las bases principalmente, hayan olvidado lo que le pasó a su partido a pocos meses del bombardeo a la Moneda.

¿Olvidaron el intento de asesinato cometido en Italia contra Bernardo Leighton? ¿Olvidaron el asesinato de Eduardo Frei Montalva por agentes del estado pinochetista? ¿Olvidaron el conato de golpe de Estado de 1969, contra el mismo Frei Montalva, por parte del general Viaux Marambio?

Hoy, la Derecha recurre una vez más a sus ‘tontos útiles’ para acometer aventuras sediciosas en beneficio de “los dueños de Chile”. Esos elementos de la DC han formado sociedad con la derecha sediciosa desde tiempos remotos, y es dable presumir que de nuevo serán ‘pasados por el aro’, y seguirán siendo el pato de la boda.

La vieja CODE se pone en marcha y sus primeros objetivos son la DC y el PPD, que vacilan torpemente entre apoyar la depredación o la democracia.

En la Historia reciente pueden encontrar los resultados de tales vacilaciones.

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