El mito del milagro económico‏

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La modernidad se interrumpió por causa de lluvia y viento… y con la modernidad los servicios que llevan POLITIKA a vuestras pantallas… Después de cinco días sin energía eléctrica -gracias a Litoral SA en la costa-, volvemos a las andadas. Julián Alcayaga escribió esta nota hace algún tiempo. Lo malo (habíamos escrito “lo Mamo”, en serio…) es que sigue de actualidad. Que aproveche.

Crecimiento

El jodido crecimiento, el mal del siglo…

El Mito del Milagro Económico

Julián Alcayaga – Economista

Nos hemos acostumbrado a que nos repitan por la televisión, la prensa y la radio, que Chile ha sido el líder (?) de la economía latinoamericana, desde que el gobierno militar comenzó la gran modernización de la economía chilena.

Tanto se ha repetido ese cuento, no sólo por los partidarios del régimen militar, sino también por representantes de la Concertación, que los chilenos terminaron por aceptar – resignados – que la política económica del régimen dictatorial tuvo un éxito rotundo que nos transformó en el “modelo” de América Latina.

Hace sólo 5 o 6 años, economistas y dirigentes de la Concertación negaban este pretendido éxito y atacaban el modelo neoliberal de la dictadura. En la actualidad casi todos aplauden hasta con las orejas porque: a) ello complace nuestro sentimiento “chauvinista” de superioridad, b) porque una opinión disidente no encontraría ningún eco o difusión en los medios de comunicación, c) ante un tan gran consenso se teme hacer el ridículo si se disiente, d) porque la causa principal de la ausencia de crítica al modelo económico de la dictadura reside en el hecho que – con un levísimo hincapié en lo social – se sigue aplicando el mismo modelo.

Los que ayer criticaban el modelo se suman al concierto de halagos que hacen de nuestro país el “tigre” o el “jaguar” de América Latina. Pocos son los que contradicen esta afirmación, como Roberto Zalher, presidente del Banco Central, quién afirmó que el tigre tenía más pinta de gato.

En general, se acepta sin necesidad de demostración que somos los mejores de América Latina. Los críticos de la dictadura a lo sumo declaran que dejó 5 millones de pobres, que la deuda social es muy importante, pero no niegan nuestra condición de “alumno aventajado” del continente, aún cuando las evidencias o las vivencias de la mayor parte de los chilenos apunten más bien hacia un empeoramiento de su situación económica durante la tiranía de la derecha.

Resulta difícil explicarle a todos los chilenos asalariados, profesores, enfermeras, funcionarios públicos o jubilados en el período 1970 – 1973, que lo seguían siendo en 1989, que la economía chilena es la más exitosa en América Latina, cuando experimentaron una notable disminución de su poder adquisitivo y de su nivel de vida, ya que el salario que ganaban en 1989 e incluso en 1994, no les alcanzaba para comprar la misma cantidad de cosas que en 1970.

Sin contar que en aquel tiempo no pagaban por la educación de sus hijos, que los hospitales eran gratuitos y estaban dedicados a sanar enfermos y no a servir de antesala de la muerte. La disminución del poder de compra de estos asalariados y pensionados durante esos 19 años es contradictorio con la afirmación que la economía chilena es la de mayor éxito en AL.

Estos chilenos no necesitan tener un doctorado en economía, en ciencias políticas o sociología para saber que viven en peores condiciones que en 1970 – 1973: lo sufren en carne propia. Para no pasar por ignorantes o anti-chilenos, sólo les quedaba convencerse que la política económica de los “chicago boys” era la mejor de todas. Si estamos en peores condiciones que hace 25 años, la situación sería aún peor si no aplicaban esa política económica. Bastaba ver las crisis económicas por las cuales atravesaban nuestros vecinos peruanos, bolivianos, argentinos… para que quedase como una verdad incontestable que Chile tenía una economía superior al resto.

La tozuda afirmación de nuestra condición de líder (?) del continente, rendía inconsistentes las críticas: a pesar de una sensible disminución real del nivel de vida de la mayoría de los chilenos, la aplicación del modelo se justificaría porque la situacion sería aún peor si no se hubiera seguido la política de los chicago boys.

En realidad el éxito de la economía chilena durante la dictadura es un éxito publicitario y el triunfo de la resignación: se logró convencer a la mayor parte de la población, e incluso a una perezosa élite intelectual, que éramos los mejores, los insuperables del continente.

Si analizamos los estudios de la Naciones Unidas o de la CEPAL, comprobamos que nuestro liderazgo no es efectivo, porque durante el período de la dictadura – en cuanto a crecimiento económico – Chile fué ampliamente superado por una gran cantidad de países latinoamericanos, muchos países asiáticos y africanos y naturalmente por los países desarrollados.

Es un hecho que la economía chilena tuvo sostenidas tasas de crecimiento económico desde 1986 hasta 2013, pero si tomamos en cuenta todo el período que va desde 1973 hasta 1989, años de la dictadura, si Chile sobrepasó en crecimiento económico a países como Argentina y Venezuela, fué muy ampliamente superado por Ecuador, Brasil, Paraguay, República Dominicana, Colombia y en un menor grado por México, Costa Rica y Uruguay, como muestra el siguiente cuadro elaborado a partir de estudios de la CEPAL:

Cepal

Ese cuadro de la CEPAL muestra que recién en 1986 Chile llegó a alcanzar el PIB por habitante de 1972, pero entre 1973 y 1979, Chile tuvo el más bajo crecimiento del PIB por habitante de todos los países latinoamericanos, sobrepasando sólo a Nicaragua.

En 1970 el PIB por habitante de Chile triplicaba al de Ecuador y doblaba al de Brasil. En 1989 superaba al de Ecuador sólo en un 85 % y al de Brasil en sólo un 25 %.

Un utilizado por los economistas para medir el grado de crecimiento de una economía, es el consumo de energía eléctrica por habitante. Tal dato es revelador no sólo del crecimiento industrial sino también del grado de bienestar general de la población.

El mismo informe de la Cepal nos dice que en 1970 con 806 KWH Chile superaba de 50,4 % el consumo promedio de América Latina de 536 KWH, y que en 1988 (con la electricidad ya privatizada en un 70%) con 1.327 KWH Chile consumía 2,1% menos que el promedio latinoamericano que era de 1.355 KWH.

En esos 18 años Chile aumentó el consumo de electricidad en un 64,6 %, pero países como Paraguay lo aumentaron en un sólido 371,6 %, Ecuador en un 245,3 % y Brasil en un consistente 227,3 %.

El mismo informe de la CEPAL ofrece una serie de otras informaciones que dicen que, durante el período 1973-1989 Chile no fue el líder latinoamericano que pregona la prensa de derecha: los chilenos disponían de menos camas en los hospitales, consumían menos calorías y proteínas, tenían menos estudiantes en las universidades, etc.

Lo que sí aumentó de manera espectacular es el consumo de autos y televisores. A nuestro juicio, es justamente ese aumento lo que permitió la fácil propagación del mito del milagro económico chileno. Por un lado el automóvil ha sido considerado como el símbolo del éxito económico, y por otro, el televisor permitió crear y publicitar el mito del crecimiento económico en la opinión pública.

Si se desea comparar el crecimiento económico durante la dictadura con el crecimiento de la economía chilena de épocas anteriores, podemos examinar un estudio realizado por un organismo que no se puede calificar de enemigo de la dictadura: la SOFOFA.

En la revista INDUSTRIA de dicha institución empresarial, con motivo de su centenario, se entregan los siguientes datos: El PGB de 1939 superaba de 17,6 % al de 1930 (recordemos que los años treinta se distinguieron por la más grave crisis económica que ha conocido la economía mundial). En la década de los 1940 el PGB creció en un 47,2 % y el PGB industrial en 82,1 %. En la década de los 1950 el PGB creció en un 46,4 % y el PGB industrial en un 58,6%. En la década de los 1960 el PGB creció en 49,9 % y el PGB industrial en un 63,4 %.

En el interregno de la U.P. como ellos lo llaman, reconocen un crecimiento del PGB de alrededor de 4 % y de la producción industrial de 7 %. Pero para el período de 1973 a 1983 no pueden hacer otra cosa que reconocer un descenso del PGB y de la producción industrial, como además queda establecido en las estadísticas de la CEPAL y de la revista del Departamento de Economía de la U. de Chile, que en esos años dirigía Andrés Passicot, ferviente partidario de la dictadura.

¿Cómo es posible sostener que la política económica de la dictadura fue un éxito, si en los primeros 10 años incrementó la deuda externa en cerca de un 300 % y tuvo un crecimiento negativo del PGB?

En las tres décadas precedentes a la dictadura el crecimiento del PGB no bajó nunca de un promedio de 45 %, mientras que alcanzó un 18 % en la década de la gran crisis económica de los años treinta.

Los economistas de la izquierda y de los partidos de la Concertación están al corriente de las estadísticas de la Cepal, del Banco Central y de la Sofofa, que demuestran que en los años del régimen militar, Chile estuvo lejos de encabezar el crecimiento económico de América Latina.

Hasta hace sólo unos años atrás utilizaban estas estadísticas para demostrar el fracaso de la economía de la dictadura, y hacían acerbas críticas al modelo de la hasta hoy mal llamada “economía social de mercado”.

¿Por qué olvidaron tales críticas al modelo y a los resultados económicos de la dictadura? ¿Cómo es posible cambiar en tan corto tiempo de pensamiento económico para adoptar la ideología neoliberal? ¿Por qué adoran hoy lo que ayer denostaban?

Avanzo una hipótesis al respecto : En la medida que aceptamos como exitoso el modelo económico de la dictadura, estamos a la vez justificando su continuación, olvidando que ayer decíamos que este modelo era bueno sólo para enriquecer a unos pocos pero que no podía solucionar los enormes problemas sociales y económicos que aquejaban y aquejan a la población chilena.

Hace menos de diez años, algunos dirigentes de la DC llegaban tan lejos en la crítica del modelo que se manifestaban incluso a favor de la renacionalización de las empresas del Estado que la dictadura le regaló a escogidos grupos económicos nacionales y extranjeros.

Hoy en día ningún dirigente de la Concertación recuerda esos osados ímpetus de justicia. Muy por el contrario, tomaron el acuerdo de privatizar-regalar el yacimiento “El Abra” de Codelco, a la vez que en muy extrañas circunstancias Codelco pierde cerca de 300 millones de dólares en esta venta, lo que crea las condiciones para que en una gran maquinación financiero-político-publicitaria se prepare el camino para el desmembramiento de Codelco y su futura privatización.

Todo ello se hace en beneficio de la modernización de la economía del país para entrar en los nuevos tiempos con el mismo viejo modelo y las mismas recetas del gobierno de la derecha.

Ya es tiempo de darle más importancia a los temas sociales y económicos, que a los temas estrictamente políticos e ideológicos: el pueblo vive en peores condiciones que cuando comenzó la publicitada “modernización” de la economía chilena. Esta tarea debe comenzar desmontando la gran mentira del papel de líder que nuestro país habría tenido en América Latina con la dictadura, cuando en la realidad, Chile fue superado en crecimiento económico por la mitad de los países latinoamericanos.

Para terminar, podría simplemente decir que cualquiera haya sido el salario mínimo o el poder de compra de los trabajadores del sector privado, de los profesores y otros funcionarios públicos en 1970-73, ellos no debían gastar esos salarios en los estudios secundarios y universitarios de sus hijos, mientras que hoy en día, el arancel universitario de uno sólo de sus hijos es más de 1,5 veces superior al salario mínimo. Un funcionario público no logra pagar el arancel universitario de dos hijos. Para terminar los estudios secundarios, a los hijos de padres que ganan apenas 70.000 pesos mensuales se les pide “compartir” con 3 o 4 mil pesos mensuales el costo de sus estudios.

¿Jaguar?

Julián Alcayaga, Santiago 07.04.1993

Esta nota la escribí hace ya más de 20 años, y la información allí entregada no ha perdido actualidad, sin embargo, tenemos que rectificar lo que en esa época pensábamos respecto a las razones por las cuales los personeros de la Concertación abrazaron tan rápidamente los pretendidos éxitos de la economía de la dictadura. Pensábamos que se trataba de un cambio de pensamiento económico, de una adaptación al realismo del neoliberalismo y la globalización. En ello nos equivocamos profundamente, porque los numerosos casos de empresas que le pagan a los políticos, siendo el más simbólico el de Soquimich de Ponce Lerou, que desde comienzo de los noventa ha financiado a diversos políticos de la Concertación, deja en evidencia que la corrupción explica que los dirigentes de la Concertación se hayan convertido al neoliberalismo. No se trataba de un “aggiornamiento” ideológico, sino simplemente del sometimiento a ese poderoso caballero que es Don Dinero.

Y eso que en estos casos de corrupción solo se conoce la punta del iceberg, porque el SII, es decir el gobierno, se ha guardado una serie de querellas contra una gran cantidad de empresas que han financiado a políticos de derecha y de la Concertación. Hasta la fecha nada sabemos de cómo las empresas extranjeras en general y las mineras en particular, han financiado a políticos nacionales que les entregaron en bandeja nuestros recursos naturales. Este tipo de corrupción es difícil de descubrir, porque no se hace a través de boletas o facturas, sino de cajas negras situadas en paraísos tributarios, donde los sobornados también pueden abrir cuentas secretas. Quizás algún día Wikileaks publique un listado de chilenos que han recibido donaciones en sus cuentas secretas en Suiza, Liechtenstein, Andorra y otros paraísos tributarios del Caribe, y terminen de explicar la conversión de estos próceres al neoliberalismo.

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