Explotación sexual de niños en Chile, la cruda realidad que muestran las cifras

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FUENTE: Punto Final
Chile no posee un marco legal e institucional que aborde de modo integral la protección de niños, niñas y adolescentes. La actual legislación -Ley de Menores (1967)-, obedece a la lógica de “situación irregular” y no a la de garantía de derechos. El Servicio Nacional de Menores (Sename) -dependiente del Ministerio de Justicia-, asume el rol de ente rector de la infancia, aunque por su carácter de “servicio”, su campo es muy limitado. La presidenta Michelle Bachelet se comprometió a impulsar el proyecto de Ley de Garantías de Derechos de Niñez y Adolescencia.
En este contexto, la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes (ESCNNA) sigue siendo invisibilizada y considerada marginal. Se cifran en 3.719 los niños, niñas y adolescentes que sufren explotación sexual, pero son datos de hace más de diez años, y las características mediante las cuales se manifiesta han variado sustantivamente. Pareciera no importar a las autoridades que miles de niños vivan esta horrorosa esclavitud. Mientras son explotados y abusados, el manto de invisibilidad oficial ayuda a ampliar la vulneración de sus derechos. Se sigue culpabilizando e ignorando a las verdaderas víctimas.
Denisse Araya, directora ejecutiva de la Corporación ONG Raíces, señala a Punto Final que “niñas y niños no se prostituyen, son prostituidos por un adulto. No hablamos nunca de ‘prostitución infantil’. Tampoco esto es un ‘trabajo’, es explotación sexual comercial… Una esclavitud. Así de simple. El 80% son niñas. La situación de los muchachos es mucho más oculta, y hemos detectado un aumento. Decir que solo es consecuencia de la pobreza es falso, es mucho más que eso. Es un problema multifactorial. Esos chicos han vivido todo tipo de vulneraciones. Vienen de una marginalidad total. Se habla de familias que hay que ‘rehabilitar’, pero lo cierto es que nunca han estado ‘habilitadas’. Tampoco es responsabilidad cien por ciento de ellas, como la sociedad permanentemente asegura. Es la sociedad en su conjunto la que no se ha hecho cargo, incluyendo al Estado, que debiera garantizar los derechos fundamentales de niños, niñas y adolescentes”.
Hay 17 proyectos de intervención especializada, cuatro de ellos en la Región Metropolitana. Solo en 2013 fueron atendidos 1.206 niños. Entre 2007 y 2012, la cifra asciende a 6.372. Gracias a estos proyectos y a la labor de ONGs muchos niños, niñas y adolescentes toman conciencia del daño que han sufrido y no vuelven a ser víctimas de esta vulneración. Especialistas coinciden en que se requiere de más de dos años de intervención. Según el Ministerio de Justicia, el porcentaje de éxito en la reparación -que se mide por el hecho de que las víctimas “no vuelven a ingresar a un programa similar”-, es de 65,5%. Pero son datos febles y no hay un real seguimiento. Dice Denisse Araya: “Raíces trabaja en enfrentar la ESCNNA desde la prevención, incidencia, sensibilización y formación de actores claves; con investigación y trabajo directo con las víctimas”. Explica que el Comité de Derechos del Niño de las Naciones Unidas reconoce los esfuerzos de nuestro país por recabar datos estadísticos que permitan estimar la magnitud de la ESCNNA, y los del Sename por recopilar información sobre la explotación económica: “Sin embargo, estos intentos son limitados y no permiten hablar realmente de un sistema integral de reunión de datos”, dice.
TODO TIPO DE VULNERACIONES
Según el Sename, en 2012 los niños que ingresaron por causas relativas a la protección de derechos fueron 70.090 -48,6% varones y 51,3% mujeres-. La causal más frecuente de ingreso fue “haber sido víctima de maltrato o abuso” (46%, mayoritariamente mujeres), seguido por “inhabilidad de padres” (17,9%, con un porcentaje similar de hombres y mujeres). La categoría “calle” o “trabajo infantil” registró 1,5%. Sorprendentemente, la explotación sexual comercial no aparece en el registro, a pesar de existir los programas especializados. “Las cifras globales de niños, niñas y adolescentes que sufren maltrato y violencia sexual son difíciles de estimar, considerando que no todos los afectados ingresan al sistema de protección, y que las cifras de denuncia también encierran cierta confusión al no quedar claro si su fluctuación responde a un cambio en el fenómeno de la violencia o en la dinámica de las denuncias”, señala el Informe de monitoreo de país sobre la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes (2014), elaborado por las ONGs Raíces y Paicabí, para ECPAT International. Según el Observatorio de Niñez y Adolescencia, en Chile la tasa de niños víctimas de violencia sexual es de 159,8 por cada 100 mil habitantes, es decir cerca de 30 mil víctimas, fundamentalmente mujeres entre 14 y 17 años.
La cifra oficial de hace diez años de 3.719 niños, niñas y adolescentes explotados sexualmente, fue calculada con una técnica proyectiva en un estudio realizado por la OIT y el Sename en 2004. En 2013 se inició un nuevo estudio de prevalencia, como parte de los compromisos adquiridos en el Segundo Marco para la Acción que ha orientado la política contra la ESCNNA entre 2012 y el 2014, cuyos resultados aún no son conocidos.
“Madres y padres reproducen esa situación de vulneración -dice Denisse Araya-. Todo es visto y vivido como natural, aunque sus vivencias han sido tan violentas como las de sus niños, incluso más. Lo principal es la marginalidad en la que viven, donde incluso hay familias que ejercen de proxenetas. Trabajamos con los niños y sus familias o los adultos significativos, porque es imposible empatizar con tu hijo o hija si no reconoces tus propios dolores. La pobreza agrava la situación, pero no es lo fundamental: es el desamor en el que han vivido. Desde que nacen hasta que viven la explotación padecen todo tipo de vulneraciones, ¡pero todas! Abuso sexual, violencia sexual, violencias y utilizaciones de todo tipo. Entonces, de pronto, les empiezan a pagar por lo que les han hecho siempre. Muchos que han ido a la escuela son expulsados o desertan”.
ONGs y especialistas concuerdan en que la ESCNNA afecta mayoritariamente a mujeres. Aunque en los últimos años se ha visibilizado más la explotación de varones, persiste la tendencia. Según el Ministerio de Justicia, entre 2007 y 2012 aumentó el número de niñas y adolescentes atendidos: de 76,2%, en 2007, a 82,2% en 2012. Según datos de los proyectos de intervención especializada, en Santiago -durante 2013-, la edad de los varones ingresados estaba en torno a los 9 años, disminuyendo el número de hombres entre las víctimas adolescentes. En el rango de 6 a 9 años el porcentaje de víctimas masculinas -55,6%-, es mayor que el de féminas -44,4%-. En el rango de 14 a 17 años, 86,9% son mujeres y solo 13,1% varones. La edad promedio, según el estudio de 2004, es de 12 años.
Submundo del abuso
La forma de ESCNNA más común es la de obtener o mediar los servicios sexuales de menores a cambio de una retribución en dinero, regalos, favores u otros de cualquier tipo. También está su utilización en pornografía -actividades sexuales explícitas, reales o simuladas; o toda representación de las partes genitales de un niño, con fines primordialmente sexuales-, que incluye la producción, tráfico, difusión, comercialización, producción o almacenamiento. Otro crimen es el turismo sexual. Generalmente son personas que viajan de un país a otro, pero los “turistas sexuales” también pueden ser quienes viajan dentro del propio país o región. Finalmente, está la trata con fines de ESCNNA: captación, traslado, acogida o recepción de personas dentro o fuera de las fronteras de un país, recurriendo a la amenaza, uso de la fuerza u otras formas de coacción, fraude, engaño, abuso de poder o la concesión de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de quien tenga autoridad sobre el menor, con fines de explotación.
Según el Sename, en nuestro país las relaciones sexuales remuneradas siguen siendo la forma más frecuente en que los niños, niñas y adolescentes vivencian la explotación. Según el registro que mantiene el servicio con todos los niños atendidos en sus proyectos, se menciona un 95% en esta modalidad. La utilización en pornografía tiene un 2,5% a nivel nacional y un 4,5% en la Región Metropolitana; mientras la trata con fines sexuales es de 2,5%, y los detectados en la Región Metropolitana, 12,1%. El turismo sexual es una de las manifestaciones más invisibilizadas. Ni siquiera está presente como categoría en el registro del Sename. El Observatorio Metropolitano señala que en diciembre de 2013 se registró un 2,4% de trata.
“En la trata hay un desarraigo total. Se traslada al niño o niña a otra región o ciudad. A pesar de que haya sido muy mala la situación familiar en la que estaba, tenían una mínima red, pero al ser víctima de trata se quedan sin nada. Son las niñas más dañadas. Nadie las busca. En 2007, hicimos un estudio en tres regiones y detectamos 52 casos de trata interna. En 2001, un primer sondeo arrojó 17 casos. Nos metimos al submundo. Hay seducción, manipulación emocional. Pensemos que esas niñas y adolescentes vienen del desamor total. Generalmente quienes las enganchan son mujeres. Las llevan al médico, las ‘cuidan’ y ‘protegen’ del entorno, y esa relación se va haciendo muy fuerte. La mayoría, no se siente víctima de los tratantes. Te dicen: ‘Han sido buenos conmigo, me llevan al doctor, me compran cosas’. Sobre los abusadores -mal llamados ‘clientes’-, dicen: ‘Me pagan, me tratan bien, me hacen regalos’. Los chicos se disocian, si no no podrían tolerar lo que viven. No asocian emocionalmente lo que están viviendo. Está tan arraigado como mecanismo de defensa, que en el proceso reparatorio, cuando empiezan a integrar esta situación -la emoción con el actuar-, literalmente vomitan. Así lo hemos vivido. Les da asco. En ese minuto hay que estar muy alertas porque pueden dañarse a sí mismos, consumir mucha droga… pero no vuelven a la explotación. Quienes pasan el umbral no vuelven nunca más. Tenemos un 65% de éxito. Fuimos el plan piloto del Sename en 2001. Hoy somos uno de los pocos países de Latinoamérica con programas reparatorios”, dice Denisse Araya.
Los proyectos de intervención especializada atienden entre 30 y 65 niños, niñas y adolescentes. Pero son programas ambulatorios. Trabajan con sicólogos, educadores y trabajadores sociales, y algunos cuentan con unas horas de abogados y siquiatras que intentan suplir las carencias del sistema. “Sin duda que la posibilidad de contar con proyectos especializados que atienden a alrededor de 1.200 víctimas, es un aporte importante al enfrentar esta vulneración.
Sin embargo, la forma en que está concebido este sistema de atención presenta ciertas falencias que el Estado tiene que resolver con suma urgencia, en beneficio de los niños, niñas y adolescentes. La subvención de dichos programas es muy precaria, considerando la complejidad de las vulneraciones enfrentadas”, afirma el Informe de monitoreo de país sobre la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes (2014).
“La explotación sexual comercial en sus distintas manifestaciones se encuentra firmemente anclada en una serie de preconceptos y dinámicas de carácter cultural, que hacen difícil su enfrentamiento, pues impregnan actitudes que la toleran, estigmatizan a sus víctimas y emiten excusas diversas al comportamiento de los explotadores. Dicho contexto cultural no se limita a la sociedad chilena, sino que existe y se mantiene mundialmente, ya sea justificando la perpetración de estos crímenes con víctimas residentes en el mismo país que el explotador, como en otros países, a través del turismo sexual o la trata. Diversos estudios han demostrado que el perpetrador primario (‘cliente’), actúa avalado por excusas y justificaciones de carácter cultural, que normalizan, ante sus ojos y los de su entorno inmediato, la utilización de niños, niñas y adolescentes para el comercio sexual”, señala el informe Avances y desafíos en el enfrentamiento de la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes en Chile (2009).
Según Denisse Araya, desde la Dirección de Protección Policial de la Familia (Diprofam), de Carabineros, se está levantando un diseño para realizar una investigación de focos de explotación sexual en la zona sur de la Región Metropolitana; y Raíces ha organizado capacitaciones con diversas unidades policiales en distintas regiones del país. Junto a la ONG Paicabí, forman parte de ECPAT International, la red mundial de organizaciones de la sociedad civil que trabaja para poner fin a la ESCNNA.
Lo que hace falta
“En nuestro último informe, de 2014, planteamos todo lo que todavía falta en nuestro país, que es mucho. Necesitamos una institucionalidad de protección de la infancia, que sea integral; una actitud distinta con los niños y niñas. Aún somos uno de los pocos países que permite el castigo físico contra niños; faltan leyes que castiguen la trata, el acoso por Internet, etcétera… En muchos países hay un defensor de la niñez, acá no. El Estado debiera destinar más recursos a la prevención. El Sename es un simple servicio que no toma ninguna decisión relevante, no tiene la calidad de un Ministerio. Esperamos que la ley -que se debería aprobar-, no solo haga un Consejo de la Infancia, porque que los ministros se junten a hablar de la niñez no nos sirve… Queremos que la institucionalidad que surja sea de peso, que tenga un defensor independiente del gobierno y de todos. Estamos muy atrasados… Se ha avanzado en la reparación, pero faltan más cupos. Insisto, si tuviéramos una buena política de prevención, estaríamos detectando mucho más casos. Porque no se detectan… En Iquique, con la ayuda de universitarios, descubrimos paredes dobles en night clubs y otros locales. En Punta Arenas hicimos un estudio sobre turismo sexual. Sabemos que en pleno centro de Santiago hay ‘cafés con piernas’ donde chicas son manoseadas y ocurren otras cosas peores: es explotación encubierta, y hay adolescentes que aún no cumplen 18 años.
En 2007 y 2010 recabamos información de los proyectos de intervención especializada.
Tomamos grupos cautivos, es decir, chicos que ya sabemos que están en explotación. Se analizó la significación que tiene la explotación para los niños y proxenetas. El estudio de 2007 fue de trata: el 74% de las niñas estaban en trata interna, seducidas por proxenetas y no porque hayan sido raptadas. Es coherente con lo que hemos planteado siempre: los niños, niñas y adolescentes son envueltos en una suerte de hechizo y efecto amoroso. Vemos altas cifras de explotación sexual en Arica, Calama, Antofagasta, Valparaíso, Santiago, Punta Arenas… puertos y lugares con explotación minera. En Santiago, cuando se han descubierto redes de trata, ha sido en el barrio alto. Los autos en los que van los abusadores a lugares específicos de Santiago -que es mejor no nombrar-, son en su mayoría vehículos carísimos. Antes no encontrábamos cafés con piernas en los sectores populares, ahora sí. Ha ido in crescendo, en 2001 no existían. También hay ‘fumaderos’ en poblaciones, donde chicas y chicos adictos intercambian sexo por droga. Pero las redes elegantes -‘sofisticadas’, les decimos nosotros-, donde las chicas son más sometidas y se las manipula muy bien -las llevan al médico, les compran vestuarios-, son las más difíciles de reparar. Esas redes de comercio sexual adulto donde también hay niñas, niños, y adolescentes, están de Providencia hacia arriba”, agrega Denisse Araya.
En 2009, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) informó que en Chile se detectaron 147 víctimas de trata; 17,69% (26 casos) eran niños, niñas y adolescentes. En 19 de estos 26 casos, era trata con fines de explotación sexual. Los otros siete niños fueron utilizados para transporte de drogas. “Hemos tenido muy pocos niños migrantes en los centros de acogida. Sí hemos detectado niños migrantes explotados pero en trata laboral. Solo hemos tenido un solo niño migrante en explotación sexual. Lamentablemente, pienso que de una u otra manera hay muchos niños y niñas marginales a los cuáles no estamos llegando”, dice Denisse Araya. “Para que un chico sea explotado sexualmente tiene que haber pasado antes por muchas cosas. ¿Por qué no hay programas preventivos? Antes de la dictadura, Chile vivía pendiente de la prevención. Ahora no hay nada. Trabajamos sobre ‘focalizaciones’, no se mira el problema desde una visión integral. Luchamos por una Ley de Protección Integral de la Infancia, y aunque el gobierno presentará un proyecto que ha llamado Ley de Garantías de Derechos de Niñez y Adolescencia, falta mucho. La presidenta Bachelet prometió que lo enviaría en agosto y nosotros conoceremos, se supone, antes su contenido. ¡No conocemos el proyecto y tenemos derecho. Somos nosotros quienes hemos hecho la política de infancia de este país!”, concluye.
*Publicado en “Punto Final”, edición Nº 834, 7 de agosto, 2015

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